“No llores, vuela”, el frío viaje a la esperanza

No llores, vuela. Película de Claudia Llosa

Esta película de Claudia Llosa parece reafirmar que tenemos ante nosotros una combinación que se va consolidando en el cine: un director latinoamericano trabajando con rostros muy conocidos de Hollywood. Esta fórmula que dio tanto éxito a Gravity de Alfonso Cuarón va haciéndose recurrente en la cartelera. Los resultados, además, son sumamente interesantes. No llores, vuela no es la excepción y nos presenta un gran ejercicio cinematográfico que se dedica a hacer lo que a veces se olvida por completo: contar una historia con la cámara. Lejos de los efectos y los grandes recursos, Llosa logra mostrarnos lo que puede hacer el cine para narrar las dimensiones de lo humano.

Habría que iniciar diciendo que el trabajo actoral es realmente notable. La siempre solvente Jennifer Connelly da vida a Nana Kunning, una madre de dos hijos que desespera por encontrar una cura para el más pequeño de ellos. Sin duda Connelly logra transmitir ese dilema interior por el que pasa su personaje ante la dura situación que se le presenta en la vida. Quien lo resiente más es Ivan, su hijo mayor, encarnado por Cillian Murphy dando también notas muy altas. Jannia Ressmore (Mélanie Laurent) y los fríos paisajes canadienses cierran el reparto de esta historia.

No llores, vuela… el blanco paisaje de la esperanza

¿Qué estarías dispuesto a hacer para curarte o para curar a un ser querido? ¿Qué haces cuando la medicina da un diagnóstico sombrío? Este es el punto en el que el camino se bifurca: abrazar la esperanza o seguir el sendero de la resignación. Quienes eligen la primera opción pueden llegar a puntos inesperados, a sitios a los que jamás pensaron llegar. Es necesario que se derrumben todas nuestras certezas para construir lo imposible. - tuitéalo     Esto es lo que lleva a Nana en un viaje al frío bosque donde el Arquitecto, un peculiar curandero, realiza un ritual de sanación milagroso.

Un viaje para sanar que deja detrás una herida anímica difícil de cerrar. - tuitéalo    

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Es así como conocemos la afición de Ivan: cuidar de unos bellos halcones. Uno de ellos desata la peripecia de la historia, el punto de inflexión donde Nana descubre que tiene el poder para curar. El ave llega al nido, entra en las estructuras diseñadas por el Arquitecto y con ello marca el camino. Pero el viaje de curación genera una herida diferente, una de esas que son invisibles y muy difíciles de curar. El frío paisaje es el perfecto reflejo de cómo ahí donde nada parece crecer, donde el hielo parece dominarlo todo, es donde late la esperanza. Pero eso no significa que haya que olvidarse del frío, pues es éste el que se adueña de la relación entre madre e hijo.

Poco a poco es como se construye la fragilidad

No llores, vuela es una película con un ritmo bastante lento. Todo parece mimetizarse con el entorno dando esa sensación de que el tiempo transcurre a un ritmo pausado. Resulta muy importante entender esta calma inevitable para quien vive en una zona del mundo donde la naturaleza te obliga a permanecer en la comodidad del hogar si no quieres emprender caminatas sobre lagos congelados y llenos de recuerdos. Hace falta una sola grieta para caer en lo profundo de la memoria, para que emerja ese recuerdo que tiene la forma de las lágrimas. Por eso hay que ir con calma. Mirando muy bien el lugar donde apoyamos los pies.

Hielo y anhelo son las alas de la película de Claudia Llosa: No llores, vuela.  - tuitéalo    

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Con esa misma calma y con ese mismo tiento es como el Arquitecto va construyendo una estructura hecha de ramas de árboles. Así como las aves construyen rama a rama sus nidos, así este curandero genera un espacio para curar a quien lo necesita. Una persona a la vez y siguiendo el orden del azar, que es el único que conoce el universo. - tuitéalo     Es esto lo que se encuentran los viajeros, los que han elegido abrazar la esperanza: aprender a esperar en un horizonte donde parece que no hay nada más que el frío que se cuela hasta los huesos. Hay que dejar todo atrás para acceder a la posibilidad anhelada. Una manera de recordar la fragilidad común a la vida y a las estructuras a las que se apela para encontrar una cura.

Aprendiendo de las aves: no llores, vuela…

Volar sobre el blanco manto del mundo. Encontrar el calor debajo de un plumaje majestuoso y dejar atrás el punto de partida. Buscar el milagro implica estar dispuestos a abandonar las raíces, las creencias disfrazadas de lo cotidiano. Dejar las lágrimas para entregarse a la experiencia del vuelo: abrir los brazos y disfrutar del viaje. La cura no está tanto en la entrada en la estructura como en la fuerza de voluntad que nos lleva a dar ese primer paso. El círculo polar es solamente un escenario marcado por unas coordenadas, pero el verdadero secreto está en encontrar las propias, las que están marcadas en el camino personal.

Poco a poco se nos muestra la profunda fragilidad de lo humano. - tuitéalo    

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La historia de Claudia Llosa está llena de magia. Se trata de un diálogo de lo humano con su entorno, de sus ganas de vivir a pesar de lo que marca el camino. Ser capaz del milagro de la cura y la paradoja de no poder emplearlo para cambiar la propia realidad. Las heridas del cuerpo y las del alma, las que responden al entorno y las que generamos en nuestro paso más o menos afortunado por las vidas de los otros. Un viaje por el valle de lágrimas que bien podemos realizar volando. - tuitéalo     La película quizá no sea para todo público, pero sí que lo es para quien tiene la paciencia de escuchar una historia que se arma poco a poco para mostrarnos la profunda fragilidad de lo humano. Sólo así es posible abrazar de verdad la esperanza y emprender el vuelo.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Entre la fragilidad de lo humano y lo azaroso del universo, a ver quién es ahora el guapo que se plantea un proyecto (aunque sea micro)…

    • Carlos Girón   •  

      ¡Todos mi querido ratón! Si el asunto es abrazar esa condición para disfrutar al máximo cada paso del viaje. El proyecto es una exhalación de vida que se planta frente al azar y la fragilidad. Su éxito no está en la distancia que alcanza, sino en la fuerza que imprime y que puede ayudar a otros. ¡Abrazo roedor!

  2. Bolboreta Papallona   •  

    Ya sabes que la mariposa también vuela para encontrarse a sí misma. En el camino he encontrado sorpresas muy agradables.

    • Carlos Girón   •  

      Esos vuelos son los mejores mi querida mariposa. La cosa es animarse a abrir las alas, que de lo contrario uno no sabe lo que se puede estar perdiendo. ¡Abrazo lepidóptero!

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