Una poética despedida de Miyazaki con “El viento se levanta”

El primer encuentro entre grandes creadores

En una época dominada por el 3D, Hayao Miyazaki muestra su maestría con películas como El viaje de Chihiro (2001) y El castillo ambulante (2004) donde demuestra que, cuando se tiene una buena historia, dos dimensiones bastan y sobran. La animación del japonés conquista a pequeños y grandes con su capacidad narrativa, con su desbordante imaginación que nos transporta a un mundo en el que los sueños y la realidad se encuentran cara a cara. Dice el director que esta es su despedida, que se retira de las pantallas dejando un hueco enorme y difícil de llenar. Esperemos que no sea así y poder disfrutar de sus historias que se ganan el apelativo de animadas por más de una razón.

La película toma prestado el título a una línea del poema de Paul Valéry El cementerio marino: “Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!”. Una poderosa razón para enamorar desde su inicio. El desarrollo de la película conserva el tono poético explorando el entramado de sueños que acompañan al ingeniero aeronáutico Jiro Horikoshi, quien fuera el responsable de diseñar los cazas japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, como bien se lo advierte Caproni en sus fantasías, los aviones son un hermoso sueño que no deja de estar maldito, como los poetas. La aspiración al vuelo engulle y se desarrolla a costa de la guerra que va dejando una desastrosa estela de muerte. Aunque los personajes no se centran en esta faceta, sino en eso que también señala el italiano compañero de sueños: “La inspiración destraba el futuro”. Más allá del rojo bélico hay un horizonte luminoso por el que no se puede dejar de luchar, la inspiración llama más allá del fuego y las balas. 

“Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!”, palabras que dan título a la película. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Valéry abre el poema que da título al film con una referencia a Píndaro: “Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota la extensión de los posible” (Píticas III, Epod. 60, 65). No podría haber mejor imagen para lo que Miyazaki nos presenta en su película. Un niño que sueña con ser piloto, pero las limitaciones de su vista se lo impiden. Un joven que se esfuerza por crear el mejor de los aviones sobre el cielo, pero se encuentra con la frontera tecnológica y la crisis económica. Un hombre que sueña con una mujer, pero la enfermedad les mantiene siempre a la distancia. Entre ambos polos está siempre la tensión, es decir, la extensión de lo posible que busca ser abarcada en cada situación. Una vida transformada en poema animado, pero no sólo por que el dibujo cobra vida, sino porque dota de verdadera alma a las aspiraciones y sueños de la humanidad que se ve reflejada en un hombre. Aspirar y aspirar, el alma se acerca siempre al viento que en esta película está presente en cada fotograma.

El libro se abre y se cierra en función del capricho de la brisa. Es así como se dan los encuentros, como el mundo nos obliga a levantar la mirada para encontrarnos con los ojos del otro. El viento trae y se lleva los aromas para que el recuerdo sea posible, desde el humo del incendio hasta el del tabaco propio de un singular personaje alemán de apellido Castorp. Sí, hasta Thomas Mann tiene un lugar en este film. La montaña mágica está presente en esta despedida del autor, del genio de la animación que parece querer agradecer todas sus fuentes de inspiración. Aire de nuevo, la posibilidad de vivir, de elegir un mundo con pirámides para que sean ellas el símbolo que guíe al siguiente soñador. Es eso lo que nos regala Hayao Miyazaki, un conjunto de símbolos que invitan a soñar y a mantenerse en ese estado creativo. Una invitación para que otros continúen la senda que se abre, sin por ello dejar de ver y señalar la dimensión siniestra del ser humano. 

Elegir un mundo con pirámides para que sean ellas el símbolo que guíe al siguiente soñador. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

El viento se levanta, hay que intentar vivir.  Es el anuncio del cambio, la inspiración necesaria para levantarse y seguir el camino, ese que nuestros sueños infantiles pudieron haber prefigurado. Quizá Miyazaki tiene más de Caproni que de Jiro en este film: nos presenta su último gran diseño y anuncia su retiro. Busca entre la audiencia al que quiera seguir jugando con el viento, intentando vivir, agotando la extensión de lo posible. A nosotros no nos queda sino agradecer su labor y disfrutar de esta joya de la animación que seguro te dejará con una sonrisa en el rostro y recuerdos, muchos recuerdos que son el combustible de una humanidad que busca hacerse un futuro. Mira, el viento se levanta… 

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. Pingback: Tres grandes películas de animación que debes ver

  2. Pingback: Studio Ghibli, tres momentos en la filmografía del estudio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.