Un aplauso para “Relatos salvajes” de Damián Szifron

"Relatos salvajes" nos presenta casos donde la violencia restaura

Un aplauso, pero nada más que uno para la película de Damián Szifron: Relatos salvajes. No me extraña que la sala de cine se llene de aplausos, que la gente ría a carcajadas con un cinismo extremo que refleja un hartazgo ante la mentira, la injusticia y el mal-trato en general. Ya los créditos advierten que estaremos ante una perspectiva que carece de esa máscara de la persona que tiene detrás lo más salvaje de nuestra condición animal. Los deseos se arrancar los velos de la apariencia nos desbordan en un contexto de hastío, de ahí que las historias que esta película nos propone tengan una cámara de resonancia idónea.

Habría que decirlo de otra manera. El título es doblemente revelador: Relatos salvajes. Lo segundo nos queda claro nada más comenzar con un peculiar viaje en avión que reúne una vida de abusos, engaños y frustraciones. Se trata de un abandono de la domesticación que supone la vida en sociedad, de una erupción volcánica de un sujeto oprimido y reprimido en sus pulsiones de muerte. El discurso que juega entre lo psicológico y lo político-social es constante. Pero todas son expresiones silvestres que muestran una resolución elemental ante los problemas, pero precisamente por eso radical: el mal se arranca de raíz y de una sola vez. - tuitéalo     Pero cuidado que lo importante está en lo que se va a sembrar después.

Aquí un conjunto de relatos que responden de manera salvaje a su circunstancia. - tuitéalo    

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El otro de los elementos es más sutil y quizá por eso pasa desapercibido ante lo vistoso del componente salvaje. Estamos ante relatos y eso no es poca cosa. El formato elegido tiene su razón de ser y hay que atender a esta forma de manera particular. Se trata de poner a nuestra consideración hechos, de narrar de manera vívida acontecimientos. He aquí la circunstancias, los elementos que componen la historia y que se presentan sin miramientos ni introducciones: estos son los personajes y así se resuelven ellos mismos ante una situación límite. La intensidad del relato hace innecesarios muchos detalles que ya el espectador podrá reconstruir o imaginar… quizá hasta compartir.

Relatos salvajes: el resurgir de la catarsis

El éxito de la película recae en su capacidad de revivir ese elemento esencial de la tragedia griega: la catarsis. Quien entra en la sala de cine lleva consigo un cansancio psicológico y social importante. El entorno enrarecido con una clase política que no deja de caer en descrédito, el abuso, la mentira y la doble moral están siempre a la vuelta de la esquina y en todos los planos de la vida. Más de alguno puede considerarse como una auténtica bomba de tiempo que acumula frustraciones laborales y personales. Entonces aparece el elemento cultural del cine: Relatos salvajes permite reírse de lo que sólo en sueños nos podríamos permitir. - tuitéalo     Se purga así el malestar y la cultura sigue su cause.

El espectador se identifica con las injusticias y ríe con la solución salvaje: efecto catártico. - tuitéalo    

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Por eso se aplaude al final de la película. Estamos ante una serie de héroes que se sacrifican para dar su merecido al abusador y al mentiroso. Se rompen los códigos de lo social, de lo cultural, para dar paso a lo más básico y sencillo: dar muerte, hacer estallar por los aires, renunciar al cause de acción esperado. Borrón y cuenta nueva, hay que barrer con todo para reconstruir sobre lo que se suponía era la base. Porque, al final, estamos ante una verdadera lucha a muerte entre ofendidos y ofensores. No hay cascaron de civilidad que soporte una tensión de esta naturaleza sin mostrar de cuando en cuando sus fracturas. Lo que tenemos aquí, entonces, es una muestra de esas salidas disruptivas que, no obstante, hacen de válvula de escape simbólica ante el malestar en la cultura.

Pero, ¿qué violencia y para qué?

