Crónicas futbolsóficas: mexicanos al grito de guerra

El grito de guerra mexicano en el mundial

México ha quedado eliminado de la máxima contienda futbolística. Se despide de Brasil después de hacer soñar a todo un país por poco más de 70 minutos. El rival, Holanda, no era de esos que te hiciera tener muchas esperanzas en el éxito. Pero los de verde se convirtieron en héroes durante casi todo el partido hasta que un ataque de amnesia (o de memoria), aderezado con un poco de polémica, les arrebató la gloria. Pero más allá de lo visto en la cancha México jugó otro partido durante Brasil 2014, uno que quedará para la anécdota pero que vale la pena visitar con un poco más de calma: su grito de guerra.

Para quien no sepa nada del tema le contaré brevemente de lo que se trata. En los estadios de fútbol de México se generó una práctica que es ya casi un rito en cada partido. Pero antes de que venga Lopez Dóriga a preguntarnos la razón del rito me adelanto y acoto el uso de la palabra: se trata de un acto que se repite sistemáticamente en una determinada congregación que, en este caso, es de aficionados al fútbol, fieles seguidores de un equipo que momentáneamente desean y piden a gritos que todo le salga mal al rival. Para decirlo a la mexicana, y desmarcarme así de una crítica al uso inadecuado de los conceptos, diremos que se trata de un ritito, un rito a escala que conserva algunas de las características pero que no es exactamente un rito.

El grito de guerra de la afición mexicana fue objeto de una interesante polémica. - tuitéalo    

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No creas que me estoy desviando, el diminutivo cobrará sentido pero tienes que tenerme paciencia, como reza la eterna queja del personaje del Chavo. Decía entonces que en los estadios de México se generó este ritito: cada vez que el portero se dispone a despejar el balón en un saque de meta los aficionados del equipo contrario (particularmente los situados en la tribuna detrás de la portería) realizan un cántico que comienza con una “e” prolongada hasta que el guardameta hace contacto con el balón. Justo en ese momento se remata el canto con una palabra que resuena de manera clara en todo el inmueble: puto. El acto se acompaña con un movimiento de las manos en alto mientras se entona la “e” y un movimiento con fuerza de las mismas hacia adelante al momento de cambiar al “puto”. Cuando esto llegó a los oídos de la FIFA durante los partidos del mundial (porque los mexicanos llevamos siempre nuestra cultura en la maleta, por si se ocupa) amenazaron con multar a la Federación Mexicana de Fútbol por los insultos de sus aficionados.

La polisemia al rescate 

Es evidente que hay que partir de la definición de ese remate del ritito, es decir, de la palabra puto. La RAE nos ofrece cinco posibilidades donde las tres primeras se aclara que pertenecen al lenguaje vulgar (que pertenece al vulgo o al común de la gente): 1) Como clasificación denigratoria; 2) Para ponderar (Ha vuelto a ganar. ¡Qué puta suerte!); 3) Para enfatizar la ausencia o escasez de algo; 4) Sodomita; 5) Prostituto. Nos quedamos de momento con la cuarta de las opciones para admitir que en México se utiliza la palabra para llamar despectivamente a un homosexual. No hay nada que esconder, cada idioma parece tener reservada una expresión peyorativa para quien tiene este tipo de orientación sexual. Pero no se trata de discutir aquí los traumas de la humanidad que sigue teniendo grupos radicales que se resisten a la diversidad. Tampoco pretendo escarbar en el machismo subyacente que lleva a denigrar todo aquello que se aleja de una idea de masculinidad arbitrariamente vinculada con lo bueno y lo correcto.

El problema es que los mexicanos tenemos la fantástica habilidad de saturar semánticamente las palabras. Madre, chingar y puto serían tres de las mejores representaciones de lo complicado que es encontrar un sentido unívoco en el discurso a la mexicana. Está a toda madre o está bien chingón son lo mismo: algo está muy bien. Qué madre es ésta o qué es esta chingadera también: ambas preguntan por un objeto del que se desconoce lo que es o que sorprende por no ser lo esperado, por lo que se califica de manera ligeramente negativa. El discurso mexicano requiere siempre de un contexto para ser comprendido, está peleado a muerte con la univocidad y encuentra siempre nuevas formas de conectar ideas en apariencia aisladas.

