“Historia del ojo”, visita al erotismo literario

Un relato de Bataille que se inscribe en el erotismo

Ayer escuchaba algo sobre los temas virales en Internet. No creo que sea una sorpresa si te digo que el sexo y la comida están en los primeros lugares. Maslow ya se ha encargado de mostrar cuáles son las cosas a las que atendemos siempre en primer lugar, así que hay poco de novedad en el asunto. Tampoco será novedad lo que hoy te voy a ofrecer, pero hay días en los que me apetece mucho rescatar textos que por alguna razón han ido quedando atrás. Así que dos no-novedades se unen aquí para tocar un tema humano demasiado humano: el erotismo. Lo hacemos desde las letras de Georges Bataille (1897-1962), escritor francés que no se sentía muy cómodo cuando le llamaban filósofo. Por algo me cae tan bien.

Esto era en un inicio un diálogo con mi amigo Gorka. Hablar del erotismo es imposible si no se dialoga. Incluso en el onanismo hay un desdoblamiento psíquico que hace de algunas partes del propio cuerpo un doble, un otro con rostro imaginario. Es aquí donde una frase de Spinoza, extraída normalmente de su contexto, resuena para lanzar un sinfín de significados: “nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Menos todavía cuando el ejercicio de sus posibilidades en el marco del erotismo están todavía cercadas por campos minados. El tabú es la venda que condena al cuerpo a la ceguera de su propia posibilidad. - tuitéalo     Bataille acude a la literatura, a un relato breve que remarca la importancia del ojo en el erotismo. El cuerpo y lo erótico no pueden disociarse.

Lo erótico no es sinónimo de lo inmediato

Un punto de partida que es ya algo más que un lugar común: el erotismo implica ir más allá de la mera satisfacción de una necesidad. Es el ejercicio de la sexualidad separándose de su finalidad reproductiva. Finalidad sin fin, kantiana definición de lo estético que nos ayuda a sacar una interesante conclusión: el erotismo es un arte en el que el orgasmo es la nota más alta de una sinfonía sin fin. En el erotismo no hay una búsqueda reproductiva, sino psicológica. Georges Bataille comienza así su acercamiento teórico a un tema complejo y muchas veces incómodo. Además de introducir un matiz a la pirámide de Maslow antes aludida: atendemos a las necesidades primarias, pero eso no significa que estén desvinculadas de los niveles superiores. Sexo revestido de símbolos, acto carnal con sábanas de amor. El desnudo es demasiado burdo, hay que vestirlo de deseo. - tuitéalo    

El erotismo es “la aprobación de la vida hasta en la muerte” según Bataille. - tuitéalo    

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Historia del ojoes un ejercicio práctico de aquello que inquieta el espíritu del autor. Escritura automática, apagón a la conciencia para liberar las palabras que provienen de esa amplia llanura de lo inconsciente. Pero hay una reflexión que se produce a la par y hace sumamente interesante y completo el ejercicio. Dice Bataille que “la sinrazón de la filosofía es su alejamiento de la vida”. Y el erotismo, nos dice, es “la aprobación de la vida hasta en la muerte”. Así que su obra nos devuelve la vida de la que reniega la reflexión filosófica o al menos parte de ella.

Este primer acercamiento genera pasmo, sorpresa, asco ocasional y algo de vértigo. No se puede olvidar nunca la vinculación entre muerte y erotismo tan importante para el autor. Lo suyo es una invitación a dar un vistazo al abismo,a la profunda soledad en la que vivimos a pesar del desenfreno total de las pasiones. A pesar del encuentro repetido y obstinado con otro, éste nunca deja de ser precisamente eso: otro.Una garganta sin fondo amenaza con tragarnos enteros al volverse evidente la ilusión de unión. Por eso hay que sacudirse el embelesamiento empalagoso de las historias burguesas inscritas dentro de la moral en turno. ¡Basta de mentiras! ¡He aquí la carne que busca satisfacer algo más allá que la propagación de la especie!

