María Zambrano, la mística y la carne: preludio para el amor

Filósofa española nacida en 1904

Ayer, 22 de abril, se cumplieron 110 años del nacimiento de la filósofa española María Zambrano. Pensadora que, como muchos otros, pasó varios años en el exilo sembrando aquí y allá ideas con sus libros. Uno de ellos fue Filosofía y poesía que fue a nacer en mi ciudad natal: Morelia, Michoacán en México en el año de 1939. Hace unos años, con motivo del 70 aniversario de la publicación, apareció un libro bajo el sello de la editorial Plaza y Valdés y la Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán. María Zambrano en Morelia, a 70 años de la publicación de Filosofía y poesía, es un trabajo coordinado por Leonarda Rivera y Sebastián Lomelí en el que tuve el gusto de participar. Hoy quiero rescatar un fragmento del texto que ahí aparece a propósito de la poesía, la mística, la carne y el amor. Sólo una línea de un libro lleno de ideas, un auténtico semillero que habla de una etapa de la autora en donde todo está por nacer. El estira y afloja de la relación entre filosofía y poesía es el marco para esta interesante reflexión de Zambrano.

La famosa expulsión de los poetas de La República de Platón no es la única idea que pone piedras en el camino de la poesía. En las resonancias morales de lo religioso se encuentra una idea que resulta, quizá, todavía más lastimosa para esta hija de las musas. La poesía es vivir según la carne, es el pecado de la carne hecho palabra. La irracionalidad de la poesía es la rebeldía de la palabra, descubrir lo que debe ser callado porque ha sido exiliado al no ser: la poesía es falsa verdad. El horror a la carne se prefigura desde aquella concepción que pone al cuerpo como la cárcel activa del alma –hálito divino en el hombre– que, además, le va desgastando poco a poco. Es ésta una razón más para condenar a la poesía que aparece ya no sólo como un estorbo para la inteligencia, para la empresa de la búsqueda de la verdad, sino también como velo que nubla el alma.

La poesía es vivir según la carne, es el pecado de la carne hecho palabra. - tuitéalo    

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Platón da un fundamento racional a la metempsícosis, le hace posible en la medida en que su realización depende del esfuerzo humano. Se lleva a cabo la identificación de la naturaleza humana con lo racional y con ello se consuma la gran victoria platónica. La razón es algo que el hombre no acaba de tener, sino que tiene que recobrar, que reconquistar: tiene que lograr la catarsis a través de la dialéctica a fin de llegar al bien. Conocer es por ello liberar al alma de sus cadenas. ¡La salvación por la filosofía, por el humano y filosófico esfuerzo! Podemos recordar, en este sentido, la concepción de la filosofía como una preparación para la muerte. Para esto resulta necesaria la separación del alma de la locura del cuerpo, sólo así la filosofía puede ser sabiduría de la muerte y no delirio. Por el contrario, la poesía es vivir en la carne, adentrándose en ella, sabiendo de su angustia y de su muerte. