“El baile”, Némirovsky y la abrupta madurez

Un breve libro de Irène Némirovsky que relata el paso al mundo adulto

La Segunda Guerra Mundial se llevó muchas cosas: las vidas de miles de personas, la inocencia de una generación y las esperanzas de muchas familias. Una herida de esa magnitud tarda mucho en cerrar, no es nada sencillo. Ya Robert Antelme nos contaba de las atrocidades de los campos de concentración. Esas fábricas de muerte con sus humaredas de ignominia fueron la tumba de Irène Némirovsky, novelista de origen ucraniano que fue enviada y asesinada en Auschwitz en 1942. Sus dos hijas resguardaron las maletas que contenían el manuscrito de su gran obra: Suite francesa. Aunque aquí nos ocuparemos de otro de sus realtos que, aunque breve, contiene una gran historia: El baile.

Quienes vivieron la primera mitad del siglo XX están marcados por los conflictos bélicos. Némirovsky nació en Kiev justo en el inicio de este periodo, en el año 1903. Su primer contacto con las convulsiones del mundo fue en 1918 cuando su familia tuvo que huir de la Revolución rusa, ya en el marco de la Primera Guerra Mundial. Se establecieron finalmente en París donde, en 1926, obtuvo la licenciatura en Letras por la Sorbona. La primera novela que le haría ganar notoriedad, David Gosler, fue publicada en 1929. A este trabajo le siguió en 1930 la obra que aquí nos ocupa. Su estilo fue reconocido de inmediato, y es que Némirovsky tiene una gran capacidad para mostrar la profundidad de las cosas sin tener que dar muchos detalles.

Némirovsky: la novela que es como un retrato

Lo que encontramos en la escritura de Irène Némirovsky es la labor de un retratista. Con unos cuantos colores y pocas formas logra mostrarnos la totalidad del carácter de una persona, nos pinta lo complejo de una situación congelando sus detalles, incluso los que parecen permanecer en silencio. El baile es una obra sumamente breve, un relato en seis partes que da cuenta de algo casi imperceptible, pero que es algo que todos hemos experimentado: el paso de la inocencia de la infancia al ámbito de la responsabilidad y el peso de lo real. Una genial manera de mostrar el desencantamiento del mundo tan propio de un periodo bélico. La humanidad despertó tanto como Antoinette al saborear la venganza. - tuitéalo    

El talento de Némirovsky está en la capacidad para regalar instantes plenos de sentido. - tuitéalo    

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Los protagonistas son los Kampf, una familia que, por un golpe de suerte en los giros de la economía, ha dado el salto a la opulencia. Los nuevos ricos, como bien se sabe, pueden ser personajes sumamente cómicos. Pero la comedia suele coquetear con la tragedia, le atrae su aroma y le resulta complicado mantenerse a distancia. Imaginar a la señora Kampf es el ejemplo perfecto de esta situación: una mujer odiosa que se regodea en su nueva condición, esa que ha estado buscando desde hace mucho tiempo. Mujer de pocos escrúpulos cuyo único interés es vivir a sus anchas gracias al dinero que ahora llega en grandes cantidades. Poco importa si en el camino es su propia hija la que debe sacrificarse. Las escenas de rabietas y sus ridículas preocupaciones son las que nos hacen pasar del odio a la sonrisa en más de una ocasión.

La situación se complementa con la organización de un baile. El señor y la señora Kampf se preparan para mostrar su nuevo poder económico ante aquellos que les veían con cierto desprecio. En la carrera por el éxito, si es que el éxito está en el dinero, hay demasiada falsedad, demasiadas apariencias que componen un juego teatral que es la delicia del cínico. Nosotros, los lectores, somos precisamente Diógenes leyendo divertido desde su barril. Podemos apreciar todas las fallas, las máscaras, lo profundamente banal de las preocupaciones que se expresan. Pero la mirada que nos guía es la de Antoniette que a sus catorce años ve nacer en ella el deseo de la muerte, el odio, el rencor y la venganza. La joven tiene prohibido asistir al baile, y ya sabemos el poderoso efecto de la prohibición y la represión. Será ella quien convierta la obsesión de su madre en la ocasión perfecta para mostrar el absurdo de la vida en sociedad. Estos son los componentes del retrato.

El salto abrupto a la madurez en el ocaso de la inocencia

El retratista debe saber capturar el instante y El baile nos ofrece precisamente eso: una colección de instantes reveladores. Hay dos líneas fundamentales que se desarrollan sobre la base de color que es la organización de este importante evento para los Kampf. Por un lado tenemos a la señora Kampf, Rosine, que va urdiendo su triunfal entrada en el mundo de los ricos. Mientras que, por otro, Antoniette, su hija, sueña con su presentación en sociedad, con el amor que le espera en los brazos de los hombres y las aventuras de un mundo lejos de las lecciones de piano y la supervisión de una inglesa que le hace de dama de compañía.

La relación madre e hija se da entre el eclipse y lo especular. - tuitéalo    

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Al final, se trata de dos anhelos, de proyectos de vida que buscan realizarse. Es aquí donde Némirovsky vuelve a mostrar su gran talento poniendo la relación entre madre e hija como Sol y Luna en juego de eclipses. Las dos quieren brillar, cada una a su manera, pero parece imposible que lo hagan al mismo tiempo. Las emociones se presentan: celos, egoísmo, odio, pasión y deseos que van desde un beso hasta la propia muerte. Madre e hija están en una carrera que tiene como consecuencia la abrupta caída de los velos de la inocencia para Antoniette. Todo acontece en un instante en el que, presa de la rabia por la prohibición maternal y de los celos por el amante de su dama de compañía, la joven arroja en las aguas del Sena la oportunidad anhelada de su madre. Rosine, mientras tanto, nos da su perspectiva de la vida:

¡Ah!, ¡la vida estaba mal hecha! Antes, su cara con veinte años, sus mejillas sonrosadas, pero también las medias zurcidas y la ropa interior remendada… Ahora las joyas, los vestidos, pero también las primeras arrugas… Todo eso iba junto… Cómo había que apresurarse a vivir, Dios mío, en agradar a los hombres, en amar…

Al final acontece el vacío. Las puertas de la casa de los Kampf se abren sólo para enseñarle a Antoniette que una mentira es capaz de mostrarte la esencia del mundo: escenario del drama humano, del dilema del erizo que elige entre tiritar de frío y la pinchadura de la espina del vecino. La presentación de la joven en sociedad, su paso a la madurez, se lleva a cabo a pesar de los intentos de su madre. Pero ese baile majestuoso sólo cuenta con nuestros ojos como invitados, cómplices y testigos de la irremediable cercanía entre madre e hija. Conservemos el secreto, esa llave maestra del juego de la sociedad. - tuitéalo    

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Ahora, las fases de la adolescencia se miran por el tipo de móvil que llevas…

    • Carlos Girón   •  

      Qué tantos permisos tienes en tu iPad también sería un buen criterio. Ha caído en mis manos un libro que creo que le va a gustar mucho a cierto ratón. ¡Abrazo roedor!

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