Notas sobre la microsociología de Goffman

Una propuesta de Goffman para analizar la vida cotidiana desde el teatro

Erving Goffman es considerado como el padre de la denominada microsociología que no es sino una sociología que no se ocupa de los problemas macro del ámbito social, sino que se centra en la interacción en escalas reducidas. Ámbitos como el de la familia y la pareja pueden ser objeto de estudio de esta variante de la sociología que, dicho de manera general, se preocupa por cómo de la interacción social se van derivando distintos roles que orientan el comportamiento. Puede que te parezca un rollo un poco denso, pero creo que es interesante conocer esta posición que bien podría emplearse para analizar la interacción en las redes.

Los conceptos de la microsociología

Interacción, actuación y fachada

En esta línea, La presentación de la persona en la vida cotidiana, la obra de Goffman que da pie a estas líneas, acude a un lenguaje emanado del ámbito teatral para pensar las relaciones que se establecen en los grupos humanos a pequeña escala. Ahora te voy a contar un poco de los conceptos empleados por Goffman y las relaciones entre ellos. Lo primero es dejar muy claro lo que se puede entender por interacción, ya que este es el punto de partida, es decir, es desde y por la interacción que se puede hablar de la configuración de estos “microespacios”. Goffman la define como “la influencia recíproca de un individuo sobre las acciones del otro cuando se encuentran ambos en presencia física”.

Desde aquí puede verse la importancia fundamental que se da a las relaciones cara a cara, a todos aquellos vínculos que se establecen entre sujetos particulares en presencia uno del otro. Por otro lado, es en los actos entre dos o más personas concretas donde podemos encontrar elementos de estudio, en las acciones que producen una respuesta en el otro. Es esto lo que da pie para introducir un segundo elemento: la actuación. Ésta es entendida como “toda actividad de un individuo que tiene lugar durante un periodo señalado por su presencia continua ante un conjunto particular de observadores y [que] posee cierta influencia sobre ellos”.

Interacción, actuación y fachada son los conceptos centrales de la microsociología. - tuitéalo    

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Goffman, como puedes ver, no se centra en el individuo concreto que actúa sino en la acción misma. Importa más lo que se hace que el individuo que lo hace. De esta manera, si bien el punto de partida para una microsociología se encuentra en los sujetos particulares, no son éstos sino la influencia de su actuación sobre los espectadores lo que constituye el núcleo de la investigación. Esto puede verse en dos elementos: la mención explícita a dicha influencia y el hecho de que la actividad parece resultar efectiva sólo cuando hay una presencia, cuando la acción es accesible a la vista de otros. Así, lo que realmente importa no es el individuo como tal –que podría estar presente en la memoria o la imaginación– sino la actuación que desarrolla de manera efectiva, con cierta influencia frente a otros.

Esto nos lleva a un tercer término: la fachada. Ésta es entendida como “la dotación expresiva de tipo corriente empleada intencional o inconscientemente por el individuo durante su actuación”. La fachada es, entonces, todo el arsenal con el que cuenta el individuo para llevar a cabo su actuación: todo aquello de lo que se vale el individuo para su presentación ante el público. Conectando estos tres conceptos puedes ver que, en la medida en que la interacción social es pensada en términos de relaciones directas y la actuación –las acciones que un individuo realiza para ejercer cierta influencia sobre un auditorio– tiene un papel central en la misma, lo que tenemos como resultado es un individuo que construye una fachada de manera constante para presentarse ante los otros. Ojo que esta construcción se da de manera forzosa, el individuo no escapa al ella en ningún momento, pues la definición de la fachada nos habla de un empleo intencional o inconsciente, por lo que toda presentación del individuo ante otro supone el empleo de elementos expresivos para provocar ésta o aquella reacción en el otro.

