Tertulia política: escenarios de la elección presidencial en México

Realizamos una tertulia política sobre los escenarios políticos en México

Había resistido la tentación de escribir sobre la elección presidencial en México. La razón es muy sencilla: hay demasiadas palabras ya en torno al tema. El bombardeo informativo satura y hace que la escritura padezca cierto cansancio. Pero no puedo dar la espalda al compromiso y la responsabilidad ciudadana. Por eso le he dado forma a una tertulia política que sea precisamente eso: un intercambio recreativo de ideas en torno a los escenarios que la política nos presenta. Será breve, pero espero que hacer un ejercicio de exposición de la opinión propia pueda ser de utilidad para quien, como yo, no se siente representado del todo por los contendientes al máximo cargo público de mi país. O al menos que esta tertulia política sirva de cierto contexto para quien ve desde lejos la contienda.

Dedicaré unas líneas a los tres principales candidatos a la presidencia: Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Dejo fuera a los llamados candidatos independientes de esta tertulia política por que su participación es más anecdótica que de una verdadera repercusión en el desarrollo de la elección. Antes de empezar habría que decir lo peculiar que es la coalición que postula a cada uno de los candidatos.

López Obrador abandera un movimiento de izquierda (MORENA o Movimiento de Regeneración Nacional) que va en alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Encuentro Social que se define como uno de derecha o centro derecha (sin duda el más conservador de los partidos en México en este momento). Anaya es postulado por el partido de derecha por antonomasia en México, el Partido Acción Nacional, en alianza con el Partido de la Revolución Democrática (hogar de la izquierda histórica mexicana) y Movimiento Ciudadano que se dice afín a la socialdemocracia. Meade, por su parte, es el candidato ciudadano (como les gusta decir) del partido en el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional, el Partido Verde Ecologista de México y el Partido Nueva Alianza. La única alianza de la que no saltan contradicciones ideológicas evidentes es esta última. Pero su candidato, como puede verse en su sitio web, no exhibe imagen alguna de los partidos que representa. Ya veremos las razones.

Tertulia política: la sed de esperanza y la lucha contra la corrupción

Iniciamos la tertulia política recordando un dato: en la elección del 2012 la agenda estaba dominada por las nefastas consecuencias de la estrategia de seguridad del presidente Calderón. 120 mil 935 homicidios dolosos, un récord macabro para el segundo presidente panista. Hoy, y a pesar de que el gobierno de Peña Nieto ha superado esa cifra, el tema estelar está en otro frente: la corrupción. Los rostros de un PRI supuestamente renovado y redimido mostraron una obscena avaricia enriqueciéndose con dinero público. Los escándalos de corrupción se siguen sumando todavía hoy y más de uno ha dejado claro que estas prácticas no solamente indignan, sino que cuestan vidas.

El cansancio extremo por parte de la población aumenta la sed de esperanza. - tuitéalo     Andrés Manuel ha entendido este contexto que favorece al discurso que ha venido sosteniendo con fuerza desde el 2006. “Lo mío no es la venganza”, dice el tabasqueño. Habla así a un pueblo cansado del encono y el enfrentamiento pero decidido a generar un cambio ante una clase política que ha perdido casi por completo el sentido de la decencia. Habla de una necesaria reforma moral del país y se le señala la ingenuidad de pensar que el ejemplo es suficiente para acabar con la peste de la corrupción. Un señalamiento pertinente, pero no un argumento que derrumbe la necesidad de empezar por algún sitio. En otras palabras, el cambio de presidente no consigue nada por sí mismo, pero es ya hora de que esa figura vuelva a ser ejemplar y un verdadero referente. No se puede negar que siguen siendo una posición esencial tanto para el diseño institucional como para el inconsciente colectivo mexicano.

AMLO representa la sed de esperanza y la lucha contra la corrupción. - tuitéalo    

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Así como el clamor en 2012 era el del poner alto a las muertes, y esta demanda fue suficiente como para dejar de ver los peligros del regreso del PRI, hoy la sed de esperanza y el hartazgo ante la corrupción parecen hacer lo propio. Poco importan las cuestionables alianzas con la derecha y otras figuras de dudosa reputación. Andrés Manuel se ha apropiado de la bandera del cambio en relación al tema central de la elección y parece casi imposible que alguien se lo arrebate.

