“Perdida”, el nuevo rostro de un psicópata de película

Perdida es una película que se transforma tres veces

El público sabe la verdad, atiende la historia de Perdida sabiendo las cartas que se juegan. Al menos es así durante una de las tres partes que tiene este film de David Fincher. La adaptación de la novela de Gillian Flynn parece ser todo un éxito en las expertas manos del director nacido en Colorado. Alguien que gusta precisamente de estos giros inesperados, de las sorpresas que logran impactar profundamente al espectador. Pero la fuerza del film recae en ese elemento fundamental: el público sabe la verdad y hay momentos en que parece que quiere gritarla para deshacer el nudo que la película va haciendo lentamente en el estómago.

Son varias las sorpresas en el film. La más grata es la del trabajo de la británica Rosamund Pike en el papel de Amy Dunne. Una auténtica revelación su capacidad para pasar por las fases de la película. Se trata de un personaje omnipresente a pesar de que es ella quien desaparece y quien es objeto de búsqueda. Desde esa pequeña que tuvo que vivir con un alter ego generado por sus propios padres en una historieta que le robó la infancia, hasta la esposa que no encuentra la salida a una situación de profunda insatisfacción. Ella es Amy Dunne y nada le puede estar negado. - tuitéalo    

Perdida, primera parte: la película de detectives

El inicio es francamente flojo. Todo pinta para que sea una típica película donde el asesino está ante nuestros ojos y sólo queda esperar a ver cómo es que lo descubren. Los escenarios, los diálogos, los personajes… la construcción de la historia con Amy como narradora, como voz que va dando un sentido al desarrollo de los acontecimientos. Esto cobrará una gran relevancia, aunque en un primer momento no se le preste tanta atención a esa voz de la conciencia que dicta lo que debemos ver y pensar. Es ella quien nos hace conocer a un tímido y retraído Nick Dunne (Ben Affleck), su marido.

La primera parte de Perdida nos presenta una historia de detectives bastante mediocre. - tuitéalo    

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Poco a poco, y con la ayuda de la voz de fondo de la televisión, la duda con respecto a la inocencia de Nick va creciendo. Su actitud completamente pasiva te lleva a pensar que la desaparición le hace sentirse aliviado. El personaje se mueve entre una bomba de tiempo que acumula tensión y un individuo indiferente ante lo que está sucediendo con su esposa perdida. Hay que destacar también lo que hace Affleck, aunque no sea precisamente uno de los más grandes de la pantalla. El rol de quien debe esperar puede ser más complicado de lo que parece.

Perdida, segunda parte: no todo lo que reluce es oro

Mientras más nos acercamos a saber si Nick es o no un asesino y las pruebas comienzan a dar forma al caso, más se intuye que algo no anda del todo bien. Entonces las primeras notas discordantes aparecen: una joven amante, un matrimonio que se cae a pedazos, un embarazo revelado por la amiga de la Nick nada sabía. Aquí las estaciones del juego que Amy había preparado antes de desaparecer cobran otro sentido: decir la verdad del que parecía el marido perfecto. Las piezas del rompecabezas toman forma de golpe, aunque sea con algo no del todo inesperado. (No diré más para no arruinar la sorpresa)

La segunda parte de Perdida da un giro inesperado a las cosas. - tuitéalo    

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Entonces comenzamos a ver una dimensión completamente distinta. De una inocente y melosa lluvia de azúcar pasamos a la venganza pasional, la desmesura que nos deja perplejos ante lo que puede hacer un ser humano enfurecido. El mal, al final del día, es una elección. - tuitéalo     Así que en la segunda parte vamos de visita al lado oscuro de la Luna, a esa parte que está siempre ahí pero que nos negamos a tomar en cuenta. El relato había sido armado de manera meticulosa a la medida de las expectativas de un auditorio acostumbrado a la narración melodramática. Puede que parezca ilógico, pero es que la lógica a la que se apela no está en la razón sino en la emoción. Apoyándose mucho en la avaricia de unos medios sedientos de notas que vendan.

Perdida, tercera parte: la verdadera prisión de lo humano

De aquí en adelante se trata de descubrir hasta dónde se retuerce una psique humana. Hay algo de fatalidad en el desenlace de la historia, es decir, parece que el camino de vuelta a casa resulta inevitable por una conspiración invisible, por obra de la mano de un dios caprichoso. Quizá este es el punto donde se le puede criticar algo a la película. Pasamos de los días perdida de Amy a una secuencia que se precipita dando un giro radical que no es sencillo de poner en escena. Sobre todo cuando no hay elipsis temporal posible: el tiempo de la película es bastante lineal, aunque no lo parezca.

La única y verdadera prisión de lo humano está en sus decisiones. - tuitéalo    

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Lo que tenemos entonces es al espectador que sabe la verdad, que sabe exactamente lo que ha pasado. Pero el espectáculo debe continuar y la esencia del psicópata del cine es imposible que se separe de ese doble que le acompaña. Los planos abiertos se acaban y vamos cada vez más con acercamientos que nos hacen sentir que la única y verdadera prisión a la que nos enfrentamos es la de nuestras propias decisiones. Es la gran paradoja de la libertad. Sabemos la verdad, pero no podemos hacer nada, la voluntad pierde todo contacto con la razón haciéndonos avanzar en un sentido incomprensible. Corre, grita, escapa… nada de lo que digamos a la pantalla servirá de algo: la suerte está echada.

Si bien este último giro es el más delicado de justificar, también es el que le da el toque brillante. Pasamos de una película de detectives al laberinto de la personalidad de un asesino, de un ser humano perdido que no atina a encontrar su hilo de Ariadna que le muestre la salida. Cuesta entonces redimensionar todo lo acontecido, darle una nueva perspectiva que nos deja boquiabiertos. Además de generar un nudo moral en el estómago inevitable ante esa dimensión siniestra de lo humano. Ya sabemos lo que dijo Freud al respecto: lo siniestro es el reverso de nuestra propia casa - tuitéalo    , pero sin dejar de ser precisamente nuestro hogar. Estamos, en suma, ante una película que vale la pena ver y comentar.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Ah! La prisión de nuestras propias decisiones. Con lo sencillo que tendría que ser llevar una conducta más o menos coherente y luego, todo se complica…

    • Carlos Girón   •  

      Bueno, aquí hablamos de un personaje sumamente retorcido. Por eso necesitamos tres vueltas de tuerca para comprenderlo. Pero sí, parece que de cuando en cuando tenemos que enfrentar esos caminos que se abren poniendo a prueba la coherencia. ¡Abrazo roedor!

  2. Bolboreta Papallona   •  

    No he visto la película…
    Leo en tu artículo: “un ser humano perdido que no atina a encontrar su hilo de Ariadna que le muestre la salida” ¡Cuántas veces me he sentido así!
    Ya no busco el hilo… me he lanzado a volar y ya no hay laberinto del que salir.

    • Carlos Girón   •  

      La mariposa bien puede ser el símbolo de un alma que vuela por encima de los laberintos. Su perspectiva es privilegiada. La película habla de un caso extremo, pero quién sabe cuántas personas se encuentran en esos lindes de lo siniestro. Para ellos un poco de color de mariposa con una invitación a volar. ¡Abrazo lepidóptero!

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