¡Quiero ser emprendedor!

Antes de ser emprendedor hay que pensar la estructura de poder que hay detrás

No quiero engañar a nadie con el título del artículo: quiero ser emprendedor es una exclamación dicha con ironía. Me interesa darte a conocer aquí un par de argumentos del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Las ideas son bastante críticas con respecto a la realidad que vivimos. De manera que quien de verdad afirme con todas sus fuerzas esa mágica frase: quiero ser emprendedor, quizá será mejor que se detenga aquí aunque el texto no tenga ninguna intención de persuadirle con respecto a lo contrario. Los argumentos que aquí recupero, por el contrario, intentan dar un mayor sustento a lo que ya reflexionamos en otro momento sobre lo que puede significar aportar valor en la red.

La historia de Byung-Chul Han es sumamente singular, pero no me detendré demasiado en los detalles que para eso ya te he dejado el arriba el enlace. Basta con señalar aquí que el salto de la metalurgia en Corea del Sur al estudio de la tradición literaria, teológica y filosófica de Alemania es uno que no se da todos los días. Lo resalto para decir que se trata de un personaje al que no se le puede descalificar con ese argumento (que no lo es de hecho) que dice que nadie puede hablar de lo que no ha vivido en carne propia. Pues bien, el surcoreano conoce bien las entrañas de una sociedad dedicada a la producción y al consumo y renunció a ella para seguir su vocación lejos de casa.

El ojo de Sauron en los tiempos del emprendedor

El asunto se genera hace ya bastantes años, en el siglo XVIII para ser más precisos. Jeremy Bentham, filósofo inglés, diseño una estructura carcelaria muy peculiar que conocemos como panóptico. La peculiaridad de su idea era que todas las celdas podían ser vigiladas desde un solo punto sin que esta mirada vigilante pudiera percibirse. Una sola y única mirada sería suficiente para ejercer el control sobre un edificio entero donde sus ocupantes no podrían saber si están siendo observados o no.

Una mirada para gobernarlos a todos: la idea del panóptico de Bentham. - tuitéalo    

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No hace falta decir que el modelo es anterior a la presencia de las cámaras de vigilancia, por lo que en su momento se trató de algo novedoso. De ahí que fuera más allá del sistema carcelario para aplicarse al diseño de fábricas, escuelas y hospitales. La exposición y visibilidad del sujeto a una mirada (y nada más que una mirada) de la que se sabe que puede estar presente sin que se pueda tener la certeza de ello es más que suficiente para que los mecanismos de poder se activen. El resultado, además, es muy eficiente. De ahí el agudo comentario de Michel Foucault con respecto al diseño de Bentham:

Basta una mirada. Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá esta vigilancia  sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último término, ridículo!

¡Quiero ser emprendedor! Dijo desde dentro de su celda

Este preludio nos ayuda a ver con claridad la lógica que hay detrás del mecanismo de la interiorización. La mirada omnipotente y omnipresente, la que todo lo atraviesa, nos convierte en nuestra propia prisión. La idea, como seguramente puede intuirse, llevó a la arquitectura lo que la Iglesia hacía en términos discursivos: nadie puede esconderse del que todo lo ve, los malos actos serán castigados porque para él no hay secreto alguno. La coacción se lleva a cabo entonces desde dentro porque somos nosotros mismos los que estamos obligados a mirarnos y juzgarnos.

¿Debo todo lo que puedo? Hay que pensar más la relación entre la deuda y el poder. - tuitéalo    

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La traducción de este mecanismo en lo que Byung-Chul Han llama la “sociedad del rendimiento” es realmente brutal. Hay, en primer término, un paso del deber al poder. No se sigue ya la indicación de un jefe, no hay un mandato o una orden: el emprendedor abraza sus propias potencias convirtiéndose en su propio director general. Pero esto no hace sino deslizar sutilmente el mecanismo de dominación, de poder, hacia el interior del sujeto. Han lo dice de manera inmejorable en La agonía del Eros:

La llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato. […] La explotación de sí mismo es mucho más eficiente que la ajena, porque va unida al sentimiento de libertad. (pp. 19-20)

Aplaudimos la valentía del emprendedor olvidando, más o menos, que somos prisioneros de un sistema que nos condena a la producción constante. El autónomo en España lo sabe mejor que nadie sabiendo que en su libertad de emprender trabaja para el pago de impuestos. Pero eso no evita que los discursos de motivación que nos llegan un día sí y el otro también suenen maravillosos. ¿Quién puede decirle algo a quien te motiva a seguir y a tomar las riendas de tu propia vida? El mecanismo va hilando muy fino: nos hace sentir libres y motivados dentro del sistema de explotación.