Hay un punto central en el film puesto en boca de Simón (Ricardo Darín) en el relato que lleva por título Bombita. El personaje, un ingeniero experto en demoliciones con explosivos, se exaspera y dice: “¿Qué violencia? Yo estoy describiendo una realidad. ¿Dónde está la violencia?” Esta es una pregunta lanzada directamente al espectador, una interpelación que no podemos dejar pasar porque puede aplicarse a la película entera. El relato, como ya dijimos, es justamente esta descripción de una realidad que, en estos casos, recibe un respuesta en clave salvaje. Pero la doble pregunta se mantiene: ¿dónde está la violencia y de qué tipo de violencia hablamos?

Es aquí donde cada historia se desdobla en, al menos, dos dimensiones. La primera es la que vuelve evidente la violencia ejercida sobre los personajes de cada historia y la segunda es la respuesta desmedida, la hybris desatada que da paso a los relatos salvajes. Hay, entonces, una violencia que parece que hemos ido aceptando o aprendiendo a dejar pasar: el chantaje, la extorsión, la corrupción, el insulto, la infidelidad… Los males sociales los tomamos con las pinzas de algodón de la cultura. - tuitéalo     Esto significa que aprendemos a buscar una respuesta a los mismos en términos de valor: pon la otra mejilla y vuélvete más grande que el agresor. ¿Qué otras opciones tenemos? La película nos da alternativas desmedidas con el ya mencionado efecto de purga anímica.

La violencia no carece de sentido en estos Relatos salvajes. - tuitéalo    

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Ahora bien, más allá de ese efecto de catarsis que produce la respuesta violenta a las situaciones planteadas, queda entonces la pregunta por lo que hay después. Los héroes de los relatos, bastante peculiares, pero héroes al fin y al cabo, tienen la paradójica función de restaurar un cierto orden en el mundo: su acción violenta contra la violencia misma pretende apagar un fuego para comenzar de nuevo. No hay una violencia sin sentido, sino un estallido que busca reconciliación, restauración del orden perdido. No hay final trágico en los relatos (el primero queda en un conveniente suspenso), la muerte alcanza sólo a los dos agresores que quedan abrazados y abrasados. El mal parece recibir su castigo siempre, en cada relato, por más salvaje que parezca.

Relatos salvajes invierte los papeles: lo silvestre sirve de máscara a lo humano. - tuitéalo     Hay una violenta erupción de lo reprimido, de los pesos que se soportan en el día a día, pero sólo para hacer posible la continuidad. No hay que dejarse engañar ante la apariencia de lo violento que es un intento de restauración de valores humanos y hasta demasiado humanos. Realmente mucho menos arriesgada y salvaje de lo que parece. Se trata de una purga para el alma que quiere vivir en paz en la cuna de la cultura. Una muestra de cinismo, pero no una renuncia radical a los valores que sustentan a la sociedad. Al final, el que venía a destruir este mundo también venía a salvarnos. Y por eso se merece un mesurado aplauso.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

  1. #Jerby   •  

    La violencia y la catarsis, buenos temas de reflexión… aunque parece todo tranquilo, se avecina un otoño muy caliente: http://bit.ly/1yHthzv

    • Carlos Girón   •  

      El querido ratón de Madrid tiene toda la razón. Por eso no extraña que la sala se llene de aplausos ante los peculiares héroes sociales de los relatos. El efecto de catarsis de los productos culturales está consumado, al menos con este film. ¡Abrazo roedor!

  2. jomroy   •  

    Todo el mundo habla maravillas de la pelicula, habrá que verla

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos! Sí, todos dicen cosas muy buenas pero nada mejor como verla para hacerse de una mejor opinión. En lo particular me agradó, pero el sentido no tan explícito de la película no me ha terminado de convencer. Pero por eso, de nuevo, mejor darle una oportunidad que al menos se puede tener un interesante debate. ¡Gracias por el comentario!

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