“La llegada”, la fuerza del instante y la llave a la eternidad

La llegada, de Denis Villeneuve, nos lleva a plantear interesantes preguntas

La llegada es una película completamente sorprendente. Uno podría esperar encontrarse con otra típica historia de seres extraterrestres que amenazan al mundo y un grupo de héroes salvando el día en el último minuto. Nada más lejano de lo que sucede en la pantalla grande. Desde un inicio queda claro que el tiempo jugará un papel fundamental, que será uno de los personajes principales a pesar de su carácter intangible. Pero no solamente por la premura propia de una película con algo de suspenso, sino porque el tiempo mismo se irá desarrollando mostrando un rostro al que seguramente no estamos acostumbrados.

La manera de narrar de Denis Villeneuve, director de la cinta, es realmente poética. No solamente tiene la capacidad de mantenernos al borde del asiento esperando el desenlace de la historia, sino que consigue hacerte disfrutar con el encadenamiento de planos y secuencias. Ya con Prisioneros había mostrado su gran habilidad para dar giros a una historia, pero en La llegada da un paso más mostrando su verdadero talento. Villeneuve juega constantemente con el tiempo. - tuitéalo     Algo propio de poetas, como bien lo ha llegado a señalar Octavio Paz. La combinación de planos íntimos seguidos de un ir y venir de militares y agentes nos va adentrando poco a poco en el verdadero sentido de la historia.

La llegada y el punto de partida

Toda historia tiene su punto de partida, un momento desde donde todo lo demás se desprende. Al menos eso es lo que pensamos y a lo que nos han acostumbrado. Pero ya las palabras de apertura de la película se permiten cuestionar eso, ponen en duda la memoria misma obligando a establecer un punto de arranque. Sin esa referencia no puede darse un sentido. Con esto se remarca lo determinante que es lo que escogemos como inicio cuando hemos de dar una lectura a una serie de acontecimientos. En este caso ese punto de partida es completamente singular e inusitado: la llegada de naves extraterrestres a nuestro planeta.

La llegada inesperada marca el punto de partida que orienta la historia. - tuitéalo    

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Dada la indicación temporal inicial podemos orientarnos en la narración. Entramos en la línea recta que nos ha de llevar de A a B, como marca la norma. Pero, ¿qué pasaría si el tiempo fuera circular? Avanzar sería acercarse al punto de origen. Alejarse del inicio es imposible porque estamos en una rueda donde volvemos una y otra vez sobre nuestros pasos. Estamos demasiado acostumbrados a un tiempo escatológico, a pensar las cosas en función de una causa que nos orienta hacia un fin o gran efecto final. Suspender la resolución, hacer resonar principio y final, nos obliga a salir de nuestros esquemas.

Comunicarse con los otros

Uno de los elementos más potentes de La llegada está en la lucidez con la que se plantea la siguiente pregunta: ¿cómo comunicar con quien no comparte absolutamente ninguna referencia con nuestra representación del mundo? De nuevo se impone la necesidad de establecer un punto de partida. Sin una referencia de base es imposible establecer las pautas de la comunicación. Una vez encontradas las referencias los puentes comienzan a levantarse. Pero no por nada Wittgenstein pensaba que los límites del mundo son los límites del lenguaje. ¿Qué realidad se nos abre cuando logramos comprender una representación del mundo completamente diferente? La llegada explora desde la ficción posibilidades más que interesantes.

Sin una representación común del tiempo la comunicación se vuelve casi imposible. - tuitéalo    

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El encuentro de los mundos se vive cada que asistimos a un intercambio de sistemas de representación. Dentro de estos esquemas, por supuesto, hay un elemento esencial. El núcleo de las oraciones en las lenguas romances está en la acción y ésta se desarrolla nada más y nada menos que en un tiempo. Así, casi sin querer, queda expuesta la importancia de nuestra idea de tiempo que está presente en cada frase por más banal que nos parezca. La posibilidad de comprender lo que se expresa incluye, para nuestra sorpresa, un acuerdo tácito con respecto a elementos tan generales como lo que es el tiempo. En otras palabras, si podemos entendernos en este texto es precisamente porque compartimos una estructura temporal. Sin ella la realidad se vería completamente alterada, junto con la comunicación.

Elección y destino

Una de las posibles consecuencias de la circularidad del tiempo está en que si avanzamos siempre detrás de nuestros propios pasos podemos anticipar los resultados. La repetición nos pone ante la oportunidad de cambiar o elegir seguir el mismo sendero. Puede que el paisaje nos guste y decidamos seguir el mismo trayecto pero también se abre la oportunidad de comenzar una espiral en otra dirección, de añadir un nivel al andar. Esto nos deja frente a un tema que pone los pelos de punta: la inmensidad del instante. ¿Qué haríamos si pudiéramos condensar nuestra propia vida en un instante y se nos presentara de pronto ante los ojos?

Aquello que se elige tal y como ha sido pone un pie en la eternidad. - tuitéalo    

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La tentación de cambiar las cosas podría ser una de las primeras reacciones naturales. Pero eso no quita que tengamos también la posibilidad de elegir otros tantos momentos tal y como han sucedido. Es aquí donde está la clave de la eternidad: ¿cuáles son las cosas que elegiríamos tal y como han sucedido? Son esas las que, como puedes ver, escapan a los efectos del tiempo, las que se quedan para siempre en el mismo instante en que se han consumado. Pero nos hace falta el lenguaje apropiado para dar cuenta de esa dimensión temporal. No hay palabras para describir el instante y su inmenso contenido. En La llegada Villeneuve nos hace pensar precisamente en la distancia entre la experiencia y el lenguaje. Lo hace jugando con el tiempo, porque no podría hacerse de otra manera.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Al pensar en el lenguaje, solemos pensar en palabras. ¿Por qué no en imágenes? La parte más amplia del cerebro se dedica al sentido de la vista… por algo será…

    Incluso, los niños pequeños aprenden antes a dibujar que a escribir…

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, tienes toda la razón. Aquí no he querido dar demasiada información para no arruinarle la película a nadie, pero cuando la veas te darás cuenta de que tu comentario es completamente acertado. La escritura, en este caso, está más cerca del dibujo que de otra cosa jeje. ¡Abrazo roedor!

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