Notas imprecisas sobre el proyecto de la Modernidad

Unas cuantas notas libres sobre la Modernidad y sus principios

Te presento hoy unas notas bastante sueltas y libres. Se trata de un tema relacionado con inquietudes personales, pero no por eso poco compartidas. La razón, la realidad, la determinación del mundo y lo que en él sucede desde una perspectiva racional, son elementos que acompañan este breve repaso sobre algunas ideas de lo que conocemos como Modernidad. Sus valores y pilares están presentes en casi toda actividad humana, por lo que no está de más seguirlos pensando con alguna dosis de sospecha ahí donde sea necesario. El proyecto moderno no debe confundirse con el más bondadoso, pues sus propios principios demandan que se le tenga siempre bajo la lupa.

Al denominar a la Modernidad como un proyecto se está diciendo ya bastante sobre su carácter. Un proyecto es tal en la medida en que constituye una visión hacia el futuro, es decir, es un plan elaborado desde el presente para extenderse hacia lo que está por venir. Así, la Modernidad no es sino un plan formulado desde una determinada etapa histórica para determinar los pasos a seguir en el futuro. Pero eso no es todo, pues esta operación implica o supone una determinada concepción del tiempo. En el caso de la Modernidad nos encontramos con una confianza en que el tránsito del pasado al futuro es siempre un paso para mejorar. En la concepción del tiempo de la Modernidad la noción de progreso será central y determinante. - tuitéalo    

Por otro lado, en cada proyecto hay siempre un cierto arrojo, es decir, una apuesta por un camino determinado en detrimento de otros tantos posibles. El proyecto de la Modernidad apuesta por un sendero en el que es la razón la que asegura el avance constante. En otras palabras, los principios de la razón bastan y sobran para llevar a la historia en una dirección progresiva. Cualquiera que se ajuste a dichos principios llegará a buen puerto, a uno con un futuro próspero.

Razón y progreso son dos de los pilares de la perspectiva moderna. - tuitéalo    

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Ahora bien, si el proyecto implica arrojo y éste se traduce en la elección de un camino, entonces debe haber siempre algo (mucho) que se deja de lado. Pero podemos poner atención en esta particular característica de la elección. Para la Modernidad esto implica entrar en una relación muy específica con ese suelo sobre el cual camina, a saber, la tradición. Decidirse por un camino hacia delante bajo el auspicio de la razón lleva a someter a juicio el pasado a fin de recuperar de él los elementos que hagan las veces de trampolín del progreso y descartar aquello que obstaculice el buen desarrollo de la historia. Así, mientras en una sociedad tradicional se da gran valor a aquello que es símbolo del pasado, a lo que nos liga a nuestros antepasados, en una sociedad moderna es el futuro el que adquiere una importancia mayor. De manera que todo aquello que se presente como obstáculo para el porvenir debe ser descartado: sea un símbolo religioso o una forma de organización social ancestral.

El sujeto y la razón de sus razones

De esta peculiar relación con el pasado a partir de la preeminencia de la idea de progreso se pueden extraer un par de elementos que resultan fundamentales, a saber, la libertad y el sujeto. En efecto, una relación con la tradición como la que se adquiere en el proyecto de la Modernidad supone una idea de emancipación, es decir, una liberación de elementos coercitivos (Iglesia, Monarquía, etc.) para dar paso a la autonomía del individuo. Es Kant quien articula estos elementos de manera brillante en su célebre formulación sapere aude. Esta consigna que impele a valerse de la propia razón no es sino el estandarte de un proyecto que apuesta a un futuro siempre mejor.

La libertad es un ideal, pero también un ejercicio que tiene a la razón como compañera de juegos. - tuitéalo    

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Pero aquí podemos comenzar a señalar ya un problema inherente a la formulación del proyecto de la Modernidad: al apelar a la razón como faro último e infalible, ¿hablamos de una razón universal o de la razón de cada cuál? Cada sujeto debe regirse por su propia razón, pero ésta debe poder ser puesta a prueba ante la de otros sujetos, de manera que la razón no constituye una entidad independiente sino un constructo formal bajo el cual todos y cada uno pueden cobijarse. Hay, pues, una razón universal que consiste en un conjunto de formas y procedimientos reproducibles y aceptables por cada uno de los miembros de una comunidad. Resulta evidente que una formulación de este tipo apunta a una noción de razón íntimamente vinculada con el conocimiento de corte científico. En efecto, lo racional será identificado con aquello a lo cual se llega mediante una serie de pasos comprobables y verificables por cualquier otro sujeto en las mismas condiciones.

