Sobre la aparente contradicción entre la ciencia y la ficción

Contradicción fértil para la creatividad humana

Ciencia y ficción son dos vocablos que difícilmente podríamos imaginar juntos si atendemos a la idea inmediata que de ellos podemos hacernos. Por un lado, un tipo de saber que exige la visión, la corroboración sensorial del dicho, de la proposición o de la hipótesis, y, por otro, una forma de visión que es más bien interna, que se escabulle del escrutinio y del imperio de la adecuatio buscando evitar la asfixia con grandes bocanadas de posibilidad. Permítase aquí la provocación al pensamiento: mientras que en la ciencia bien podría reinar el dicho “ver para creer”, la ficción alza como su bandera un imperativo que demanda la creencia para hacer posible la visión. Se nos imponen aquí cuatro elementos: dos polos (ciencia y ficción) y dos términos de relación (visión y creencia). No sería complicado, entonces, pensar que lo que de entrada parece ser una oposición absoluta resulta ser en realidad un mismo elemento visto desde su anverso y reverso.

En efecto, podemos pensar la ciencia como un recorrido que va de la visión a la creencia, mientras que la ficción parte de esta última para que algo sea visto. Tenemos, entonces, una especie de telescopio que si se coloca por la mira de la ciencia nos ofrece una perspectiva, pero que solo hace falta mirar por el lado contrario para tener una imagen distinta de la misma cosa, es decir, la perspectiva de la ficción. De inmediato podrán saltar las fieras agazapadas para señalar que la creencia no va muy bien con la ciencia y que nada hay más lejano de ella que la ficción, pero no es nuestro objetivo entrar aquí en este terreno. Sí lo es, por el contrario, partir de esta sencilla propuesta esquemática para decir dos palabras en torno a un género de gran auge en la cinematografía en nuestros días: la ciencia ficción.

Ciencia ficción es una aparente y fértil contradicción de términos. - tuitéalo    

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Si bien el esquema propuesto no resistiría demasiado tiempo a un cuidadoso escrutinio epistemológico, sí permite ver cómo ahí donde la ciencia devela, la ficción sobrevuela. Dicho en otras palabras, cuando la ciencia corre un velo a través de su hacer, es decir, cuando des-cubre algo, la ficción encuentra también ahí terreno fértil para proyectar posibilidades que el científico no se podría plantear del todo. Si se permite aquí un juego de palabras diremos que es precisamente en este proyectar donde podemos encontrar el gozne entre la ciencia, la ficción y la cinematografía.

El cine, es claro, tiene su fundamento técnico-material en la proyección de imágenes mostradas de manera sucesiva a una velocidad tal que se fabrica la ilusión de movimiento (primera ficción en la que se sustenta este arte). Pero la idea de proyección puede ser llevada más allá de un elemento meramente técnico y pensarse como la acción de “futurizar”, es decir, de abrir el horizonte temporal para imaginar eventuales desarrollos de hechos, acciones o historias por venir. Esta operación es precisamente una generación de ficción, algo con cierto aire de irrealidad en la medida en que no ha aterrizado en el suelo concreto de los hechos: tabla de disección en la que la ciencia puede fijar su mirada. Podemos dibujar así un trayecto: la ciencia descubre y ahí, en lo descubierto, la ficción proyecta posibilidades cuyo acercamiento máximo a la realidad se da gracias a la proyección cinematográfica.

La misma idea de sujeto bien puede pertenecer al terreno de la ficción. - tuitéalo    

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Ciencia y ficción constituyen un binomio de conceptos en torno al cual podemos pensar las líneas del pensamiento contemporáneo. En una época marcada por las imágenes, y por las imágenes cinematográficas de manera particular, no podemos dejar de hacer notar que es en el punto de roce entre estas categorías en donde encontramos un enorme desarrollo y un gran auditorio. Nuestro tiempo está acostumbrado a maravillarse ante la perspectiva que hace nacer la creencia en aquello que parecía imposible a partir del sentido de la vista. Mientras que, por otro lado, genera maravillas creyendo en lo imposible y abriendo lo más posible los ojos de la imaginación, cosa que regularmente implica cerrar los ojos físicos.

Entre ciencia y ficción, además, podemos situar a un sujeto que no hace sino pendular entre convicciones científicas y divertimentos de ficción, haciendo y deshaciendo mundos desde su vaivén. Pero el sujeto mismo es una idea, un constructo al que todavía no podemos renunciar –a pesar de las críticas devastadoras en su contra. Su presencia es denunciada como una ficción, como algo a ser superado. Pero su ausencia, como hemos visto, más que brindar certeza, parece abrir también un campo ficcional que plantea un reto a nuestra concepción del mundo en general: ¿cómo pensar, moverse y habitar el mundo prescindiendo de la noción de sujeto por más ficcional que pueda resultar?

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

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