La polisemia tiene en México uno de sus patios de juego predilectos. - tuitéalo    

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Puto, entonces, se carga con una serie de características que no representan necesariamente al homosexual, sino, más bien, con esa arbitraria idea del macho que ya mencionaba. Así, la palabra puede significar cobarde, traidor, farsante, mentiroso… De nuevo el contexto es determinante para saber a qué se refiere exactamente la expresión que, como bien dice la RAE, pertenece al común de la gente, es decir, tienen un uso popular, multitudinario y, sobre todo en este caso, múltiple. Cualquier intento de acotarla o reducirla a una manifestación ofensiva, como lo ha hecho el respetable José Woldenberg, supondrá pasar por alto que si la polisemia tiene un patio de recreo predilecto ese está en México. Esto quiere decir que no deja de ser verdad que la palabra es una ofensa, pero que al mismo tiempo es más que eso y requiere de un contexto para poder ser comprendida a cabalidad.

La eternidad acontece ahorita 

Para intentar volver un poco más claro el caos semántico del mexicano acudo a esa genial invención nuestra que es el diminutivo del ahora: ahorita. Se trata de una espacio de tiempo completamente indeterminado que es el colmo para todas aquellas personas que conviven con nosotros. El mundo, acostumbrado a márgenes temporales más o menos precisos, se encuentra con este grupo humano que define lo indefinible con una sola expresión. De inmediato, dentro de cinco minutos, en una semana, el próximo año… todos los tiempos son posibles dentro del ahorita. - tuitéalo     Ríete, pero es una muy sabia expresión que resalta que lo eterno es una miniatura. La intuición de la relatividad ha estado siempre en el lenguaje del mexicano.

Ahorita es una sabia expresión que resalta que lo eterno es una miniatura. - tuitéalo    

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¿De qué depende que el ahorita se concrete? Es muy sencillo: de la voluntad. De Einstein a Schopenhauer, el ahorita es un espacio de tiempo indeterminado que espera la voz de mando de la voluntad para acontecer. Lo que quiere decir un mexicano cuando emplea esta expresión es que todo queda suspendido hasta que la tiempo y voluntad se encuentren en el plano de la existencia. Puede incluso convertirse en un imperativo: ¡hazlo ahorita! Un llamado a que la voluntad despierte y se ponga en movimiento. Uno entonces los hilos: para entender la caótica polisemia del discurso mexicano hay que preguntarse por la voluntad presente en el momento de emitir una expresión. ¿Qué es lo que ha querido decir ahorita?

Una verdad de perogrullo probablemente, pero lo importante está en los elementos que nos llevan a ella. Es así como podemos darnos cuenta de que la relatividad no necesariamente es una suspensión del juicio, una relativización del valor de las cosas que lleva a que todas se pierdan. Sino que, por el contrario, la relatividad es ella misma un punto de vista que se abre a la pluralidad de perspectivas. Las contempla todas a la espera del empuje de la voluntad para decidirse a transitar por una de ellas. Nada más y nada menos. El mexicano se afirma en esta indeterminación e indecisión que no es necesariamente negativa. Su grito de guerra es la culminación de una expresión de su voluntad que se demora tanto como la “e” previa en el ritito.

Mexicanos al grito de guerra 

La FIFA se ha topado con una peculiaridad cultural y pretendía sancionarla. Un completo despropósito. Habría que determinar si hay una auténtica voluntad de ofensa en la expresión y eso es poco menos que imposible de probar. El contexto nos habla de un ambiente más bien festivo en el que el colectivo mexicano, lejos de su hogar, hace eco del llamado de su propio himno nacional que le llama a guerrear. Se defiende ante el enemigo profiriendo alaridos intimidatorios. Establece complicidades con sus congéneres por el sentido oculto y subversivo de su máxima expresión de batalla. Expresión de fuerza que también tiene su raíz en la figura del macho casi omnipotente (el que puede montar cualquier cosa sin leer las instrucciones). Pero no estamos en el diván del psicoanálisis, ni ante un tribunal de una moral universal.

