Ghost in the Shell: el alma en busca de su lugar en el mundo

Ghost in the Shell es una muestra del drama entre alma y cuerpo

El mismo título de Ghost in the Shell es ya bastante elocuente. Hablamos de un fantasma, de una esencia etérea dentro de un caparazón sólido. El fantasma habita su caparazón, éste le sirve de transporte para andar por un mundo en el que habrá de desarrollar su propia y personal historia. La relación entre fantasma y caparazón es sumamente importante, pero el orden de los factores en este caso sí altera el resultado: el fantasma está en el caparazón, pero podría estar en otro lado. Dicho de otra manera, el fantasma es uno mientras que el caparazón puede tener más de una forma. En Ghost un the Shell cuerpo y alma libran una más de sus apasionadas batallas.

 La historia nacida de la mente de Masamune Shirow toma cuerpo más allá del manga gracias a Scarlett Johansson que da vida a Mayor. En la interpretación hay un interesante contraste entre la delicadeza y suavidad de los movimientos mortales de este cyborg en combate y su más bien tosco andar cotidiano. Es como si el contacto con aquello que se ha dibujado como su misión le dotara de una ligereza que no posee cuando lo cotidiano se impone. Es en esta otra dimensión pesada y solitaria donde los reflejos de su pasado interfieren con su código. Los fantasmas hablan desde los rincones de lo cotidiano. - tuitéalo    

Ghost in the Shell y el lugar del alma

Al comienzo del film encontramos una alucinante secuencia que es un verdadero espectáculo visual. No podría se de otra manera ya que la palabra fantasma habla precisamente de lo que viene a presencia. El fantasma es el resultado de un brillo que hace visible algo. El fantasma aparece y atendemos a su construcción capa por capa. Pero hay un lugar que resalta de inmediato por ser aquello que hace a esta creación algo único: el caparazón definitivo del cerebro que alberga dentro el fantasma, el espíritu, el alma. Una y otra vez estos elementos son puestos en una misma frase haciendo palpable su vecindad e insinuando que el alma se encuentra en el cerebro, único elemento humano dentro del cyborg.

El alma se esconde ahora entre los eléctricos misterios de la sinapsis cerebral. - tuitéalo    

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A pesar de los avances de la neurociencia el cerebro no suele ser la sede habitual del alma. Las facultades humanas, de hecho, no siempre se han alojado en el mismo sitio a lo largo de la historia de las culturas. En el segundo libro de las crónicas leemos lo siguiente a propósito del rey Salomón: “De todos los reyes de la tierra venían a visitarlo, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón”. (2 Crónicas 9:23) Otra referencia en este sentido aparece en los Proverbios: “Al sabio de corazón, se le llama inteligente; los labios convincentes promueven el saber”. (Proverbios 16:21) Pero hoy esto es mera charlatanería, el corazón no es lugar de alma alguna ni sede de las facultades humanas. Si hay algo así como un alma ésta debe estar en algún sitio de los eléctricos misterios de la sinapsis cerebral.

Pero tampoco deberíamos sentirnos tan originales. Ya Platón en el diálogo Timeo hablaba de un alma divina puesta en el sitio rector: la cabeza. Ella debe dirigir al alma mortal que se encuentra en el resto del cuerpo:

Como vehículo le dieron el tronco y las extremidades en los que anidaron otra especie de alma, la mortal, que tiene en sí procesos terribles y necesarios: en primer lugar el placer, la incitación mayor al mal, después, los dolores, las fugas de las buenas acciones, además, la osadía y el temor, dos consejeros insensatos, el apetito, difícil de consolar, y la esperanza, buena seductora. Por medio de la mezcla de todos estos elementos con la sensibilidad con la sensibilidad irracional y el deseo que todo lo intenta compusieron con necesidad el alma mortal.Platón, Timeo

Ya se ve que careciendo de todos estos elementos Mayor no podía sino estar encadenada a la búsqueda de una conexión con su pasado mortal: Motoko. Tarea estrechamente vinculada con esos instantes de memoria que no dejan de aparecer. Sí, el fantasma tiene aquí otro de sus rasgos fundamentales.

El poder del recuerdo

Dentro de ese caparazón del cerebro habla una voz capaz de interactuar con la máquina del cuerpo. Los destellos de memoria son irregularidades que dan cuenta de ese Ghost in the Shell. Lo que podemos saber de él es ese rastro fugaz, esos parpadeos de una vida arrebatada. Pero he aquí que se muestra el poder del recuerdo: hace falta un parpadeo, una instantánea, para que el aroma de la singularidad se deje sentir. Se trata de la esencia, de un aroma particular al que no puede dejar de atenderse. Una vez que se hace presente nos seduce sin remedio, no podemos dejar de seguirlo hasta encontrarnos cara a cara con su fuente. Porque, como dice Eugenio Trías: “Recordar no es operación de simple nostalgia: consiste en dar de nuevo vida a lo que ha dejado de tenerla”.

Podemos escuchar a nuestro propio fantasma llamando desde su caparazón. - tuitéalo    

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Es así como el verdadero drama está en encontrarse con uno mismo. El fantasma habla desde su caparazón porque ansía escuchar su nombre propio. - tuitéalo     Pero este es un nombre que ha de ganarse, que se construye a cada paso. Quizá sea por eso que el fantasma tampoco permite que lo conseguido se esfume de manera tan sencilla. Sabe bien del esfuerzo de ser uno mismo. Por eso grita, deja migas ahí donde el olvido quiere imponerse. Y cuando por fin se reconoce, cuando encuentra la correspondencia entre su propia imagen y la que el espejo le devuelve, podrá dar un nuevo sentido a su misión. Porque somos de alguna manera lo que vamos dejando en el pasado. Pero también somos el anhelo que apunta hacia el futuro. Ambas cosas se anudan en el caparazón del presente, sea este un cuerpo de carne y hueso o una coraza de metal.

Ghost in the Shell es una buena alegoría de ese drama del alma y el cuerpo buscando su lugar en el mundo. Un recordatorio de que lo humano no es algo que pueda darse por hecho, sino que se trata de un proyecto que ha de ser refrendado una y otra vez en el camino.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Con frecuencia, olvidamos que el corazón tiene sus propias neuronas. Neuronas que tal vez nos conecten con los que nos rodea más de lo que nos gustaría creer.

    Incluso, cualquier artilugio artificial tiene su propio ‘core’. Dejo a la imaginación del lector la relación del ‘core’ con el corazón y la coraza.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda el ‘core’ da para una colección de imágenes muy amplia. Eso es una señal clara de sus posibilidades, de los mundos que se esconden detrás de una corazonada. ¡Abrazo roedor!

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