Tómatelo con filosofía: ideas para tiempos de incertidumbre

Cuando decimos tómatelo con filosofía no se invita a tomar las cosas a la ligera

La expresión “tómatelo con filosofía”, en el mejor de los casos, puede ser entendida como un llamado a la calma, a la serena reflexión ante un asunto más bien problemático o con todo lo necesario para poner los nervios de punta. Esta lectura puede tener aspectos positivos en la medida en que invita a un ejercicio racional que no se apresure a sacar conclusiones. El sentido menos positivo sería el que confunde el tomarse con filosofía con una invitación a tomarse las cosas más a la ligera o con menos seriedad. La ligereza de espíritu sería más bien una consecuencia de tomarse con filosofía las cosas y no un punto de partida.

Cuando decimos tómatelo con filosofía no conectamos con ese prejuicio que hace de esta disciplina algo inútil. Es por eso que no se trata de un llamado a pensar en lo inútil que es tomarse demasiado a pecho una situación, ni tampoco a prestar poca atención a sentimientos y emociones que puedan estarse presentando en ese momento. Tómatelo con filosofía es una invitación a dirigir la atención al conjunto de cosas que componen un estado de ánimo en el presente. Se trata, por tanto, de un ejercicio, de la activación de una actitud que es capaz de generar conciencia sobre nosotros mismos. Aquí tomaremos como ejemplo tres frases de fuentes diversas: la filosofía griega clásica, la tradición china y la de uno de esos poetas-filósofos tan cercanos a Heidegger.

Tómatelo con filosofía: la confianza no es ciega

El querido Epicteto, tan de moda en nuestros días, nos regala una frase que genera justo el efecto esperado de esa invitación a tomarse con filosofía las cosas. Se trata de una especie de pausa ante la intuición de que algo importante se ha puesto sobre la mesa, pero sin que lleguemos a tener completa claridad con respecto a lo señalado. Es una duda que nos obliga a parar para pensar. Una paradoja que pone entre paréntesis nuestros supuestos y nos obliga a reorganizar el panorama. - tuitéalo     Las palabras apropiadas suelen ir acompañadas de cierto misterio. Es así porque solamente se limitan a señalar un camino para que sea uno mismo el que lo recorra y descubra. La frase es la siguiente:

Confiamos porque somos precavidos. Epicteto - tuitéalo    

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Lo que parece ser una contradicción en los términos nos invita a revisar nuestra experiencia. ¿Cuándo es que he confiado? ¿He confiado alguna vez sin tener un mínimo de precaución o garantías? Casi sin querer nos encontramos entonces meditando sobre las razones para confiar. Si no las encontramos, o no resultan del todo claras, estaremos de frente a la disyuntiva entre el paso atrás o el salto al vacío. Pero al menos se hará generando razones propias para tomar esa decisión. En otras palabras, la frase de Epicteto siembra la semilla de la razón ahí donde parece haber confianza ciega. ¿Garantiza eso un buen resultado? No. Pero sí que se nos pone ante la responsabilidad de decidir sabiendo que delante nuestro no hay red de seguridad alguna. Cada quien tendrá entonces sus razones que cumplen la profecía del estoico: confiamos porque somos precavidos.

Tómatelo con filosofía: sabio es el que conoce los tiempos

El Tao te king es un compendio de sabiduría extraordinario. El sentido mismo de su título nos permite conectar con esta idea de señalar el camino para que el pensamiento se ponga en acto al recorrerlo. Es por eso que la forma alegórica se hace presente de nuevo. Se trata de un indicio, de un señalamiento general que tiene un imán para lo particular. Conectar con ello es fundamental para activar la imaginación como facultad capaz de encontrar esos engarces entre lo universal y lo particular. En este caso leemos en el texto atribuido a Lao zi:

No puede conservarse por siempre lo que se afila sin cesar. Tao te king - tuitéalo    

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De nuevo la vorágine de los acontecimientos encuentra un freno ante palabras con tono enigmático. Afilar es una preparación, es un anuncio que indica que el arma está por ser utilizada. Pero el filo perfecto se paga con un desgaste. Quien se demora demasiado en buscar esa perfección puede terminar sin nada que afilar entre las manos. O bien con un objeto ya demasiado debilitado como para poder cumplir su propósito. Hay que conocer los tiempos. Saber cuándo es el momento de afilar y cuándo el de ponerse en marcha. De lo contrario se cae en ese juego que anuncia la llegada del lobo hasta que se pierde lo esencial: la credibilidad. No por nada esta frase está precedida de otra muy interesante: “Más vale detenerse que perseverar y excederse”. - tuitéalo    ¿Qué más puedes escuchar aquí?

Tómatelo con filosofía: entre el cielo y el infierno

La última de las frases viene de un territorio intermedio entre la filosofía y la poesía: Hölderlin. El poeta romántico alemán es mucho más directo en la idea que expresa, pero esconde en la metáfora la invitación al pensamiento. La conexión entre los opuestos se convierte en un llamado a encontrar el punto medio, a preguntarse por lo que hay más allá del blanco y el negro. Nos hace ver que los opuestos se tocan porque en esa infinita distancia entre ellos se nos olvida que representan ideales o modelos que, por definición, son imposibles o no tienen lugar en este terreno intermedio e imperfecto en el que se desarrolla la existencia. La frase es esta:

Aquello que ha convertido al Estado en un infierno es que el hombre ha deseado hacer de él su cielo.Hölderlin

Una frase de este tipo puede dibujar una sonrisa en la cara mientras la memoria hace lo suyo y busca entre sus archivos los casos que le ayudan a ilustrar las palabras del poeta. Es este mismo ejercicio la victoria misma del pensamiento. Se nos invita a contrastar, a dar contenido a ese cielo y a ese infierno para dar sentido a la frase. Pero además queda implícito que hay una tercera vía, una posibilidad de superación del dilema que está en el terreno intermedio o de síntesis, para decirlo en los términos de la filosofía de Hegel. Este necesario ajuste nos lleva a tomarnos las cosas con filosofía. A mesurar, contrastar, pensar y poner las cosas en un sitio donde puedan encontrar una mejor configuración o, con un poco de suerte también, su definitiva resolución. Pero mientras tanto bien vale decir de la mano de Hölderlin: cuidado con quien promete el cielo cuando de Estado se habla.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby @ratonbloguero   •  

    Carlos, te ofrezco esta frase de la sabiduría popular: ‘Confío en todo el mundo, pero no me fío de nadie’.

    • Carlos Girón   •     Autor

      Mi querido ratón, sin duda la sabiduría popular es uno de esos manantiales que mantienen fresco el ambiente del pensamiento. Además de que la paradoja tiene la virtud de obligar frenar para contemplar mejor el entorno y pensar con un poco más de cuidado. ¡Abrazo roedor!

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