El escenario de la vida cotidiana

El empleo de una terminología emanada del ámbito teatral puede encontrar una justificación teórica desde el momento en que los reflectores se han enfocado en la acción y no en los individuos. En efecto, la voz griega drama refiere a la idea de acción y es esta misma la que da origen al género literario que abarca al teatro en todas sus manifestaciones (el texto teatral se represente o no). Así, toda la terminología empleada para pensar el ámbito teatral podría encontrar un parentesco o servir a un abordaje sociológico que ponga a la acción como su punto medular. Aunque conviene realizar algunas precisiones a fin de no hacer aplicaciones equivocadas.

El drama pone el centro en la acción: punto de unión del teatro y la vida cotidiana. - tuitéalo    

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Por principio de cuentas, el actor de teatro cuenta con la orientación de un texto que conoce de antemano. No se enfrenta a un auditorio desde la nada, sino que sabe ya el curso que ha de tomar su acción y las reacciones que busca provocar. Por ejemplo, si se quiere parecer  un médico de renombre en la Viena de finales del siglo XIX, el actor cuenta con todo un conjunto de recursos (escenografía, vestuario, modos de andar y de hablar, parlamentos específicos, etc.) que le permiten generar la impresión deseada. Para Goffman esto acontece de manera análoga en la presentación de la persona en la vida cotidiana, pero bien podríamos lanzar una pregunta con un poco de malicia:  ¿quién dicta el texto de la vida cotidiana?

El hotel de Shetland como campo de pruebas

Los ejemplos de Goffman son extraídos particularmente de un pequeño hotel en una isla al Norte de Gran Bretaña: Shetland. Uno de los más recurrentes es el que se presenta en el área del comedor y que nos lleva a introducir aquí un concepto más, a saber, el de equipo de actuación. Es claro que las actuaciones no sólo se llevan a cabo en lo individual, sino que frecuentemente se cuenta con un “conjunto de individuos que cooperan para representar una rutina determinada”. El equipo de actuación de la zona del comedor del pequeño hotel referido tiene un objetivo común: proyectar una buena imagen a los comensales. Esto determina su vestimenta, el acomodo del escenario, su forma de desplazarse y de dirigirse, entre otras cosas. Así, el texto se conforma por una serie de acciones que deben ejecutarse de una manera específica y precisa para que la influencia sobre el auditorio sea la deseada. No hay aquí más autor que el de la finalidad establecida por el equipo, es decir, no hay una subjetividad que se encuentre “ahí detrás” de la actuación como creador de la misma, sino que es la complicidad de los participantes en torno a una finalidad común la que lleva a definir roles o papeles de los individuos.

La finalidad compartida es la voz que dicta el texto de nuestro comportamiento. - tuitéalo    

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En la medida en que un individuo se introduce en el campo de lo social adquiere el estatuto de persona: este es el sentido del título de la obra de Goffman. El individuo presenta –elabora– una fachada, una máscara, ante los otros que son su auditorio. - tuitéalo     La vida cotidiana, entonces, es un carnaval veneciano en el que podemos presenciar una inmensa variedad de actuaciones y presentaciones. Pero, ¿qué pasa cuando no se está ante un público? Dos elementos deben ponerse sobre la mesa en este punto, a saber, la dimensión del backstage y la relación del individuo consigo mismo.

La cadena infinita de escenarios y la imposible soledad del actor

Con respecto a la primera, el backstage o región posterior, el autor nos brinda la siguiente definición: “un lugar, relativo a una actuación determinada, en el cual la impresión fomentada por la actuación es contradicha a sabiendas como algo natural”. Siguiendo con el ejemplo del comedor del pequeño hotel, la región posterior correspondiente se sitúa en la cocina. Cuando el equipo de actuación (meseros) se encuentra en el área de cocina –evidentemente inaccesible para los comensales– puede adoptar un comportamiento que, de ser observado, daría al traste con la impresión que se busca generar y sostener. De hecho, todo el equipo de trabajo de una cocina puede adoptar posturas, un lenguaje poco apropiado, burlarse de quienes están del otro lado de la puerta o lo que se te ocurra, siempre y cuando se encuentren en la invisibilidad de la región posterior.

