“Sufragistas”, el valor de una conquista

Las Sufragistas es una película que cuenta la historia desde el lado más radical del movimiento

¿Para qué sirve una mujer? La pregunta misma es provocadora y ofensiva. El verbo servir tiene una historia de esclavitud en cada una de sus letras y con ello una memoria de los grupos humanos degradados y masacrados de las maneras más arbitrarias. Con las sufragistas no es la excepción y no es ni la primera ni la última vez que la humanidad se enfrenta a este tipo de aberraciones. Los conquistadores de Occidente debatieron muchos años con respecto a la existencia o no de un alma en los “descubiertos” indios americanos. ¿Para qué sirve un indio? ¿Para qué sirve un negro? ¿Para qué sirve un judío? La pregunta es ya condenatoria porque pone a lo humano en un horizonte donde la utilidad es la medida.

Habría que decir que la traducción del título original de esta película permite una pequeña confusión: Suffragette no es exactamente lo mimo que sufragistas. El grupo que encabezaba Emmeline Pankhurst, interpretada por la gran Meryl Streep, se conformaba por el ala extrema o más radical del grupo de mujeres que buscaba el derecho al voto. Su apuesta estaba en la acción más que en las palabras y en las promesas. De aquí que lo que la película nos muestra es precisamente eso: los rostros de las mujeres que actuaron más allá de la protesta pacífica  para conseguir la igualdad ante la ley. Esto no es un asunto menor, pues nos deja en el aire la pregunta que distingue entre fines y medios, es decir, que nos hace preguntarnos si cualquier medio vale con tal de alcanzar un fin justo.

Sufragistas y trabajadoras

La estrategia narrativa nos hace ver el contexto de la lucha a través de Maud Watts (Carey Mulligan) y el modo en que poco a poco pasa a ser parte activa del movimiento. Es gracias a su sencillo pero emotivo discurso que sabemos de la profunda desigualdad en las condiciones laborales entre mujeres y hombres. Condición que se extendía por todos los ámbitos de la ley que, por ejemplo, no reconocía los derechos de una madre sobre sus hijos. Maud es un personaje que pasa del silencio a la exclamación al ser el objeto de todos los estigmas con los que se marcaba al género femenino. Los argumentos, además, son de lo más escandaloso: supuestos datos y estudios científicos que demostraban la inferioridad e incapacidad de la mujer frente al hombre. La ciencia, por supuesto, no deja de ser una creación social que hereda virtudes y vicios del contexto que la ve nacer.

Deeds not words, ese es el grito de batalla de una Suffragette. - tuitéalo    

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Maud pasa de la humillante comodidad de tener un pequeño ingreso ganado con el trabajo arduo desde la más tierna infancia a encontrarse en el centro mismo del movimiento sufragista. Sufre entonces el encarcelamiento, el rechazo de la sociedad que siempre desconfía de un cambio en sus condiciones habituales y poco a poco queda aislada sin más cobijo que el que le da la lucha. La confianza en las instituciones se desmorona cuando una justa petición no encuentra un oído a la altura de las circunstancias. Pero el verdadero guerrero nace cuando el poder de una idea le hace ver un futuro mejor para aquellos que todavía están por venir. La fuerza de trabajo se vuelca entonces sobre la lucha porque nada vale más que la esperanza.

Voto y sacrificio

La primera elección, la más difícil, es la de la militancia. Comprometerse con una causa a pesar de todo no es una tarea para cualquiera. Sobre todo si en ese compromiso se pone en juego lo que se tiene en el presente y que constituye nuestra normalidad. La historia parece que siempre se escribe con sangre. Los grandes cambios de la humanidad no llegan sin un sacrificio, sin vidas contadas sobre el tablero de los caídos. En este caso tenemos a Emily Davison (Natalie Press) que perdió la vida en el proceso y sobre quien todavía se especula sobre su verdadera intención al pararse valerosa ante el caballo real. Lo indudable es que su acto frente a las cámaras, que todavía hoy podemos ver, pone sobre la mesa el debate en otros términos: la posibilidad del voto vale el sacrificio.

Es evidente que el voto en sí mismo es una victoria pírrica pues no es sino el inicio de una lucha que va mucho más allá de este derecho. El derecho a decidir sobre la propia vida y el propio cuerpo, por ejemplo, es algo que todavía hoy no termina de consolidarse. Pero para eso, sin duda, es indispensable una auténtica representación en los espacios de decisión. Las mujeres están ya representadas por sus padres y esposos, dicen en la película, por eso es necesario que la voz se escuche de manera contundente: que nadie hable por mí sobre mis intereses. El sacrificio de Emily Davison es fundamental en este punto y eso es algo que nadie puede quitarle. Sabe a poco cambiar la vida por el voto, por eso es una elección dura que entrega todo por abrir la puerta a un camino al que todavía le quedan muchos pasos.

El camino por recorrer

La pantalla de cine puede generar un efecto de distancia con el espectador: lo que está allá es ficción, incluso cuando lo que se narra es un hecho histórico. Pero la realidad es que poco más de 100 años nos separan de esta historia y en algunos rincones del mundo todavía no termina de escribirse. El voto femenino tuvo su gran oleada de victorias en hechos entre los años 40 y 50 del siglo pasado. La lucha no es tan lejana y todavía queda mucho por hacer para que la ley sea de verdad universal e imparcial. La ficción es el vehículo para mostrarnos nuestra realidad, pues aunque el voto esté conseguido hay argumentos y condiciones que no han terminado por cambiar. El camino por recorrer es largo y más cuando lo que se encuentra es la cobardía del asesino que no condena al silencio eterno aquello a lo que no quiere, ni puede, enfrentarse con inteligencia.

La lucha más complicada es la de hacerle ver a la humanidad su propio extravío. - tuitéalo    

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Queda, sin embargo, esa pregunta de la que hablamos en un inicio: ¿cuáles son los medios para conseguir las victorias restantes? La violencia se siente como en casa ahí donde se determina que se encuentra la debilidad y la inferioridad. La razón (siempre en femenino) es la primera violentada cuando se cree que hay un argumento para una discriminación de esta naturaleza. Esta es una de las luchas más complicadas: la de hacerle ver a la humanidad su propio extravío. Desde aquí puedo decir que sigo confiando en el diálogo como vehículo de las alianzas y en el encuentro como puerto donde la esperanza tiene todavía un espacio. Aplaudo la película por sus actuaciones y por la importancia que tiene para recordarnos el camino por recorrer, pero dejo abierta la puerta al diálogo para discutir sobre los medios y caminos alternativos. Lo peor que puede suceder para todos es caer en la trampa de hacer del otro un eterno enemigo.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    El derecho a decidir pasa por controlar a quien controla. Y ahí, mucho me temo que hay que utilizar algo de violencia. Quienes controlan no cederán de grado su control.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, esa es una cadena que no tiene fin. Quien pierde el poder siempre lo entenderá como un acto de violencia, eso es claro. De ahí que estemos obligados a hacer una especie de matiz para no abrir la puerta a cualquier tipo de violencia. ¡Abrazo roedor!

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