Notas sobre el extremismo político en Lipset

Las ideas sobre el extremismo político de Lipset resultan muy interesantes

Pensar el presente es una obligación, una responsabilidad que hay que asumir con toda la seriedad posible. Esto te lo he contado ya al acercarnos a la definición de lo que puede entenderse por filosofía de la cultura. Así pues, hay que reconocer que vivimos tiempos en los que el aroma del extremismo político se deja sentir en varios rincones del planeta. De aquí que me parece interesante recuperar planteamientos del sociólogo y politólogo estadounidense Seymour Martn Lipset entorno al tema para brindar un esquema de interpretación y hacernos una mejor opinión con respecto a este delicado asunto. Además que, para variar, podemos mostrar que se puede hablar de política de manera diferente.

Lipset piensa el fenómeno del extremismo político a partir de un modelo conceptual compuesto por cuatro elementos: 1) el monismo; 2) el uso selectivo del lenguaje; 3) el moralismo, y 4) la intolerancia. Para explicar cómo se relacionan estos elementos en el modelo, habría que iniciar diciendo que el extremismo político se entiende, en lo general, como el rebasar los límites de los procedimientos normativos que definen el proceso político democrático. El centro o alma de estos procedimientos democráticos es, para Lipset, el pluralismo. Este último tiende a proteger y alimentar la coexistencia independiente de distintas entidades políticas, grupos étnicos e ideas.

Partiendo de una definición de Shils sobre el liberalismo en el que éste se define como el sistema de muchos centros de poderes en constante relación o pugna regulada de manera que ninguno de estos centros prevalece sobre el otro, se plantea aquello a lo que el extremismo político es hostil: precisamente a la pluralidad de intereses y de grupos, a un sistema de muchos centros de poder y zonas de intimidad que no se someten. Es justamente en esta medida que se habla de un monismo que se opone al pluralismo.

El extremismo político como clausura del mercado libre de las ideas

Parte de esta característica del extremismo político implica su repudio a lo que se denomina como el mercado abierto de ideas, por lo que el meollo vital del extremismo es la represión de toda diferencia, de todo disenso: la clausura de dicho mercado de ideas. De aquí que el extremismo trate como cosa ilegítima a toda segmentación y ambivalencia. Es en este punto donde se puede encontrar una relación con el moralismo en la medida en que se hace un planteamiento teórico del respeto a las posturas siempre y cuando se pueda, por medio de la razón, convencer del error, pero también siempre y cuando éste último sea honrado.

Cuidado con las posturas que explican de manera simplista la historia: los buenos contra los malos. - tuitéalo    

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Pero antes de abordar este punto hay un elemento fundamental en el monismo que hay que considerar, a saber, el simplismo histórico. Este se define como la atribución de causas sencillas y aisladas a complejos acontecimientos humanos. Responde, además, a una concepción de la historia como registro de acontecimientos singulares y no como un proceso en que los acontecimientos se afectan inexorablemente unos a otros. Esta visión simplista da a entender que debemos escoger, total y sencillamente, entre una cosa y otra. Este planteamiento se complementa con la creencia en el poder mágico de la palabra (uso selectivo del lenguaje) que consiste en la implicación recurrente de que es suficiente con decir la palabra atinada, con creer la cosa justa, para dar con la sustancia de la victoria y del remedio. Algo así como: apoya esta causa y todos los problemas desaparecerán.

El uso selectivo del lenguaje conecta, una vez más, con el moralismo. En efecto, el simplismo histórico y la creencia en el poder mágico de la palabra están acompañados de un moralismo histórico que consiste en la tendencia a creer que los acontecimientos humanos son íntegramente formulados por la supremacía de las buenas intenciones sobre las malas en cualquier momento, o viceversa. De aquí que desde esta postura la falta de buenas intenciones sea considerada la fuente de todo mal social. Así, por ejemplo, hubo un tiempo en el que el origen de todo lo bueno era el cristianismo. Este fue el punto de referencia para identificar el cuerpo de las buenas intenciones y el buen carácter en el mundo. El comunismo, por el contrario, aparecía como la referencia general que representaba las malas intenciones. El moralismo es absolutista por naturaleza, es decir, no admite medias tintas o grises entre el blanco y el negro: es profundamente intolerante.

El extremismo político es una antipolítica

De esta caracterización se deriva que el extremismo político sea considerado como una antipolítica, esto es, contrario a la labor de una sociedad pluralista en la que se da una pugna regulada. Por último, la extensión lógica y madurez del moralismo se encuentra en la teoría de la conspiración. Esta se sustenta en la idea de que quien se equivoca no simplemente cometen un error, sino que son malvados conspiradores responsables de todas nuestras patologías sociales y políticas. Esta teoría de la conspiración, a grandes rasgos, tiene dos características fundamentales. En primer lugar es generalizadora, se extiende en el espacio y en el tiempo tanto como convenga a quien quiere postular la teoría.

La teoría de la conspiración aparece para polarizar anulando la pluralidad. - tuitéalo    

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Pero la teoría de la conspiración es generalizadora no sólo en el tiempo y en el espacio, sino, aún más importante, en sus designios. De aquí que sea elemento esencial que ésta sea el factor decisivo para cambiar la historia, la cual se comprende a partir del factor conspiración. Sin ella el curso de los hechos hubiera sido radicalmente distinto y, por supuesto, mejor. En segundo lugar, supone la manipulación de los muchos por los pocos, ya que esto es lo que permite redimir al pueblo en tanto que engañado y llevado al error por un grupo de manipuladores (secretos y ajenos). Esta teoría remata el modelo del monismo y da legitimidad a la supresión forzosa del pluralismo.

El extremismo político que se basa en estos elementos renuncia entonces a la política entendida como diálogo de fuerzas. Polariza porque siempre es más sencillo vencer a un enemigo que enfrentar a un conglomerado diverso y complejo de expresiones. La simplicidad en la explicación del curso de la historia y el establecimiento de acontecimientos leídos en clave conspiratoria, son signos claros para Lipset de un movimiento extremista. No está nunca de más el activar los sensores aprendiendo de la historia americana para que no se repita en otros rincones del planeta.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

6 comentarios

  1. #Jerby   •  

    O sea, que una persona con monismo es mononeuronal…

    • Carlos Girón   •  

      Puede que sea plurineuronal, pero se empeña en pensar como si no fuera así. Más bien sería un caso de pereza, de esos que buscan la salida sencilla para evitar la fatiga del pensamiento crítico. ¡Abrazo roedor!

  2. Bolboreta Papallona   •  

    No he leído a Lipset, pero de la lectura de tu artículo, me da la sensación que la mayoría de partidos políticos practica el extremismo político: el monismo, el uso selectivo del lenguaje, el moralismo y la intolerancia

    • Carlos Girón   •  

      Lo hacen mi querida mariposa, pero es que el asunto precisamente es que se trata de un fenómeno global en el que participan todos. El extremismo se refleja cuando todas las fuerzas entran en esa dinámica de simplificación y polarización, así que no hay inocentes en el asunto. ¡Abrazo lepidóptero lleno de esperanza!

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