Mis reservas personales son dos: la poca claridad en torno al cambio de criterio para valorar alianzas como válidas cuando en otros tiempos fueron repudiadas y la tendencia a dirimir por la vía de la consulta popular los temas más delicados. Este tipo de consultas no valen cuando se trata de temas que comprometen libertades individuales, como el aborto por poner un ejemplo. Por lo demás creo que en el candidato de MORENA se encuentra la alternativa que hace falta poner a prueba en México. Al final no hay programa de gobierno que pueda avanzar si las estructuras y prácticas del poder no sufren una transformación profunda.

Tertulia política: ambiciones juveniles

Hay que reconocer que lograr la unión de PAN y PRD es una obra propia de alquimistas. Tiene su mérito más allá de que ideológicamente no se entienda al final cuál sería la línea del gobierno. Sumar y formar coaliciones es una virtud en política, pero el precio a pagar debe tenerse siempre en el horizonte. Una unión de esta naturaleza puede ser cualquier cosa menos gratuita. De aquí que inquiete lo que pueda suceder cuando se diluya ese gran enemigo construido que hoy hace de pegamento entre estas fuerzas antagónicas: López Obrador.

Ricardo Anaya es segundo no por casualidad, sino porque se ha posicionado como la alternativa a la alternativa. No ha realizado un distanciamiento de la clase política en funciones, sino de quien se presenta ya como alternativa a esa clase política. Busca así reducir a dos las opciones teniendo claro que la continuidad con el presente gobierno está descartada. Se sube al barco del cambio dando la razón a López Obrador, pero de inmediato busca diferenciarse como un proyecto diferente. Por un lado está esa opción que va a la cabeza de las preferencias pero que pone de nervios a más de un sector de la sociedad y, por otro, la opción que él encabeza y que representa frescura, modernidad, futuro. Esta apuesta funcionaría de no ser por un par de sombras.

Ricardo Anaya es un joven con ambiciones, pero que no son siempre transparentes. - tuitéalo    

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La primera está dada por lo que parece un uso indebido de la Procuraduría General de la República en la misma línea de la novela de Jorge Volpi. Anaya ha sido acusado públicamente de lavado de dinero sin que se el asunto haya pasado de un montaje para las cámaras, es decir, sin pruebas contundentes y, por tanto, sin consecuencias. El problema es que siembra en el ambiente una duda en relación a su honorabilidad y esto mina la parte fundamental de su estrategia: yo también soy una opción de cambio frente a la corrupción. La segunda sobra está en la manera en que llegó a ser candidato del Partido Acción Nacional. Esta entidad cambió sus reglas internas para elegir candidatos pasando de procesos de elección a simple designación por parte de los dirigentes. Un retroceso en el partido que, de acuerdo a sus fundadores, es una escuela de ciudadanos. Si bien esto sucedió bajo el auspicio de Calderón, Anaya sacó ventaja del asunto para abrirse el camino. Un político astuto, sin duda, pero precisamente por eso se vuelve difícil de creer que represente un verdadero cambio en relación a lo que hoy gobierna el país.

Mis reservas personales en este caso son las siguientes: generar una coalición para derrotar a un candidato no es una visión de futuro para el país. Anaya se presenta como un joven preparado y con visión de futuro. La realidad es que México ha tenido ya presidentes con ese perfil y eso no ha garantizado los mejores resultados. Así que lo que muestra es una ambición muy clara por llegar a la cúspide del poder y una astucia política para ir escalando escalones. Falla entonces al intentar separarse de “los de siempre” si en su trayectoria queda muy claro que el fin justifica los medios. Da lo mismo apoyar reformas del gobierno que generar una alianza con un partido cuyo programa e ideología resulta incompatible con el suyo propio. Sin duda México necesita algo diferente.