Los límites de la gran razón

Uno de los principales problemas de este tipo de razón es que no puede ser aplicada a cualquier objeto y en cualquier ámbito. Sirva como ejemplo otra formulación kantiana: el imperativo categórico. De acuerdo a los planteamientos éticos kantianos la mentira no es una posibilidad, aunque ésta pueda salvar una vida. Llevar una razón científico-tecnológica como antorcha y confiar en que su luz es más que suficiente para atravesar todo tipo de caverna, nos ha llevado, de hecho, a mostrar los límites del proyecto de la Modernidad. Es en este punto donde encontramos el elemento crítico más relevante: una razón que garantice el progreso está sujeta a un criterio de legitimidad inevitable, a saber, la confirmación en los hechos de su infalibilidad.

No obstante, los mismos principios de la Modernidad complican el hablar de un fracaso. Se ha encontrado con un límite, pero no se rinde. Con ello se abre la puerta a otras posibilidades, a alternativas, y entre ellas encontramos la Postmodernidad. En efecto, el aparente fracaso del proyecto de la Modernidad en la historia acaecida ha provocado una diversidad de respuestas que tienen en común el rechazo de una racionalidad instrumental y técnico científica como criterio y valor último. Ante la promesa incumplida del progreso generalizado la reacción no se ha hecho esperar a través de una crítica radical a los pilares del proyecto. Aunque no siempre se es consciente de que esta crítica es, de hecho, un elemento esencial de la Modernidad.

La gran razón de la Modernidad se fragmenta ante la sospecha que despierta su omnipotencia. - tuitéalo    

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El futuro deja de ser un horizonte edénico y todo aquello que había quedado exiliado por este imperio del futuro comienza a ser revalorado. La razón entendida en un sentido unívoco bajo los esquemas de las ciencias naturales o exactas ve caer su reinado para abrirse a una multiplicidad de razones donde la interpretación pasa a ser un elemento clave. Diálogo, interculturalidad, respeto a la diferencia: el ideal de la razón como gran faro desemboca en la necesidad de múltiples y diversos matices de iluminación.

Un elemento importante en la crítica postmoderna tiene que ver con que la razón universal está “casualmente” ligada a un contexto cultural determinado, al saber, el de la nación económica y políticamente dominante. Así, lo que resulta racional se determina no desde un diálogo abierto entre naciones, sino desde los principales centros de investigación que, por azares del destino, se encuentran en la nación de mayor poderío. De esta manera, modernizarse implica ajustarse a los designios de la nación cultural y económicamente dominante. Esto es algo ante lo que siempre cabe la duda o la sospecha de que algo se esconde detrás de la pretendida razón universal. La sospecha es un elemento central para los movimientos postmodernos. - tuitéalo     Desde ella descubrimos que una razón única tiene como resultado una fragmentación en múltiples razones particulares que han de ser ejercidas y evaluadas en cada caso concreto.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

6 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Muy sospechoso…

    • Carlos Girón   •  

      Sospecho que la mariposa intuye que la cosa no acaba aquí. Esas antenas son muy finas para eso de percibir. ¡Qué falta le hacen unas de esas a la pobre Modernidad! ¡Abrazo lepidóptero!

  2. #Jerby   •  

    Lo malo es que para que algo funcione hace falta un 20% de razón y un 80% de corazón.

    La razón por si sola solo sirve apenas para hacer crucigramas… A veces, ni eso…

    • Carlos Girón   •  

      ¡Mi querido ratón! Estás revelando el siguiente paso de estas reflexiones. Pero eso se lo voy a dejar a la araña en su red uno de estos días. Mientras tanto regreso al crucigrama. ¡Abrazo roedor!

  3. Carolina   •  

    Hola Carlos,
    te escribo esto por ver si los dos hablamos de lo mismo. En algunos libros de Trabajo Social sí hablaban de la postmodernidad refiriéndose al momento actual. Yo entendí la Modernidad como lo que siguió después de la Revolución Francesa. Esta significó un cambio social. Se pasó de la época feudal a la Modernidad. Esa Modernidad tiene todo del pensamiento de los ilustrados (Montesquieu, etc).
    Un abrazo 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Carolina! Es justamente así como lo dices. La cosa es que cuando lo pensamos parece que la Modernidad hubiera comenzado ayer. La Postmodernidad, por tanto, es una cosa rara que todavía se está definiendo (aunque no dudo que haya quien ya la dé por superada). La cosa es tener los sentidos bien atentos en ese proceso. ¡Un abrazo!

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