El grito adquiere una dimensión diferente en el tiempo del partido y el espacio del estadio . - tuitéalo    

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Los ritos tienen un tiempo y un espacio: tempus y templum. Este ritito no es la excepción, por lo que tiene su tiempo festivo durante los noventa minutos que dura un partido de fútbol y su recinto en el estadio de turno. Dentro de ese marco espacio temporal el grito de guerra queda enmarcado como manifestación alegre de un vínculo con otros que comparten una misma afición. Poco importa el color de la piel o las preferencias sexuales del destinatario, lo que se resalta es que se trata del rival al que hay que vencer y  la tribuna hace lo suyo con el alarido. Si alguien lleva esto más allá de las fronteras del ritito se le aplicará esa expresión tan futbolera: está fuera de lugar. Así que México se despide de Brasil, pero es muy probable que el grito de guerra permanezca. Puto es una palabra que designa de manera despectiva a un homosexual. Aunque dentro del ritito es válido decir: pero ahorita no.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

8 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Por lo que das a entender, parece como si el ‘ahorita’ fuese el ‘aquí y ahora’ a la mexicana… pásate por el Gg porque hay un hilo que tal vez, tenga que ver con esto…

    • Carlos Girón   •  

      Pasaré por ahí Jerby para poder decirte algo de mejor manera. Aunque ya de entrada puedo acotar diciendo que el ahorita es una expresión un poco caprichosa: una reafirmación de que el tiempo te pertenece y que, por tanto, decidirás moverte cuando lo estimes oportuno. Dicho de una manera elegante, porque bien se podría decir de manera coloquial como lo hacen en el pueblo de mi padre. Pero eso mejor me lo reservo. 🙂

  2. Bolboreta Papallona   •  

    El ‘ahorita’ mexicano me recuerda al ‘ara’ valenciano.
    Curioso cuando menos: el catalán que se habla en la zona de Valencia está lleno de diminutivos, como tú cuentas del mexicano. Tantos que, a veces, se usa el diminutivo del diminutivo. No es el caso del ‘ara’, pero su significado se me asemeja al del ‘ahorita’, al menos en esa zona.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querida mariposa, qué bonito es dialogar entre mágicos seres. Qué bonito es lo bonito, no podía dejar de decirlo. Como tengo el gusto de conocer a varios valencianos creo tienes razón. Sobre todo en el sentido de suspender el tiempo y aplazar las cosas de manera indefinida. La gracia está, me parece, en remarcar la dimensión diminuta del tiempo. Es como si se supiera que todo se resuelve en un instante, pero uno que es completamente indeterminado. Mira, ahora que lo escribo recuerdo que esa es justo la noción de instante que aparece en la Biblia. Habrá que explorar un poco más el tema. ¡Abrazo lepidóptero! 🙂

  3. jony   •  

    Hola Carlos!
    Lástima que México no ganara. La verdad, es que tiene un muy buen equipo. Lo que pasa, es que creo que no se le creían y por eso la eliminación. Eso suele pasar muchas veces jejej.
    Un abrazo!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jony! Pues sí que has sido una lástima. Sobre todo por la manera en que se despide de la contienda. Pero ni hablar, seguirá siendo un misterio eso de replegarse en los últimos minutos. Falta de confianza seguramente, pero aún así misteriosa. Lo bueno es que siempre hay un siguiente mundial para volver a intentar. ¡Un abrazo fuerte!

  4. Carolina   •  

    El partido fue contra Brasil?? Podía haber ganado México, que Brasil, Brasil, siempre los mismos ya huelen :-D. Me he reído cuando has mencionado al Chavo, cómo me partía cuando salía la mujer aquella yendo detrás de don Ramón. Espero no confundirme con el Chapulín Colorado :).
    En esto de los deportes multitudinarios,siempre hay cierto “vocabulario”. Ahora no sé, pero cuando iba yo de adolescente a ver los partidos de baloncesto, al árbitro se le decía “chulo” y con palmadas, cuando no se estaba de acuerdo con su actuación: chulo chulo (plas plas plas) chulo chulo (plas plas plas)….
    Un abrazo 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Carolina! Estás en lo cierto con el personaje. Sin duda uno de los más emblemáticos de México. Por otro lado, el partido fue con Holanda, pero la polémica se generó desde el primer momento en que mis compatriotas mostraron su ahora famoso grito. Al final lo importante es poder reír y aprovechar esta oportunidad para reflexionar y extraer así cosas interesantes. Cosa que me da mucho gusto poder compartir por aquí con ustedes. ¡Un abrazo!

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