Semiótica de la cultura: texto, texo y textura

Lotman nos brinda una perspectiva de la semiótica de la cultura

El solo rótulo de semiótica de la cultura que aparece en el título nos brinda elementos para la reflexión y ya nada más este par de palabras nos darían para hablar horas y horas. En efecto, el orden de los factores nos habla de una semiótica, es decir, de un estudio de los signos de la cultura. Una semiótica de la cultura supone, entonces, la presencia o pertenencia de signos en el ámbito de la cultura. Esta no es una cuestión baladí ni una digresión cualquiera, puesto que al hablar de una perspectiva semiótica de la cultura nos situamos ya en una problemática particular renunciando a otras muchas.

En particular interesa rescatar aquí dos de las posibilidades dejadas de lado por una perspectiva semiótica: la pregunta por el origen de la cultura y el papel de los sujetos en ésta dimensión. Exploraremos brevemente estas dos ausencias (¿cómo se hace para explorar una ausencia? - tuitéalo    ) en la propuesta de Yuri Lotman.

El espacio de la semiótica de la cultura

En primer término, atendamos a una definición directa del concepto de semiosfera que Lotman da en los siguientes términos: “La semiosfera es el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis”. Así, la perspectiva de la semiótica lotmaniana consiste en concebir un espacio semiótico, esto es, un espacio de posibilidades semióticas, como un mecanismo o, siguiendo la conexión con un término como el de biosfera, como un organismo fuera del cual la vida de los signos es imposible.

Lo importante en la semiosfera es el espacio y no tanto el preciado sujeto. - tuitéalo    

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Esto nos pone en condiciones de entender las razones por las cuales los sujetos no tienen un papel predominante en esta perspectiva de la cultura, pues el acento se pone en el espacio en el cual la semiosis se posibilita, en las condiciones de posibilidad en un espacio dado y no en los habitantes. No obstante, cabe aún la pregunta por el quién hace posible la semiosis. Este quién, evidentemente, pregunta por una persona, por sujetos que llevan a cabo los actos de significación.

El texto como protagonista

La ausencia de actores no lleva a una ausencia de actos en la semiótica lotmaniana. La semiosis acontece dentro del espacio semiótico denominado semiosfera por medio del texto. La conexión etimológica de esta palabra con ideas como tejido o contextura (textum) nos ayuda a visualizar el tipo de perspectiva que Lotman adopta con respecto a la cultura. En efecto, ver a la cultura desde un punto de vista de entramados y conexiones nos pone ante la tarea de entender a ésta en su funcionamiento interno, esto es, en el cómo se generan interconexiones y cómo se sostienen las ya existentes. Estamos, pues, ante una perspectiva sistémica que deja de lado preguntas por el origen y los actores.

El texto genera nuevos tejidos, pero también para conserva los que le preceden. - tuitéalo    

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El textor (tejedor) y su lugar de trabajo para dar origen al tejido –el textrinum– están ausentes. No obstante, tenemos dos momentos fundamentales, a saber, la generación de nuevas conexiones en el texto y la conservación de otras. Al momento generativo podemos llamarle texo, reteniendo así el sentido de acción que hay en la familia etimológica del texto; mientras que al momento de la conservación, en tanto que ya existe una conexión, podemos asignarle el sustantivo textura. Ahora bien, esta terminología que ahora adoptamos, siguiendo un concepto central de Lotman, no pertenece a este autor. De aquí que debamos establecer una correspondencia de estos momentos con sus planteamientos. Por principio de cuentas, atendamos a las palabras de Lotman en torno al concepto de texto:

El texto se presenta ante nosotros no como la realización de un mensaje en un solo lenguaje cualquiera, sino como un complejo dispositivo que guarda variados códigos, capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos mensajes, un generador informacional que posee rasgos de una persona con un intelecto altamente desarrollado.

El texto, entonces, constituye la persona semiótica por excelencia, esto es, es él quien dice y quien calla, contiene los códigos que posibilitan ciertos decires e imposibilitan otros aunque, al mismo tiempo, sus códigos permiten la traducción de aquello que se dice fuera de él, en otro espacio semiótico. Esta concepción del texto que le piensa como un organismo vivo y complejo (heterogéneo) nos lleva a la siguiente afirmación: el texto es su propio textor. Estructura paradójica que nos deja ver un carácter metafísico de la semiótica lotmaniana: el texto es el que es, es lo que él hace consigo.

Izquierda y derecha: la dinámica cultural

Puede decirse que el texto constituye todo lo que puede decirse. Es él lo que se dice y lo que puede decirse: horizonte de futuro del decir. En lo que se dice o se ha dicho ya, va implícita la conservación, esto es, lo que definimos como textura. Mientras que en lo que todavía está por decirse encontramos la posibilidad de generación, la posibilidad de texo. En los términos de Lotman estos momentos se piensan a partir de una división del cerebro que ubica la parte creativa en la izquierda del mismo y la conservadora en la derecha. De manera sucinta diremos que al hemisferio derecho corresponde la conservación del acervo, esto es, de la memoria cultural; mientras que en el izquierdo encontramos los elementos dinámicos. No obstante, los hemisferios no se encuentran aislados, sino que dialogan de manera constante generando una dinámica cultural en la que la memoria juega un papel más allá de la mera conservación.

En la cultura hay mecanismos de estabilización y de desestabilización que constituyen sus órganos de autoorganización en las direcciones dinámica u homeostática. Ellos son aquellas metadescripciones de la norma cultural que devienen la base para la creación de nuevos textos, estimulan la generación de textos y, al mismo tiempo, prohíben textos de determinada especie.

De esta manera, puede verse cómo la memoria no está meramente ahí, sino que cobra importancia en la medida en que brinda contenidos que pueden ser reinterpretados o que constituyen la base de un nuevo decir, suelo en el cual algunas cosas pueden crecer y otras no. La cultura tiene, entonces, momentos de gran actividad (momentos dinámicos en donde predomina el texo) y momentos de estabilización u homeostáticos en los que predomina la textura.

El texto es a un tiempo el espacio y la posibilidad de otros espacios. - tuitéalo    

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Ahora bien, hemos dicho que el texto es su propio textor y con ello terminamos de situarnos en la perspectiva sistémica que deja de lado los actores para atender a los mecanismos, pero esto deja en el aire la otra pregunta inicialmente planteada: ¿no hay entonces un momento originario anterior al texto? Lo que nos ocupa ahora es la pregunta por el momento que separa lo textual de lo no-textual, si es que tal cosa existe. En otras palabras, la pregunta por el origen de lo textual, de lo que puede decirse y, por ende, de lo cultural. Así, el análisis que llevamos a cabo desde este punto de vista nos lleva a otra cuestión: ¿cómo podría explicarse desde esta perspectiva el origen de la cultura? Pero esta es una pregunta que habrá que abordar en otra oportunidad.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

  1. #Jerby   •  

    El texto digital contiene además unos metadatos que solo leen las ‘arañas gugleras’.

    Con lo que el asunto se complica un poco más…

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, el metatexto de la red no es sino un reflejo de esta gran dinámica del texto de textos. Al final este tipo de arañitas no hacen sino recorrer tejidos de otros para generar una síntesis presentable para todos los demás. Pero sí que sería interesante pensar en esto desde una perspectiva como la de Lotman. ¡Abrazo roedor!

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