Entre la carne y el ropaje simbólico

En el erotismo hay fugacidad, pérdida, confusión por un instante. Me pierdo, nos perdemos. El yo, fundamento de la Modernidad, se ve diluido por un instante generando un sismo inaceptable para la racionalidad reinante. Por eso el escándalo que puede generar la lectura de Historia del ojo: nos hace ver la crudeza de un acto que estamos acostumbramos a vestir como a una muñeca de porcelana. Experimentamos un terror completo sabiendo la delicadeza del material tan bruscamente tratado. Los personajes van haciendo caer uno a uno los muros de la decencia. No es casualidad la afinidad sonora de esta palabra con demencia. El peligro genera estímulos constantes que hacen estallar las pasiones humanas lanzando una tras otra los más secretos e ígneos deseos.

Fui educado solo y, hasta donde recuerdo, siempre me apasionaron las cosas sexuales.

Es una sinceridad pasmosa la que abre los relatos. Con 16 años hay ya un “siempre” que nos lleva a acusar una precocidad alarmante. Sí, las alarmas moralinas llevarían a ver a nuestro personaje con los ojos paternalistas que miran al niño ávido de experimentar sin saber las “buenas maneras” del juego. Pero pronto el surrealismo de Bataille se apodera del texto arrebatando los objetos de su lugar común. Y así, sin mayor preparación, sin el juego romántico del que nos hablan constantemente, nos pone ante la “carne rosa y negra” de Simone o Simona. La situación está enmarcada por una frase más que reveladora:

En el pasillo había un plato de leche destinado al gato.

No, el gato no beberá su leche. Simone determina que los platos están hechos para sentarse y posa sus nalgas desnudas sobre él. Sí, la leche escurre por sus piernas mientras que él la mira sin poder esconder la excitación: maldición masculina que le condena a la evidencia. El vínculo está hecho. El orden de las cosas ha sido trastocado y, así como el plato de leche se ha visto liberado de su utilidad, la libertad será el eje rector de las relaciones con Simone. La única regla: ella tiene que ser el ojo de toda masturbación. El onanismo acompañado que materializa el ojo del otro en un acto eminentemente solitario.

Una loca carrera hacia la muerte

El narrador, Simone y Marcelle siguen su viaje por la vía láctea. Sí, con minúsculas. Se trata de romper las reglas y hacer alusión a lo que literal y literariamente se escurre entre los espacios vacíos de las palabras. Bataille nos hace contemplar el exceso hasta que el pudor parece ser una broma de mal gusto. Al final, todo pasa ante nuestros ojos perplejos y excitados que irrigan sangre del color del asombro.

La enfermedad va en busca de la locura. La advertencia no ha sido suficiente, aunque el completarse implica borrar la frontera que sostiene la vida: una carrera desenfrenada hacia la muerte. Pero hay que verlo. El ojo se transmuta, es un endemoniado juego de palabras que va de oeil a oeuf y de oeuf a oeilEl ojo es la glándula perfecta para despertar el deseo sexual. Bataille sabe bien que ahí está la semilla del escándalo: “tienen los ojos castrados”. El desnudo y el placer se han divorciado, no hay ya placer desnudo. La razón es evidente en el relato, pues la entrega a este tipo de desnudez tiene como consecuencia la disolución de la identidad entendida como maridaje de la imagen en el espejo y la sustancia. ¿Qué queda entonces? Dispersión y movimiento, esa materia de la que se suelen componer los sueños. - tuitéalo    

El ojo es la glándula perfecta para despertar el deseo sexual. - tuitéalo    

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Aquí sólo tenemos la fuerza erótica moviendo los hilos de sus marionetas. Marcelle despierta del sueño de la locura para volver al armario y no abandonarlo nunca más. No todos soportan la fragmentación, la pérdida de las certezas que nos dicen qué es lo que son las cosas y para qué sirven. Fuera del recto camino hay centenares de parajes por explorar, pero no cualquiera soporta la aventura. La muerte de la joven consuma el trío y pone sobre la mesa el tedio que pide más de manera insaciable. Cambio de escenario obligado, aunque el castillo espectral y, claro, los ojos de Marcelle estarán siempre presentes. El hartazgo, la absurda fragilidad de la vida requiere de un condimento diferente. Hay que salir en busca de nuevos sabores y evitar “aburridas investigaciones”.

