Estética ontológica: diálogo entre filosofía y poesía

Una reflexión sobre filosofía y poesía

Cuando Octavio Paz se pregunta por el ser de la poesía una distinción fundamental aparece sobre la mesa: poesía y poema no son sinónimos. En efecto, no porque un poema cumpla con los requerimientos técnicos para ser considerado como tal se puede afirmar que éste sea ya poesía, pues ésta tiene un estatuto diferente que no se da, o no acontece, gracias al seguimiento de una especie de receta. El poema contiene poesía cuando logra llevarnos a una peculiar experiencia, a saber, aquella que “es siempre un ir más allá de sí, un romper los muros temporales, para ser otro. […] El poema es mediación: por gracia suya, el tiempo original, padre de los tiempos, encarna en un instante”. Paz es un claro ejemplo de un diálogo constante entre filosofía y poesía.

La experiencia poética, como vemos, tiene que ver –para Paz– con una apertura a una dimensión temporal originaria, esto es, el poema, como obra en la cual la poesía puede manifestarse de manera más propia –aunque no exclusiva–, abre la posibilidad de acceder al tiempo original, al tiempo mítico del origen. Cuando la poesía roza al poema y le impregna con las bondades de la dimensión originaria, lo que se posibilita es el acceso a una fuente de creación, a una fuerza creativa que se varía y particulariza en cada obra. El tiempo originario es uno, pero lo que del acceso a él se deriva es múltiple. - tuitéalo     Esto explica el hecho de que cada poema, sea salido de la mano de Píndaro o del mismo Paz, tengan un aire de familia, una remisión a un tiempo originario que constantemente se recrea.

Filosofía y poesía: entre lo uno y lo múltiple

“Pues el poema es vía de acceso al tiempo puro, inmersión en las aguas originales de la existencia. La poesía no es nada sino tiempo, ritmo perpetuamente creador”, dice el escritor mexicano. El poema es puerta a una comprensión más originaria de la existencia en la medida en que posibilita una experiencia que nos conecta con el ritmo (tiempo) creador y originario, esto es, la experiencia estética de la poesía está íntimamente ligada con la posibilidad de acceder a una dimensión de carácter ontológico: la de la existencia. Acceder a un tiempo originario no es un mero perderse en una experiencia de corte místico e inefable, sino que implica echar un vistazo a la raíz del ser mismo para desplegar entonces un logos, un decir con respecto a él. Lo que se logra en la experiencia estética, entonces, es el ponerse de frente a la faz originaria de la existencia, posibilitando así un decir ontológico más propio.

La experiencia estética nos pone de frente a la faz originaria de la existencia. - tuitéalo    

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Es apelando a este acceso a una fuente privilegiada que Emilio Uranga, filósofo mexicano, acude a los poetas. “En el poeta el ser habla con su propio lenguaje. La poesía no traduce a términos ajenos al ser, el ser de sus vivencias, sino que lo pasa al lector casi en puridad”, nos dice Uranga en su Análisis del ser del mexicano. Aunque aquí debe zanjarse una dificultad en donde ontología y estética se encuentran: la de la conjunción entre lo universal y lo particular. En efecto, la experiencia poética, como ya hemos dicho, posibilita el acceso al tiempo originario que tiene un carácter universal pero que se manifiesta o se despliega en una obra particular como lo es el poema. De la misma manera, el ejercicio de autognosis que busca esclarecer el modo de ser del mexicano encierra en esta misma expresión una paradoja que conjunta lo universal (ser) con lo particular (del mexicano).

Antropología y ontología: entre México y Europa

Ante la pregunta de si el análisis del ser del mexicano nos dará como resultado una teoría particular y no elementos generales, Uranga responde, desde Heidegger, que lo primero es la pregunta por el ser y sólo entonces se podrá estar en condiciones de plantear otro tipo de cuestiones (antropológicas, por ejemplo) generales o particulares. No obstante, el punto de partida del análisis no puede darse desde algo así como el “hombre en general” que, de acuerdo al filósofo mexicano, no es otra cosa sino una “humanidad europea generalizada”. De aquí que la pregunta por el ser deba ser abordada desde una experiencia particular, desde un modo de ser en específico: el del mexicano. Se trata entonces de determinar una estructura general del ser a través de una experiencia particular y conjuntar, así, una ontología general y una particular.

