El carnaval: nota crítica a la teatralidad de la microsociología

Una alternativa a la teatralidad está en el carnaval

La semana pasada te invitaba a dar un repaso por la terminología teatral que Erving Goffman utiliza para su propuesta de microsociología. Dentro del mismo texto te anunciaba que había un elemento ante el que se podía tener una perspectiva crítica. En concreto me refiero a ese punto en el que el backstage no era sino un escenario alternativo que, a su vez, debía encontrar su propia dimensión posterior. El juego de espejos que se genera con idea como esta llamó la atención de una de mis atentas y queridas lectoras (gracias María Isabel), por lo que me he animado a incluir la nota crítica para dar un poco más de información sobre el tema.

Para hacerlo no puedo sino acudir a mi querido Eugenio Trías. El filósofo español elabora en uno de sus libros de juventud una propuesta ética basada en el concepto de carnaval. Este tipo de planteamientos encuentran su fundamento en esa euforia desatada por todo aquello que se anuncia en la metáfora de Foucault que pregonaba el desvanecimiento del hombre como una figura de arena. La crítica a la subjetividad como una forma de sujeción, como una forma de poder, des-ata aquello que se encontraba reprimido: la multiplicidad de las máscaras. Algo que tiene por todas partes el aroma de Nietzsche, por lo que quien se interese en estos temas podría seguir ese rastro.

Entre Nietzsche y Trías se puede dibujar una ética del carnaval. - tuitéalo    

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En este sentido, la propuesta triasiana se sustenta en la sustitución del concepto de persona, ya demasiado contaminado por filosofías sustancialistas, por el más directo de máscara o disfraz. Así, la unidad de la personalidad resultaría aparente ante una efectiva multiplicidad escondida detrás de la máscara: la máscara es una, pero detrás de ella hay una multiplicidad en ebullición. Se apunta así a una configuración de la subjetividad como sucesión discontinua de “instantáneas dispersas”. La imaginación cobra una importancia mayúscula en esta concepción, pues se trata de dar rienda suelta a la misma para mantener abiertas las posibilidades de generación de máscaras:

La represión de la imaginación tiene lugar cuando una máscara olvida su condición «ficticia» y se yergue en entidad sustancial, engendrando de este modo una conciencia o yo. Eugenio Trías

¿Teatro o carnaval?

Hasta aquí parece que nos situamos en la misma línea de la que parte Goffman, aunque de hecho se ha colado ya un elemento disonante. Para el sociólogo canadiense de lo que se trata es de pensar la configuración de la fachada en tanto que fundamental para la interacción social, pero para Trías es la construcción lo que constituye al individuo mismo. La inversión se da en el siguiente sentido: mientras para Goffman la configuración de una máscara se resuelve desde un plano moral, esto es, desde la adecuación a una circunstancia en la que se busca provocar una impresión adecuada, para Trías se trata de asunto ético en el que el individuo se va constituyendo como multiplicidad, es decir, que las máscaras generadas las hace desde su propia imaginación y para sí.

Sin un espacio distinto al escenario la imaginación corre el riesgo de marchitarse. - tuitéalo    

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La teatralidad del conjunto de interacciones sociales propuesta por Goffman ponen la actuación por encima del actor, mientras que en la perspectiva de Trías es la imaginación creadora de máscaras la que constituye al carnaval y no éste el que da sentido a la presencia de las máscaras. Esta no es una cuestión baladí, pues asumir la primera postura nos lleva a una concepción del sujeto como mera percha donde se cuelgan atributos, mientras que la segunda le concede a esa percha un papel activo, le concede la posibilidad de configurar su propia realidad y no sólo limitarse a elegir dónde quiere encajar. En otras palabras, en la microsociología de Goffman el protagonista es la actuación y todo aquello que sirve para armarla y para sostenerla, mientras que para Trías el protagonista sigue siendo un sujeto entendido como multiplicidad móvil, como constante devenir. Aunque, al final, existe una línea de continuidad dada por ese sujeto creador: hay un yo que se crea una diversidad de máscaras a lo largo de su vida. - tuitéalo     Es por esto que Trías prefiere la noción de sujeto a la de individuo, pues no somos uno de una vez y para siempre, seres sin división alguna, sino que estamos en constante variación de un sí mismo.