La fiesta del ojo

La fiesta es un periodo de tiempo en el que la linealidad del mismo se ve pervertida. Se trata de la conmemoración, de una vuelta a un tiempo pasado pero para que éste se actualice: sentido profundo de aquella frase que nos dice que recordar es volver a vivir. Henos aquí de pronto en la fiesta brava, en esa conmemoración de no sé qué cosas donde se hace de la crueldad un arte. El toro, la sangre, los testículos y los ojos, tantos ojos que miran y se emocionan con la virilidad burlando una mortífera cornamenta. Sí, ojos que presencian un absurdo en el que la muerte es el aroma predominante. Un animal puede herir de muerte a otro en un ruedo de miradas así, sin mayor escándalo. Pero un cuerpo desnudo, el sexo y los “placeres de la carne” no pueden resultar inmunes a la censura. Hay que buscar nuevos sabores porque:

En general, disfrutamos de “los placeres de la carne” a condición de que sean insípidos.

Lo que entra por el ojo se trasmuta en la imaginación. Más aún: el ojo es gónada de la hormona llamada imaginación. - tuitéalo     Quizá por eso el final se trate de una manera de advertir de su poder. La fuerza para generar imágenes es de una potencia indudable. He ahí mi reproche: ¡maldita dependencia de la imagen! Quiero aromas, aspereza, suavidad, dulces y amargos fluidos. Bataille cuenta la historia del ojo porque hay que extirparlo de sus cuencas. El cuerpo es más que un ojo. La sexualidad requiere de imaginación, pero hay que matar las imágenes para quedarnos con todo el resto y encontrar ahí el asombro que hace tiempo perdimos. Por eso mejor dejar que el telón se cierre y que sean los sonidos que llegan desde el fondo los que sigan provocándonos.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

5 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Durante la lectura pensaba: no es el ojo, no es la mirada: es nuestra imaginación. Son todos los sentidos…
    Y llegué al final del artículo. No son las imágenes, no. Pero no extirpemos el ojo, que también las palabras llegan a través de él.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querida mariposa, no te preocupes que no se extirpa cualquier tipo de ojo. Se trata de ese que se cree dueño del mundo, que determina la realidad como si sólo a través de él pudieran existir las cosas. Ese ojo al que se hace referencia cuando se dice: ver para creer. Algo necesario para dejar en libertad el ejercicio del erotismo que requiere de la participación de todos los sentidos. ¡Un abrazo lepidóptero con ojos en las alas! (Qué surrealista me puse)

  2. jony   •  

    Hola Carlos!
    Había dejado un comentario pero no ha salido reflejado… lo pongo de nuevo jejej. Para mi el erotismo equivale a seducción. Es uno de los mejores artes existentes. La sexualidad es la parte final y menos emocionante. Pero el camino hacia el fin es extraordinario…
    Un abrazo!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jony! Pues quizá el sistema es demasiado sensible a este tipo de cuestiones humanas y te ha mandado los comentarios a spam 😛 Pero ya está solucionado y agradezco mucho el tiempo que te tomaste para hacer dos veces la operación. Sin duda en esto del erotismo hay un ejercicio de la demora, una construcción lenta que debe seducir hasta el último momento. Un arte difícil en tiempos donde la inmediatez y la velocidad reinan, pero uno que vale la pena cultivar no sólo en la dimensión íntima, sino en muchos otros rincones de la vida. ¡Un abrazo mi estimado Jony!

  3. Pingback: Erotismo: el lenguaje del cuerpo

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