La experiencia del ser, que es general, se da siempre desde un modo particular de ser.  - tuitéalo    

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En el caso de la estética debemos agregar un elemento peculiar: el del tiempo. En efecto, una obra que apela a un tiempo originario y que logra constituirse en medio para acceder a él logra, de inmediato, un estatuto temporal particular. Las obras y los artistas, como bien lo sabe Paz, se sitúan en un momento determinado, esto es, se desarrollan en un tiempo particular, en una época. No obstante, ambos, en la medida en que logran llenarse de poesía, logran una cierta inmortalidad en la medida en que, habitando en su tiempo, van más allá de su tiempo. Schiller lo ha expresado en estas hermosas palabras:

El artista es sin duda hijo de su tiempo, pero ¡ay de él que sea también su discípulo o su favorito! Que una divinidad bienhechora arrebate a tiempo al niño del pecho de su madre, que lo amamante con la leche de una época mejor y le haga alcanzar la mayoría de edad bajo el lejano cielo de Grecia. Que luego, cuando se haya hecho hombre, vuelva, como un extraño, a su siglo; pero no para deleitarlo con su presencia, sino para purificarlo, temible, como el hijo de Agamenón. Si bien toma su materia del presente, recibe la forma de un tiempo más noble, e incluso más allá de su tiempo, de la absoluta inmutable unidad de su ser. De este puro éter de su naturaleza demónica, nace la fuente de la belleza, libre de la corrupción de las generaciones y del tiempo, que, muy por debajo de ella, se agitan en turbios remolinos.

La experiencia estética de acudir al tiempo originario no sólo tiene como consecuencia la producción de obras bellas, sino también abre la posibilidad a una existencia bella. Aunque esto no deja de provocar una relación conflictiva: vivir en un tiempo con la necesidad de salir de él para transformarlo, para recrearlo. Paz nos dice en la misma línea de Schiller: “El poeta utiliza, adapta o imita el fondo común de su época –esto es, el estilo de su tiempo– pero trasmuta todos esos materiales y realiza una obra única”. Esta operación requiere de poner en libertad lo particular para que se alce hasta lo universal: atender al tiempo originario para escapar, por un instante, de las determinaciones del presente. - tuitéalo     Alzar la mirada a lo universal y volver con bríos renovados para la recreación: mirar a los ojos al propio ser para asumir un ser propio.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

8 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Carlos, ya sabes que yo soy más de ‘polvo de estrellas’. Podemos ir al tiempo original, pero yo prefiero el universo actual; aunque sé que muchas de las estrellas que veo puede que ya hayan desaparecido y las que todavía existen no están donde las veo.

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos mi querido ratón! También en el universo actual está el tiempo original, esa es precisamente la función poética o creativa. Entrar en contacto con las fuerzas del origen para desde ahí mirar lo que está aquí y ahora. Sólo así se puede pensar en un horizonte de futuro. ¡Un abrazo roedor!

  2. Bolboreta Papallona   •  

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    –e.e.cummings

    • Carlos Girón   •  

      ¡Hermoso mi querida mariposa! Pero mientras esa hoja va cayendo somos muchos los ojos que la acompañamos. La soledad se va diluyendo entonces entre miradas que se acompañan. ¡Abrazo lepidóptero!

  3. Carolina   •  

    Hola Carlos 🙂
    para mí, así sin pensar, poesía es el género literario y poema pues es el extracto, un trozo de poesía. Pero por lo que leo, tú pones el listón mucho más alto 🙂
    Un abrazo 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Carolina! La clasificación que mencionas es correcta. La cosa aquí es que la etimología de la palabra poesía conecta con la idea de creación. Desde ahí se ve que en toda obra de arte hay algo de poesía. Por eso la reflexión toma este camino. Pero la poesía sigue siento un género de donde germina el poema. ¡Un abrazo!

  4. Jacinto Martin-Prat Valls   •  

    Impresionante tus comentarios filosófico-poéticos.Sin ninguna duda ambas estan mas que relacionadas,desde el memorable Shakespeare y su monologo del”Ser o no ser…” hasta Calderón de la Barca con:”¿Qué es la vida? Un frenesí.¿Qué es la vida? Una ilusión,una sombra, una ficción,
    y el mayor bien es pequeño:que toda la vida es sueño,y los sueños, sueños son.”Aunque uno, en su pequeñez, disiente sobre que la pregunta primera de Uranga-Heidegger sea sobre el Ser. Esta pregunta o es irresoluble o lo responde el devenir de la propia vida. Lo cual no significa que tengamos que seguir buscándola.Un abrazo.

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jacinto! Hay muchas trincheras desde donde la pregunta por el Ser se aborda. Ya cuando hablas de la vida, por ejemplo, la misma pregunta por el ser de la vida se puede colar al menor descuido. En el caso de estos autores ha sido la palabra, y particularmente la palabra poética, la que les ha llevado a seguir el camino de esta reflexión. Así que, como bien dices, si es o no la pregunta primera (en sentido cronológico) poco importa, porque seguro seguiremos encontrándola en el camino. ¡Un abrazo!

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