Las justas dimensiones de la exclusión

Dentro de las dimensiones de la exclusión también cabe la justicia

Se dice que la humanidad está más conectada que nunca. Las distancias no se piensan de la misma manera cuando en unos segundos puedo intercambiar líneas de texto de un punto a otro del planeta. La espera ve como llega su caída: la velocidad es un deber, el ahora es donde todo acontece y por tanto el punto de la línea temporal que engulle todo el valor. No es de extrañar que a este vértigo de la velocidad se opongan movimientos que buscan espacios íntimos, separados y propios. Es aquí donde las dimensiones de la exclusión cobran relevancia: ¿qué nos queda hacer cuando la igualdad se ha alcanzado haciendo de nosotros una cifra (número telefónico, correo electrónico, etc.)?

No te asustes, no me he convertido de pronto en un tecnófobo. El problema que veo es que la polarización entre el tecnófilo y el tecnófobo puede hacer que ese territorio intermedio, siempre rico en temas de reflexión fundamentales, termine por perderse. En otras palabras, hay que visitar ambos territorios para poder encontrar los matices en los argumentos y construir entonces una mejor tierra media para todos. La preocupación, en suma, es la de las condiciones de convivencia en un contexto en el que la tecnología es una realidad y una que no parece que vaya a detenerse.

Pertenencia y exclusión

Una de las necesidades básicas del ser humano en tanto ser social es la de pertenencia. Este elemento se encuentra justo en el corazón de la famosa pirámide de Maslow con las necesidades de afiliación. Nuestras relaciones con los demás no son un mero accesorio en nuestra vida, sino que cumplen con una función vital que nos afecta profundamente. Pero habría que hacer notar un par de elementos interesantes: por un lado el hecho de que esta teoría se orienta hacia la autorrealización, es decir, que tiene en el individuo singular su estrella del Norte y, por otro lado, que la pertenencia es un concepto que supone ya un cierto grado de exclusión.

Reconocerse como parte de un grupo es también saber lo que nos separa y distingue. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Ambos elementos están íntimamente vinculados. Nuestra necesidad de pertenecer a un grupo, de sentirnos reconocidos y cobijados al seno de una familia, de un grupo de amigos o de cualquier grupo con intereses afines, es fundamental para dar el paso hacia las necesidades de reconocimiento y autorrealización. Pero subir en esta escala supone al mismo tiempo un cierto grado de exclusión, es decir, que para pertenecer, en primera instancia, hay que realizar una operación que distingue una cosa de otra, una apuesta que hace pasar la frontera de lo igual para dar el paso hacia lo específico. Dicho en otras palabras, reconocerse en la pertenencia a un grupo implica detectar lo que les une y distingue de otro grupo: lo que hace que otros no estén ahí, es decir, lo que les excluye.

La justa exclusión

Consecuencia de lo anterior es el considerar que dentro de las dimensiones de la exclusión hay también la de la justicia. La palabra exclusión misma nos dice que se trata de una acción que saca de un conjunto o recinto que al mismo tiempo queda cerrado para eso o ese al que se ha puesto fuera. ¿Cuándo es justo realizar una operación de este tipo? Cuando la pertenencia se pone en juego, es decir, cuando se trata del reconocimiento de los elementos suficientes y necesarios para que el conjunto sea tal. Pero ojo que es aquí donde se encuentra el arma de doble filo: ¿qué tipo de elementos cumplen realmente con estas condiciones como para justificar la exclusión?

Consenso del individuo y permeabilidad del grupo son los márgenes de una justa exclusión. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

En el caso en el que nos hemos situado habría que tener al individuo como elemento orientador, es decir, que el reconocimiento y la aceptación de una serie de elementos o características que constituyen a un grupo deben estar alineadas con lo que la persona quiere y espera para sí misma. La aceptación de las reglas del grupo por parte del individuo y que el colectivo resulte permeable a aquel que las cumple tanto para su entrada como para su salida son elementos que nos permitirían medir la salud, por decirlo de alguna manera, del mecanismo de exclusión. Estar dentro de este margen de seguridad ayuda a cumplir con las necesidades de afiliación y al mismo tiempo detectar claras desviaciones perversas que, por ejemplo, busquen suplantar la singularidad del individuo con la del grupo. Somos nosotros los que damos sentido al grupo y no a la inversa. - tuitéalo     Aunque esto no significa, como vemos, que se pueda prescindir de la pertenencia.

La singularidad y las dimensiones de la exclusión

La velocidad de la que hablamos en un inicio nos lleva a ver que en el tiempo de la hiperconectividad hay también una gran demanda de actividades como la meditación o el yoga. Prácticas colectivas, sin duda, pero con una clara intención que se dirige más hacia el interior de la persona misma. Estos grupos, donde también opera la exclusión, son una búsqueda de un espacio propio, de un tiempo para nosotros mismos donde la vorágine del mundo pueda hacer una pausa. Desconectar del teléfono móvil, del reloj y todo dispositivo que nos conecte con ese ritmo de vértigo es una característica indispensable para la salud del grupo. Saber reconocer esto es también crucial para el individuo mismo, para poder adaptarse y vivir de acuerdo a los distintos ritmos de la vida construyéndose pequeños ámbitos de pertenencia.

La exclusión como mecanismo de reintegración espiritual debe tomarse siempre con muchas reservas. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Lo que se muestra es que somos seres que habitan en las zonas intermedias: construimos nuestra más íntima pertenencia bogando de una justa exclusión a otra. Quien cree que se distingue por ir en contra de la mayoría no hace sino una exclusión que abre otro ámbito de pertenencia donde siempre habrá más de uno. Pero hay que tener cuidado con hacer de la exclusión la condición sine qua non para pasar por una cierta purificación. La permeabilidad es siempre la mejor muestra de salud de un grupo: la libertad de ir y venir de él para hacer así la construcción de una singularidad realmente propia. Michel Foucault supo ver muy bien los grupos en donde la exclusión social era uno de los mecanismos fundamentales para la reintegración espiritual. Es esta dimensión contra la que tenemos que resguardarnos para no hacer del tecnófobo el nuevo santo, ni del tecnófilo un pobre condenado. Valgan las mismas consideraciones y reservas para todo grupo que en nuestros días busca erigirse como alternativa salvadora de las miserias del mundo.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Con tantos grupos de Google+ y Facebook dando vueltas por la red, la exclusión toma otro sentido.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón. Sin duda que la exclusión en las redes sociales tiene una dimensión muy importante. La posibilidad de cerrar los grupos hace que se conviertan en espacios donde también hay rituales de admisión que separan a los elegidos del resto. Es la manifestación de lo humano que busca pertenencia, virtual y muy real, en cada rincón donde le sea posible. ¡Abrazo roedor!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.