“La bruja”, redefiniendo los clásicos

La bruja es una película que redefine los clásicos

La bruja es una figura propia de lo que conocemos como imaginario colectivo. Es, en efecto, una imagen producto de relatos que han pasado de boca en boca a lo largo del tiempo y que nos permite dar un rostro “familiar” a personajes que no necesariamente pertenecen a nuestro suelo cultural. La bruja, el film, se encarga de retomar los discursos originarios de ese típico personaje de la tradición anglosajona que responde a la imagen que sin duda es la que nos suele resultar más familiar cuando hablamos de brujas. En este sentido, los diálogos de la película son reveladores por su fidelidad al discurso que dio origen a la leyenda. Es por esto que La bruja, sin duda, redefine un clásico.

Esta vuelta a los orígenes nos recuerda también que la semilla del horror está en el ámbito moral. La condenación eterna a las llamas del infierno, la vida en pecado alejados de la protección divina en un mundo de sombras, entre otras formulaciones de los incentivos de la buena conducta, hoy tienen más o menos el mismo estatuto que la leyenda de una mujer con poderes mágicos. Pero hubo un tiempo en que el mal se presentaba en las pesadillas bajo la forma de una conducta alejada de los preceptos morales. La bruja, de hecho, es una figura que representa precisamente este alejamiento de las buenas costumbres de la comunidad humana. Lo que de verdad produce horror es aquello que rompe con lo esperado en el comportamiento mínimamente humano.

La bruja y el pecado

Bien nos recuerda Le Goff que las principales funciones de la bruja tienen una relación con el cuerpo: “Curar, hacer amar, hacer regresar a los muertos”. La curación milagrosa está reservada para un cierto grupo de iniciados, mientras que la bruja representa una cura en tanto que servidora del diablo. El arte amatorio se relaciona completamente con una sexualidad desenfrenada alejada del amor espiritual y, finalmente, la posibilidad de dar la vida a quien la ha perdido que es, sin duda, el máximo desafío a la deidad que tiene potestad absoluta sobre este terreno. Todos los elementos tienen en común el rechazo de una vía para seguir la contraria: la firma de un libro que sella el pacto con la encarnación del mal en el mundo. La bruja, por tanto, es una mujer que abraza el pecado como vía de unión con el diablo retorciendo su conducta y obteniendo a cambio habilidades sobrehumanas.

El mal no es lo que amenaza desde el bosque, sino aquello contra lo que se lucha desde dentro. - tuitéalo    

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En La bruja hay un extraordinario retrato de la presencia de este mal moral que va haciendo guiños a cada uno de los personajes. Todo inicia con la soberbia que condena al exilio a una familia entera. Después aparece la pereza, la duda que gana terreno a la fe y, de manera muy evidente, la gran tentación del incesto. Y es que el mal no es necesariamente lo que amenaza desde el bosque, sino que está presente siempre como una lucha interna en cada uno de nosotros. Se trata, pues, de mantener el cerco de la civilización ante el empuje de lo silvestre y salvaje. Elegir el camino del bien y rechazar el llamado del mal que tienen en nuestra imperfecta condición su mejor aliado. Pero que no se interprete de manera equivocada esto: hablamos no de una realidad, sino del fiel retrato que el film hace de lo que una comunidad profundamente creyente experimenta en su esfuerzo por establecerse en su nueva tierra. Lo único que llevan consigo son sus costumbres y creencias y a ellas hay que aferrarse.

La locura del aislamiento

Ha sido inevitable encontrar puntos en común entre La bruja El resplandor. No solamente por la extraordinaria banda sonora que juega con las estridencias de las cuerdas y los silencios, sino por la idea de lo que pasa a un grupo de personas sometidas al aislamiento. El abandono de la comunidad humana, de hecho, es un punto clave tanto en la lectura del pecado y lo sobrenatural como en la posibilidad de que toda la historia sea producto de un desvarío originado por la soledad, el hambre y la desesperación. Poco importa que se trate de la familia, uno puede llegar a dudar de su propia hija cuando la psique se encuentra a merced de la superstición, cuando los miedos toman las riendas para orientar la conducta. La culpa, además, juega su papel mostrando que es un peso que ni el más devoto creyente puede cargar con facilidad. El

El aislamiento es clave para leer la historia de La bruja. - tuitéalo    

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Robert Eggers, director de La bruja,  se ha tomado el tiempo de preparar las estampas del horror con mucho detalle. Nos recuerda, como hacía maravillosamente Kubrick, que un fotograma bien montado puede ser más que suficiente para generar esa tensión en el estómago cuando algo nos incomoda. Dicen que el diablo está en los detalles, y en este caso el director ha sido endemoniadamente meticuloso para poner todo en su sitio dando nueva vida al horror más clásico, ese que sabe ir muy bien de la mano del suspenso. El escenario, de hecho, debe ser ya escandaloso para nuestros tiempos: sin comunicación, sin electricidad, sin nada más que la compañía de esos otros que resultan cada vez menos familiares y poco a poco se convierten en la posible encarnación del mal. Seres humanos obligados a convivir sin mediación alguna, sin nada más que sus creencias y relatos que les mantienen en el cerco de la civilización. El film transmite perfectamente esta soledad que nos obliga a todos a ponernos de cara a la posibilidad de que la bruja sea de verdad la responsable de las desgracias.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Hay una gran contradicción en considerar la Naturaleza como el Mal y el Hombre como el Bien. Cuando Hombre y Naturaleza, en puridad, son lo mismo.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, estoy completamente de acuerdo contigo. Aunque esta perspectiva hace sumamente interesante considerar el tema del mal porque éste, entonces, sería muy natural. ¡Abrazo roedor!

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