El sujeto del carnaval como salida del eterno escenario

Dice Goffman: “El mundo entero no es, por cierto, un escenario, pero no es fácil especificar los aspectos fundamentales que establecen la diferencia”. Me parece que esta manera de ver el conjunto de lo social elimina la posibilidad de concebir al individuo como sujeto creador, como autor de su propio guión por más que lo escriba siempre en compañía. La infinita sucesión de escenarios excluye la dimensión creativa que hace posible ir más allá de unas normas preestablecidas, de una selección del rol. Pensar el sí mismo como una entidad maleable y nunca del todo fija no implica anularla del todo, sino que aún siendo una construcción hay que dar crédito a su autor que sin duda es más que una percha. Sin ese autor el escenario realmente está en riesgo de desvanecerse. - tuitéalo     Podemos quitarle responsabilidades y relevancia, pero nunca perderlo del todo.

De esta manera, cuando hablamos de la vida como una representación teatral o calificamos lo que alguien hace como puro teatro, podemos decir que en parte tenemos razón. A lo largo de la vida nos construimos fachadas en complicidad con los equipos de actuación para interactuar con otros. Siguiendo esta idea llegamos a la construcción de la persona como constante representación de una actuación. Se esté ante el público, en la región posterior o a solas, la actuación se sigue llevando a cabo, por lo que el espacio para la espontaneidad, para la improvisación parece quedar muy reducido. No hay respiro para el actor de Goffman. Introducir este elemento implica plantearse la posibilidad de un sí mismo fijo detrás de la máscara, plantear la posibilidad de que la persona sea multiplicidad de máscaras pero con un punto de partida más o menos estable.

Hay que esforzarse por pensar la relación sin anular a la partes: un nosotros incluyente. - tuitéalo    

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Pensar a la manera de Goffman nos lleva a realizar un análisis de lo social que puede prescindir del actor, del sujeto, es decir, que se explica a éste tomando a la parafernalia que lo rodea como lo más importante. Seguir a Trías en la idea de persona como constante variación de máscaras, por el contrario, nos vuelve hacia la consideración de ese leitmotiv que, a pesar del cambio, se conserva, es decir, nos hace ver la parafernalia como algo determinado por el sujeto. Una postura intermedia plantearía que el sujeto genera parafernalia y ésta tiene un impacto en el mismo sujeto y en los otros. Lo importante  estaría en la relación de los elementos que respeta la alteridad de cada uno de los componentes, que le brinda espacio para el respiro de lo espontáneo y de lo propio. Así, no hay que olvidar que el actor sin un espacio para llevar a cabo su acción no es nada y que, por más parafernalia que tenga el espacio, sin actor nada acontece.

Así, la terminología de Goffman puede resultar muy útil tanto para pensar los colectivos humanos como para organizar uno en función de un objetivo común. Pero hay que saber siempre que el rol o papel es un momento efímero, que la acción se consume y el sujeto creador y creativo permanece ahí para realizar nuevas acciones. Tiene el derecho a un respiro, necesita tomar un poco de aire para renovar la energía y volver a sus múltiples escenarios donde siempre puede abrirse un espacio para la improvisación. En otras palabras, no hay que hacer de los conceptos que ayudan en la descripción una cárcel que termine acabando con lo mismo que les ha hecho posibles: la creatividad espontánea de un sujeto. La actuación tiene sus límites y hay que saber reconocerlos.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Gracias, Carlos… cuando alguien me pregunte por qué llevo esta máscara ratuna, le pasaré este post…

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jerby! El carnaval, de acuerdo a la recuperación que hace de él Trías, es ese espacio de liberación de las normas que renueva los vínculos sociales. Sin duda que esas máscaras de Blogramé son este viento fresco necesario en un red donde somos tantos que a veces cuesta trabajo respirar. ¡Un abrazo!

  2. Carlos Girón   •  

    ¡Saludos Stéfano! La fortuna nos sonríe a ambos. Será un verdadero gusto poder leer más comentarios así: síntesis en tono poético que, además, introduce una idea fundamental. La muerte es ese elemento que nos recuerda constantemente la temporalidad que nos constituye. Muchas gracias por el comentario y nos seguimos leyendo por este rincón. ¡Un abrazo!

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