Política, amor y vida cotidiana: tres películas del cine mexicano

Una pequeña muestra del cine que se hace en México

Las grandes producciones cinematográficas acaparan los reflectores. Hollywood concentra la actividad del denominado séptimo arte, aunque sabemos que lo mejor del mismo no necesariamente se realiza ahí donde el dinero fluye a raudales. Cada país cuenta con sus fondos, más o menos bien estructurados y administrados, para impulsar el cine hecho en casa y dar una oportunidad al talento local de mostrarse ante los ojos del mundo. Es así como la visión artística puede irse colando en las salas de todo el mundo. Como muestra está Alfonso Cuarón que logró la estatuilla dorada de la gran fiesta del cine en los Estados Unidos mostrando, una vez más, lo bien que se pueden hacer las cosas más allá de esas fronteras.

Próximamente veremos llegar a las salas de cine por estas latitudes (Barcelona) una película mexicana que rompió récords en las salas norteamericanas: No se aceptan devoluciones. Pero antes de hablar de ella he querido recuperar un trío de películas del mismo país que ayuden a entrar en contexto. La crítica social y política, la mirada cercana a las experiencias trágicas que acompañan a lo humano sin importar el estatus socioeconómico y un domingo en blanco y negro que logra llenar de matices la pantalla con el encuentro de cuatro historias en una casa.  Si no las conoces puedes acercarte a ellas y no te arrepentirás. Si ya las viste, este puede ser un buen pretexto para volverlas a visitar.

Política, amor y vida cotidiana en tres buenas películas del cine mexicano. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

La ley de Herodes

Llegó a las pantallas en 1999 en medio de un escándalo mediático por la censura de la que era objeto. La película de Luis Estrada muestra el orden de las cosas en el México de 1949, aunque evidentemente la situación se mantenía en una línea muy similar bajo el gobierno del PRI o Partido Revolucionario Institucional que gobernó en México por más de 70 años. Cambios de forma y no de fondo, esa es una de las principales denuncias de una comedia que es el perfecto retrato de lo que Mario Vargas Llosa llamó “la dictadura perfecta”. Juan Vargas (Damián Alcázar) es un ciudadano cualquiera, un miembro más del partido abandonado y medio olvidado que cumple con el perfil para ejercer una función que nadie quiere: es ingenuo e idealista. La oportunidad de ejercer un cargo público en un pueblo en la mitad de la nada brinda también el espacio para un ejercicio creativo del poder. Juan irá perdiendo lo ingenuo hasta pasar a redactar sus propias enmiendas constitucionales para llevar la modernidad, la paz y el progreso prometidos a San Pedro de los Saguaros. Todo dicho de manera irónica, por supuesto, porque estamos ante la muestra de las profundas raíces de la corrupción y la forma en que alguien puede subir hasta la cima por sus enredaderas. La fórmula de esta satírica película de Estrada se repite en Un mundo maravilloso y El infierno, aunque creo que es en La ley de Herodes donde se consigue el mejor resultado.

Amores perros

Estrenada en el año 2000, es quizá una de las películas mexicanas más conocidas en el extranjero. La dupla de Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga da muestras de su genialidad para contar historias entrecruzadas y narrar así el drama humano que nada sabe de escalas sociales. Una aproximación a la cruda realidad del amor donde se muestra una base común para un conjunto de historias en apariencia dispares: las peleas de perros que sirven para ganar dinero y pensar en un mejor futuro, el amor que se desmorona ante la caída del velo de la belleza, el abandono de la familia para vivir en el anonimato de una profesión arriesgada. Aquí y allá los perros con su fiereza, su fidelidad acostumbrada y hasta su impertinente curiosidad. Testigos de la historia de esos extraños seres humanos que, como en la parábola del erizo, parece que no pueden acercarse sin hacerse daño. Con actuaciones sobresalientes en cada una de las líneas, se trata de una película casi obligada para quien gusta del buen cine. El amor puede ser un accidente de cuyas huellas difícilmente nos olvidamos.

Temporada de patos

Cerramos el trío con una película de Fernando Eimbcke estrenada en el 2004. Filmada en blanco y negro, la película está llena de color, pero de ese que es tan propio de la vida y que, en este caso, sale a flote en un domingo que no puede ser como otro cualquiera. Dos amigos de la infancia se disponen a pasar su último fin de semana juntos. Los padres de Flama (Daniel Miranda) pasan por un divorcio y eso produce el cambio de residencia, de manera que tienen su última tarde para compartir disfrutando de una pizza y sus videojuegos. Pero el repartidor, un veterinario con poco éxito en los negocios y demasiada conciencia moral, no contaba con los problemas de la compañía de luz que le obligarían a subir a pie los pisos y, por tanto, llegar unos minutos tarde para su entrega. ¡Pizza gratis! Pero no sin una discusión que terminará por poner a los tres personajes delante de la pantalla de televisión. Rita (Danny Perea), la vecina, se une para preparar un pastel y celebrar así el cumpleaños del que se han olvidado en su casa. Tras el fracaso se impone la improvisación y prepara unos especiales brownies que nos regalaran divertidísimas escenas. Los problemas, secretos y frustraciones de cada uno irán aflorando mientras asistimos a su inolvidable tarde de domingo. Nada tan terapéutico como compartir todo con uno cuantos extraños. Sin duda una excelente y divertida película.

Hay muchos títulos que podrían entrar en esta lista y ya me iré encargando de ampliarla con el paso de los días. Por lo pronto tenemos una cita la próxima semana para contarte un poco sobre la película que está por llegar a las salas de cine en estas tierras. Algo que no pasa todos los días con el cine mexicano, así que no podía dejar pasar la oportunidad de contarte algunas de las buenas cosas que se han hecho por allá para empezar a preparar el terreno. Espero que las encuentres interesantes y que te animes a verlas en una de esas tardes de fin de semana.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

1 comentario

  1. Pingback: "No se aceptan devoluciones", el exitoso ensayo de Eugenio Derbez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.