Del poliamor y otras antigüedades posmodernas

El poliamor es un concepto que no resulta tan novedoso

Ya hace un tiempo que me encuentro con esta singular palabrita: poliamor. El intento de definirla por la vía etimológica hace evidente uno de los primeros elementos escandalosos del concepto, a saber, que se trata de una palabra formada por un prefijo de origen griego (poli que designa multiplicidad) y una palabra latina (amor). Así que, dejando de lado el pecadillo de mezclar lenguas en un neologismo, estamos ante un concepto que busca hablarnos de la multiplicidad de amores. Cosa que no es igual que hablar de la multiplicidad del amor y que, lamentablemente, se deja por el camino la riqueza de la reflexión en este sentido. Pero vamos por pasos y evitando siempre caer en trampas argumentales.

El primer problema está en intentar ir más allá de lo que parece ser completamente claro con el concepto mismo: muchos amores que en este caso toman el rostro de personas. Se puede intuir entonces que el tema de discusión está en la necesidad de hablar de amor cuando lo que se quiere designar es un acuerdo para sostener relaciones con más de una persona. La clave, por supuesto, está en el acuerdo. No hay engaño, no hay mentira, todo es apertura y sinceridad para construir desde ahí una multiplicidad de relaciones amorosas. Hay que notar que se elige el término “amoroso” y no sexual porque el sexo no es el centro de esta supuesta novedad en la concepción de las relaciones de pareja, o al menos eso parece.

El poliamor y la libertad

Bien se podría decir que este poliamor es un ajustes en las reglas del juego que quitan del centro del tablero la norma de la exclusividad tanto en el terreno sexual como en el afectivo. Se trata entonces de un reto más a esos muros que hacen de la fidelidad un valor que nos obliga a estar en exclusiva con aquella o aquel con quien compartimos la cama. La reivindicación del propio cuerpo, la defensa de la libertad con respecto al mismo, encuentra en este concepto una cierta cercanía. Yo puedo acostarme con quien yo quiera (siempre que exista una correspondencia en el deseo evidentemente) y enamorarme de quien yo elija sin que ninguna de las dos decisiones implique generar un lazo que nos ate en contra incluso de nuestra voluntad.

En el poliamor el sexo es una manifestación más y no la única. - tuitéalo    

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El poliamor, entonces, plantea esta apertura y libertad de establecer relaciones afectivas con más de una persona de manera consentida y aceptada entre estos “muchos” donde el sexo es una más de las manifestaciones del amor y no un elemento indispensable. Se llega a hablar incluso de polifidelidad cuando al grupo se le ponen márgenes precisos y se establece un compromiso para no ir más allá de ese número de personas que signan inicialmente el acuerdo. Quizá sea este una especie de estadio intermedio y preparatorio para la apertura completa al poliamor. Pero, ¿será de verdad esto una defensa de la libertad? ¿No estamos dejando de lado matices importantes cuando hablamos de amor?

De amor y de amores

Ya adelantábamos que uno de los asuntos problemáticos está en vincular el amor a una relación con otra persona. Cuando decimos relación es evidente que se asume al menos la posibilidad de esa doble espiral sobre la que juega el poliamor: afecto y sexo. Pero el amor es un concepto que no se puede reducir al afecto y la sexualidad. Hay una división ya clásica que nos hablaría del amor erótico, el filial y el que se designa con el término griego de agape. Ya nada más con esta triple posibilidad sería suficiente para hablar de una especie de poliamor que no pone en la sexualidad el elemento fundamental para marcar la diferencia. Todos experimentamos un deseo erótico por otro, tenemos la mismo tiempo una relación filial con algunos más de nuestros semejantes y hay quien llega incluso al amor que, sin entrar en la polémica de la traducción, nosotros conocemos como caridad.

El amor es en sí mismo un afecto de múltiples rostros. - tuitéalo    

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Desde esta perspectiva seríamos seres poliamorosos nada más por considerar las posibilidades o rostros que el amor puede tener en nosotros mismos. Esto hace pensar que para quitar del centro del tablero las fichas de la sexualidad y la afectividad se cuenta con más de un camino. Pensar y reflexionar con respecto a las facetas del amor es también una vía para romper con esa historia romántica que encuentra en la exclusividad uno de sus signos de identidad. Esto, de hecho, ayuda a comprender las diferentes etapas del amor, la forma en que va cambiando sus manifestaciones y sus intensidades. Es así como podemos evitar confundir las sutiles diferencias en la lógica amorosa con el final de una historia que quizá todavía tiene mucho por decir. Todo partiendo de aceptar que el amor mismo es ya poliamor, pero no podemos renunciar de entrada a la reflexión en torno a sus posibilidades y variaciones.

Una línea para el respeto

Esto, como de costumbre, no es sino poner las cartas sobre la mesa. Hace falta mucho espacio aquí para poder desarrollar cada aspecto del amor y su correspondencia con lo que vivimos día a día en nuestras relaciones. Pero espero que sea suficiente para marcar una línea de auténtica crítica con estos conceptos que pretenden ser novedosos cuando en realidad simplemente nombran algo que al menos desde los famosos sesentas se viene manifestando. La liberación sexual parece que da un paso reconociendo al afectividad como compañera en la ecuación, pero no podemos engañarnos: lo central de este concepto sigue estando en ir en contra de una supuesta moralidad que tienen en el sexo uno de sus campos de batalla más delicados.

El amor es libre, pero la libertad va siempre acompañada de la responsabilidad. - tuitéalo    

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Es en este sentido que no podemos olvidar que la norma moral es un elemento que habla por igual de lo que se puede y de lo que no se puede en un determinado contexto o grupo social. Responder o buscar un ajuste en una norma implicará siempre mover la frontera, pero difícilmente se borrará. Reflexionar sobre el amor nos llevará a comprenderlo mejor desde dentro, es decir, desde sus posibilidades en nosotros y, por tanto, de las que nosotros mismos podemos ofrecer. Pero cuando se habla de relación con otros la libertad resultará siempre insuficiente. Debe aparecer entonces su eterno compañero: el respeto. Y, para no hacer esto ya demasiado largo, simplemente recupero una línea de Emmanuel Carrére: “La libertad no dispensa del tacto”. Qué siga entonces la reflexión pública y múltiple, porque lo cierto es que nuestras costumbres y normas se están quedando muy atrás en estos tiempos  donde variables como la esperanza de vida y las posibilidades de encuentro y comunicación han cambiado tanto.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Sería curioso aplicar esto a las redes sociales donde puedes tener relaciones muy diversas dentro de grupos y comunidades.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda que las redes sociales, tal y como las conocemos hoy, dan un rostro más de lo que podría entenderse por un amor múltiple. Aunque cabría reflexionar en el carácter virtual de esas posibilidades que se abren para el amor con el mundo 2.0. Así que sin duda hay mucho por decir en este tema. ¡Abrazo roedor y filial!

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