Tertulia política: el ciudadano Meade

Jose Antonio Meade apareció en la escena como el candidato ciudadano del Partido Revolucionario Institucional. Tiene una amplia experiencia en el servicio público al encabezar diversas dependencias del gobierno en los dos últimos periodos presidenciales. Pero por más que se le quiera presentar como un candidato externo resulta imposible librarle del tremendo desgaste de la administración actual de la que también fue parte. Es más que evidente que el peso de las malas prácticas y la torpe opacidad de las acciones del gobierno de Peña Nieto no se pueden dejar de lado solamente porque el candidato no milita activamente en el partido en cuestión.

El ciudadano Meade a dicho sí a lo que el resto de mexicanos dice no. - tuitéalo    

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Un verdadero candidato ciudadano no podría permanecer indiferente ante los señalamientos de desvíos millonarios de recursos en la administración en donde él, entre otras cosas, pasó por la oficina que gestiona precisamente los mismos. Un candidato ciudadano no puede ser cómplice de un gobierno que guarda un lacerante silencio ante la desaparición de tres jóvenes estudiantes de cine, de 43 normalistas o de tantos otros que han quedado sepultados por una verdad histórica teñida de incompetencia institucional. Dicho en pocas palabras: el teatro no se sostiene. Los temas no son en lo absoluto menores como para esperar que el evitar usar la imagen del partido sea suficiente para que un pueblo cansado de este tipo de casos se olvide de todo y reciba al ciudadano Meade con los brazos abiertos.

El problema con Meade es que al aceptar la candidatura ha dicho sí a lo que el resto del país le lanza un enfático y rotundo no. Lo demás sale sobrando. De cualquier manera su aporte a esta campaña puede ser decisivo si sigue la lógica del fin justifica los medios y se une a Anaya para derrotar a López Obrador. No se ve del todo claro, pero la posibilidad existe. No hay mucho más que decir de él en esta tertulia política.

Un apunte para terminar

Para cerrar esta tertulia política haré una aclaración y un apunte. Soy consciente de que hace falta entrar en detalles para poder precisar las reservas que tengo y las razones por las que las aplico a uno y no a otro cuando parecería que son válidas para más de uno. Lo que puede decir aquí es que tengo la fortuna de poder presenciar el proceso sin estar siendo bombardeado por mensajes constantes en torno al peligro que representa Andrés Manuel. Esto me ha dado una perspectiva completamente diferente y, por eso, veo con claridad que quien lo acusa de ambicioso, terco y necio no hace sino llenar los espacios de debate con justificaciones de sus propias ambiciones y con la terquedad y necedad de hacerlo que muestre lo que dicen es “su verdadero rostro”. Hasta ahora no han conseguido nada más que mostrarse como ejemplos de lo mismo que condenan.

La segunda vuelta electoral es un tema que espera a los verdaderos valientes. - tuitéalo    

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El apunte con el que doy fin a esta tertulia política tiene que ver con la segunda vuelta electoral. Desde lo ajustado del resultado de la elección del 2006 fue más que evidente la pertinencia de implementar una segunda vuelta en México. El remedo de reforma electoral que le siguió armó un galimatías que no tocó este importante elemento. En 2012 Andrés Manuel pudo haber tenido un resultado diferente de haber enfrentado en solitario a Peña Nieto en una segunda vuelta. Hoy Anaya podría afinar su estrategia para enfrentar a López Obrador tras una primera vuelta sin clara mayoría. Todos los hoy contendientes tuvieron la posibilidad de impulsar este cambio y ninguno lo hizo. Muestra de que todos, sin excepción, prefieren la especulación política antes que el mayor beneficio para México. Es por este tipo de elementos que en esta elección no me siento representado. Ya es hora de dejar de decidir el voto por el criterio del menos malo. A ver quién es el que salta para mostrar algo más que ambición y una fría y calculada cobardía.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby @ratonbloguero   •  

    Hola Carlos

    Te escribo este comentario un 15 de mayo que es el séptimo aniversario del movimiento 15M.

    Uno de sus lemas era ‘No nos representan’. Como ves, nada nuevo bajo el sol.

    Un abrazo

    • Carlos Girón   •     Autor

      Mi querido ratón, realmente este es un fenómeno cada vez más extendido. No es nada nuevo en la historia, pero sí el anuncio de un cambio necesario. Esperemos que se dé con algo de aprendizaje del pasado. ¡Abrazo roedor!

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