Reencantar el mundo, buscando el rostro de las cosas

Reencantar el mundo implica poner entre paréntesis la relación sujeto-objeto

El diagnóstico que daba Morris Berman en 1981 al publicar El reencantamiento del mundo resulta bastante acertado. No es que los puntos de partida sean completamente novedosos, pero sí parece serlo el campo semántico bajo el cual habla de ellos: desencantamiento, reencantamiento, eros, conciencia, metafísica. Estos conceptos, sin duda, no nos remiten de manera inmediata a la construcción de un discurso sobre la ciencia en su concepción Moderna. Pero esto sólo pone de relieve lo acertado del diagnóstico y de la posición del autor, pues se manifiesta una veta que permite profundizar y cuestionar esa perspectiva que, en tanto que dominante, se enmascara y oculta ante nuestros propios ojos –y a través de ellos.

Ahora bien, parece inevitable, casi un acto reflejo, el hecho de tirarse un poco hacia atrás antes de dar un salto más allá de del lugar donde nos encontramos. El impulso necesario nos hace volver un poco buscando la fuerza, el momento justo en que se puede superar el estado actual. Es esta la actitud que nos lleva a buscar en el pasado semillas de futuro: labor arqueológica pero también botánica, es decir, que la semilla del pasado no deja de ser semilla, pero no cumple toda su potencialidad sino hasta que se le cultiva llevándola a germinar. Y aquí la primera acertada aportación de Berman que busca en el pasado respuestas para el futuro y nos habla de la manera en que la filosofía mecánica que fundamenta nuestra perspectiva del mundo pone en la boca una pregunta que ha de determinar los caminos elegibles: ¿cómo?

La conciencia participativa para reencantar el mundo

En efecto, para Berman es esa estrella binaria compuesta por el mecanicismo y el método “atomístico” la que ilumina y guía nuestros pasos haciéndolos transitar de un antiguo por qué a un moderno cómo. En este inocente cambio de pregunta se encierra ya un giro de ciento ochenta grados en la perspectiva del mundo y en nuestra forma de relacionarnos con él. La sutil diferencia en el modo de plantear la pregunta supone, no obstante, un cambio radical de conciencia. Para Berman se trata del paso de una conciencia participativa, propia del hombre pre-moderno, a una conciencia científica alienada.

El paso del por qué al cómo marca un cambio radical en la mentalidad humana. - tuitéalo    

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Habrá que poner especial atención en este carácter participativo como elemento clave para encontrar alternativas al presente y hacia el futuro, pero veamos primero cómo se define esta conciencia anterior a la perspectiva científica del mundo, conciencia siempre encarnada en un sujeto cuyo «destino personal estaba ligado al del cosmos y es esta relación la que daba significado a su vida. Este tipo de conciencia –la que llamaremos en este libro “conciencia participativa”– involucra coalición o identificación con el ambiente, habla de una totalidad psíquica que hace mucho ha desaparecido de escena».

Una totalidad psíquica para reencantar el mundo

Tenemos, entonces, dos actores: la persona, esto es, el sujeto singular y, por otro lado, el cosmos o ambiente. Además hay una forma de relación entre ellos expresada como coalición o identificación que da como resultado una “totalidad psíquica”. Ambiente y persona se funden en una peculiar relación donde la rígida distinción entre el sujeto y el objeto no opera. De aquí la importancia de lo psíquico, es decir, de tener en el horizonte la idea de que el mundo, como nosotros, tiene un alma y un destino al cual estamos indisolublemente unidos. La disolución de esta idea bajo el reinado de la filosofía mecánica, que convierte al mundo en un cúmulo de materia que se mueve bajo ciertas leyes perfectamente cognoscibles, marca el paso a la visión dominante en nuestros días.

La totalidad psíquica diluye la distinción sujeto-objeto. - tuitéalo    

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Una psique que se extiende más allá de lo que habitualmente entendemos como animado –más allá de lo humano, que ya es decir bastante– es, entonces, lo que caracteriza a un mundo encantado, y es, evidentemente, el elemento fundamental para reencantar el mundo. En contraposición a esto vivimos hoy en un desencantamiento que “insiste en la distinción rígida entre observador y observado”, elemento fundamental e “intrínseco a la visión científica del mundo”.

Esta perspectiva tiene, como es de esperarse, su propia forma de conciencia que se distingue y separa de la “conciencia participativa”, a saber, la “conciencia científica” que queda definida de la siguiente manera: «es una conciencia alienada: no hay una asociación ectásica con la naturaleza, más bien hay una total separación y distanciamiento de ella». Producto de esta visión con su respectiva conciencia de corte científico, tenemos sujetos que viven una “sensación de reificación total” en la que “todo es objeto distinto y aparte de mí”. Lo cual da sustento a ese modo de relación con el mundo en el que todo aquello distinto y ajeno a mí puede ser objeto de dominación.

Las cosas del mundo también tienen alma

Concederle a los objetos un soplo de vida, permitirles adquirir cierto rostro o personalidad, implica la posibilidad de sostener una relación de diálogo y cercanía con ellos. Este no es un mero proceso de humanización, sino la humilde asunción de que nuestra participación como especie de la fuerza vital del mundo no nos otorga ningún privilegio: el mundo es compartido en tanto que “totalidad psíquica”. Es esta perspectiva la que se ve socavada desde sus cimientos por la “visión científica del mundo”. La reificación, y casi obsesiva distinción que entrona al sujeto por encima del objeto, lleva, entonces, a una relación en la que el diálogo resulta impensable, pues el conocimiento es llevado hasta la obscena dominación del objeto a través de este saber que no para de escudriñar en sus secretos sino hasta conocer todos los principios o leyes que le permitan tener el control.

El conocimiento científico no conoce el pudor que impone la intimidad de lo animado. - tuitéalo    

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Ya en el empleo de términos como dominación y control se puede ver cómo se van dibujando los amplios alcances del diagnóstico de Berman: tenemos una perspectiva del mundo (metafísico-ontológica) en la que se juega el modo de relación con el mismo (ética), una forma de conocerle (epistemología) en la que también está presente un elemento político en la medida en que implica relaciones de poder tanto con el mismo mundo conocido como con los que en él habitan. De aquí que ese “sentimiento de indiferencia cósmica” generado por la “visión científica del mundo” no pueda pasar desapercibido y se convierta en un elemento crucial para el futuro. Nos dice el estadounidense: «Si es que vamos a sobrevivir como especie tendrá que surgir algún tipo de conciencia holística o participativa con su correspondiente formación socio política». En otras palabras, ante la urgencia por un cambio en el futuro tenemos la perspectiva holística de la “totalidad psíquica” como una alternativa que puede ser actualizada para reencantar el mundo.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

3 comentarios

  1. #Jerby   •  

    En alguna forma, las redes sociales permiten crear un entorno adhoc para cada asunto.

    La información ya no nos llega solo a través de los afines de nuestro barrio, sino que la seleccionamos a través de unas relaciones débiles o efímeras que vamos encontrando por la red.

    Este entorno adhoc bien podría denominarse reencantado.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda que las redes ayudan a romper un poco esa cápsula impermeable del sujeto abriéndolo a nuevas experiencias. Además nos permiten ver (sentido privilegiado del moderno) otras realidades que quizá de otra manera nos sonarían a puro cuento. Ahora, por tanto, el cuento tiene un soporte visual que hace posible la acción del encantamiento: experimentar una realidad alternativa a la tuya. Tan es así que ahora mismo hablo cómodamente con mi buen amigo el ratón. ¡Abrazo roedor!

  2. Pingback: Magia y ciencia: en torno al pensamiento mágico

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