La polémica del Nobel: machismo y rock and roll

La polémica del Nobel nos recuerda lo subjetivo del arte

La polémica del Nobel este año no ha parado. Hace una semana que la Academia Sueca decidió dar una gran sorpresa al otorgar el galardón al cantautor Bob Dylan. El anuncio del premio suele estar acompañado por una breve frase que justifica la elección. En este caso la Academia dice lo siguiente: “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición americana de la canción”. Algo innegable pero que no escapa a preguntas relacionadas con la categoría en donde se le ha colocado: ¿es este aporte algo que puede inscribirse en el marco de la literatura? Por si no fuera suficiente alguien más ha levantado la mano para hacer otra aguda observación: ¿han notado la ausencia de mujeres en los premios?

“La respuesta está soplando en el viento”, diría Dylan. - tuitéalo     Si escuchamos ese murmuro seguramente nos recordaría que la polémica del Nobel no es cosa nueva. Obama tardó más en poner un pie en la Casa Blanca que en recibir el Premio Nobel de la Paz, por mencionar uno de los casos más recientes. Pero este es un caso distinto. La política convive con este tipo de situaciones diariamente, mientras que el terreno del arte está sujeto a una valoración igualmente subjetiva pero mientras sea un verdadero artista el que ocupa ese sitio las discusiones se diluyen rápidamente. Pero, ¿es que Dylan no es un artista?

Polémica del Nobel y el estatuto de la literatura

Lo que habría que agradecer a la Academia Sueca es que con su gesto de reconocimiento a Dylan ha puesto sobre la mesa un debate fundamental en el terreno de la estética: ¿qué es el arte? ¿Cómo distinguimos una obra de arte de un objeto más del mundo? Pero vamos a centrarnos en el caso del cantautor americano. El corazón de la literatura está en la letra. - tuitéalo     Es, en efecto, una acción de las palabras que buscan la bella expresión de un sentir, de una idea, de una realidad. Los hilos de las letras entretejen el texto que es la imagen más clara y común que tenemos cuando hablamos de literatura. Pero, de acuerdo a lo que acabamos de decir, no tiene que ser un elemento indispensable.

La palabra puede dar forma a la música para cantar poesía.  - tuitéalo    

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La tradición oral, que podríamos rastrear hasta la época de los trovadores, no está exenta de poesía. Se trata de un alegre encuentro del ejercicio de la palabra con la música. La pregunta interesante estaría en qué es lo que tiene más peso: ¿es la palabra la que da forma a la música o es la música la forma a la que se acopla la palabra? Está claro que en este caso no hablamos de una composición puramente musical, es decir, que la obra de Dylan pasa por la letra y en esa medida es completamente legítimo plantearse su hacer como un ejercicio literario. Hay quien ve esto como el anuncio del declive del libro en la cultura, pero eso, como ya vemos, es perder de vista que la historia de la literatura no siempre ha dependido del texto escrito en formato libro. Lo cual no quita que la polémica del Nobel abra la posibilidad de abrir nuevas categorías que permitan premiar a otras dimensiones de la creatividad y la cultura.

La expresión poética como criterio

La Academia Sueca habla de “nuevas expresiones poéticas”. El argumento por tanto parecería estar centrado en hacer de la canción una forma de poesía. No les falta razón. Octavio Paz destacaba ya en El arco y la lira la importancia del ritmo para la poesía, además el papel de la sonoridad en el poema es un tema central en todo el movimiento simbolista. Las relaciones saltan por todos lados, pero lo fundamental está en la responsabilidad que tiene el rótulo de lo poético. Dice Platón en el diálogo El banquete “Tu sabes que la idea de «creación» (poíesis) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos creadores (poietai)”. Estamos ante una noción sumamente amplia, pero también de un peso inconmensurable: el poeta es el que hace pasar cualquier cosa del no ser al ser.

Lo poético implica un profundo compromiso ontológico con la belleza del mundo. - tuitéalo    

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¿La obra de Dylan trae al ser algo de valor? ¿Son sus textos una forma de creación que cabe dentro de este inmenso compromiso ontológico? La respuesta que cada uno se dé arrojará luz sobre el mérito o ausencia del mismo para ser galardonado con este premio. Este podría ser un buen punto de debate donde lo que debe evitarse es la interferencia de viejos prejuicios. Uno de ellos es el que identifica a la literatura y su valor con los estándares “oficiales”. Los clásicos de la literatura tienen un valor de sobra reconocido, pero nada dicen con respecto a lo que debe ser la literatura en otros tiempos (desde un punto de vista formal al menos).

No es lo mismo La montaña mágica que Like a Rolling Stone, pero ambas responden de manera creativa a su tiempo y hacen un ejercicio de letras comprometiéndose con la forma que cada una ha elegido. La grandeza de la primera no cierra la puerta al aporte de la segunda. Pero, sobre todo, no cometamos el error de darle más valor a algo solamente por pertenecer al pasado. Una muy buena muestra de que no hay cosa más complicada que pensar el propio tiempo. - tuitéalo     La polémica del Nobel seguirá ante la amenaza de que el premio sea rechazado, como ya lo hiciera Sartre en el 64.

¿Y las mujeres?

La polémica del Nobel continuó cuando alguien hizo notar la ausencia de mujeres entre los premiados durante este año. Esa aguda observación encendió una mecha que suele ser bastante corta. Hay quien se pregunta si se debe reconocer a una mujer dentro de los premios por el simple hecho de serlo. La respuesta es muy clara: no. El verdadero asunto es si en realidad no hay ninguna mujer en el mundo que durante este año haya realizado una contribución que fuera digna de este reconocimiento. Si la respuesta es que no entonces tenemos sobre la mesa un verdadero problema al que no podemos dar la espalda: ¿estamos garantizando de verdad la igualdad de oportunidades para el desarrollo científico, intelectual y cultural de la humanidad entera?

A veces la ausencia habla más que la presencia. - tuitéalo    

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Si por el contrario la respuesta es que sí entonces tendríamos que revisar los argumentos para la elección. De nuevo nos encontraríamos ante la oportunidad de poner en juego nuestros prejuicios. Este sería un ejercicio de máximo interés, pues nos permitiría ver que es posible determinar un premio de esta magnitud discutiendo ideas, proyectos, investigaciones y no personas. El aprendizaje sería de lo más valioso tanto para quienes caen en el exceso de imponer el género como criterio como para quienes se niegan a ver la inequidad en un ámbito aparentemente tan racional y abierto. La pregunta, por tanto, es más que pertinente y nos invita a todos a reflexionar y a trabajar para cambiar las cosas. Por donde se vea la polémica del Nobel puede traer buenas cosas para todos.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Una vez, oí una definición de poesía que me encanta: ‘Poner nombre a cosas que no lo tienen’.

    Y a este respecto, Dylan sí llamó en su época por su nombre a muchas cosas que otros no se atrevían a mencionar.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda Dylan tiene mucho de poeta. La cosa aquí está en la “pureza de los géneros”. Es un debate muy interesante que ojalá se mantuviera en esta línea de argumentación estética y no nada más en una pataleta de algunos “puristas”. ¡Abrazo roedor!

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