Parece que en la vida no hay un detrás del escenario, sino una cadena infinita de escenarios. - tuitéalo    

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No obstante, introducir una dimensión como esta nos lleva a pensar que, en la medida en que también “tras bambalinas” se dan relaciones de interacción cara a cara, la región posterior no es sino otro escenario que, a su vez, tiene su correspondiente región posterior. ¿Me sigues? Estamos frente a una especie de juego de espejos donde el reverso es siempre otro espejo: escenario detrás del escenario. Si seguimos esta línea buscando su punto de arranque, llegaremos a la relación del individuo consigo mismo. En este punto las palabras del sociólogo canadiense resultan intrigantes:

El individuo puede mantener en privado normas de conducta en las que personalmente no cree, pero las conserva debido al vívido convencimiento de que existe un auditorio invisible que castigará toda desviación respecto de dichas normas. En otras palabras, el individuo puede constituir su propio auditorio, o imaginar la presencia de un auditorio.

Escapar a la construcción de una fachada aparece, entonces, como una tarea imposible incluso en el ámbito privado. La interacción social se erige en apariencia como un tirano que nos obliga a ser personas de manera constante, incluso ahí donde nadie nos ve. Se establece, finalmente, una relación en la que el auditorio requiere de la presencia física del individuo para ser influenciado por su actuación, pero el individuo no requiere que el auditorio esté efectivamente presente para “entrar en personaje”. Esta relación desigual puede derivar en una postura crítica ante la propuesta de Goffman. Pero eso tendrá que quedar aplazado. En cambio, conviene destacar que este “vívido convencimiento” en torno a la existencia del auditorio invisible puede relacionarse con la mirada de la humanidad planteada por Sartre que lleva al sujeto a elegir los actos buenos.

La mirada de un auditorio imaginario nos condiciona constantemente. - tuitéalo    

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Sartre nos dice en El existencialismo es un humanismo que “todo ocurre como si, para todo hombre, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que hace y se ajustara a lo que hace”. Esta humanidad vigilante de los actos de todos y cada uno es la que lleva al sujeto a sentir la responsabilidad de elegir bien y actuar bien, de tal manera que es en virtud de la presencia de la humanidad como público que el sujeto deviene sujeto ético. De la misma manera, en la perspectiva de Goffman la capacidad de imaginar el propio auditorio es  lo que hace que el individuo se conserve siguiendo ciertas normas de conducta. Nuestros actos, lo que hacemos a diario, lo que compone nuestra rutina y lo que, en gran medida, nos define, está determinado por una relación en la que nos sentimos y sabemos observados.

Ahora bien, ¿qué tipo de escenario es el de las redes sociales y los espacios digitales? Bien se puede pensar que nuestra interacción en la red genera una fachada virtual, que el mundo 2.0 es un gran escenario donde realizamos una actuación ante el auditorio de seguidores y que el backstage es el mundo 1.0, el offline. Estas categorías, me parece, pueden ayudarnos a comprender los personajes que representamos a diario a través de nuestros perfiles sociales. Una forma de entender que lo que se hace desde ahí no tiene una gran diferencia con es vida cotidiana no digital. Además, en el terreno profesional puede aportar elementos para tener conciencia de nuestras finalidades compartidas para armar equipos de actuación que terminen en la consecución de nuestros objetivos de social media. Pero este es un debate que no puedo sino dejar abierto a la espera de una oportunidad para aplicar y ensayar con este dibujo conceptual.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

7 comentarios

  1. #Jerby   •  

    La sociología de la redes bien podría denominarse ‘netología’ y tu ya famosa ‘seoducción’ la forma más efectiva de actuación. Las actitudes tipo zen, se podrían traducir por ‘noseo’,…

    Se me ocurren más cosas, pero ya te las comento por la comunidad cuando compartas el post…

    • Carlos Girón   •  

      Me gustan tus ‘noseones’ #Jerby. El ratón de larga cola es un muy buen ejemplo de personaje que se presenta y representa en un escenario 2.0. Lo que espero es poder llevar el entramado de categorías a aplicaciones prácticas de trabajo en equipo o de actuación en solitario en el contexto de las redes. Así que seguiremos hablando del tema.

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