Y todavía más, el éxito se busca por todas partes desde esta aparente libertad de emprender. Pero el fracaso genera una profunda sensación de culpa que explica muy bien ese elemento con el que también se ha aprendido a lucrar en nuestros días: la depresión. El régimen neoliberal se adueña de la palabra proyecto para lanzar a cada sujeto a salir adelante con sus propios medios. Somos nuestro propio proyecto, de ahí que no podamos renunciar a esta tarea y que la ansiedad pueda crecer desmesuradamente: “Quien fracasa es, además, culpable y lleva consigo esa culpa dondequiera que vaya”. (p. 21)

De nuevo el problema del valor

Ya se podrá intuir que la salida de esta dinámica no es en lo absoluto sencilla. El mecanismo del panóptico dio el salto hacia la interioridad para arraigarse de manera profunda. - tuitéalo     Llegamos al grado de hacer visible el lado siniestro de la libertad, su uso para volvernos esclavos de nuestro propio poder. No se puede dejar de recordar el señalamiento de Eugenio Trías: ningún valor puede ponerse por sobre los demás, el equilibrio entre un conjunto de valores es siempre crucial. Esto implica una constante apuesta por las diferencias, por los matices. Es necesario recuperar una reflexión que rescate del terreno de la indiferencia las cosas. - tuitéalo     En otras palabras: uno de los pilares de este sistema está en la nivelación a través de su noción de valor de cambio donde todo se vuelve equiparable.

Todo es aplanado para convertirse en objeto de consumo. Byung-Chul Han - tuitéalo    

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Lo hemos dicho aquí antes a propósito de los buenos consejos: aquello que acontece en el marco de una lógica de mercado no puede ser leído de la misma manera que lo que pasa en lo espontáneo de la vida. No se trata de descalificar a uno para poner en un pedestal al otro. El asunto está en demorarse (concepto que también trata Han) en pensar las diferencias entre ámbitos. Dar un buen consejo para orientar el consumo de alguien no aporta ningún valor vital porque responde a una lógica donde la honestidad y la voluntad de servicio son supuestos y no parte constitutiva o esencial de la transacción. Si no distinguimos, si no nos tomamos la molestia de marcar un límite entre el valor de cambio y el valor humano, jamás podremos abandonar la celda que nos han construido. El primer paso, por tanto, está en reconocer las diferencias para que entonces otra realidad se abra el horizonte. Quien quiere ser emprendedor bien puede tomar esto como su empresa vital más importante.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

8 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Querido Carlos,
    ¡Lo has descrito tan bien!

    • Carlos Girón   •  

      Mi querida mariposa, es todo mérito de estos filósofos de claras ideas y de esas antenas que hacen una atenta lectura. Gracias por pasar tus colores por aquí. ¡Abrazo lepidóptero!

  2. #Jerby   •  

    Carlos, me has convencido. Me voy a hacer emprendeudor.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón. Sin duda generaste la palabra que puede resumir esta situación. Seguiré la pista de estas ideas para saber si se propone alguna salida. Lo que necesitamos con urgencia es la esperanza a pesar de la deuda. ¡Abrazo roedor!

  3. Carolina   •  

    Hola Carlos,
    es como dices, trabajes para tí o para otro eres esclavo del capital y de los mercados. A unos les gusta más una cosa y otros les gusta más otra, y sarna con gusto no pica.
    También pienso que se ha empezado a usar la palabra emprendedor en un sentido que no es para mí el correcto. Cuando se nos habla de emprendedores es una manera más fina de decir autónomo o empresario (esta segunda les interesa más a los gobiernos). Pero para mí, de toda la vida, una persona emprendedora es aquella que tiene una idea, que le va a costar cierto esfuerzo, y se atreve a llevarla a cabo. No me gusta confundir las ideas emprendedoras con las ideas de negocio. Hay muchas ideas emprendedoras que no son de negocio.
    Abrazos 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos querida Carolina! Sin duda que esta es una constante en nuestro tiempo: los conceptos se nos mezclan en feliz promiscuidad haciendo difícil su distinción. Por eso caemos tan fácil en la postura del “todo vale”, “todo es X”, “X está en todas partes”. Por X podemos sustituir las palabras fetiche que leemos mucho por estos rumbos: mercado, marketing, venta, seducción, negocio… Creo que ya nos vamos entendiendo con respecto a la importancia de ponerle límites a los conceptos. Así que seguiré la pista de estas ideas para seguirlas compartiendo con todas y todos ustedes. ¡Un fuerte abrazo!

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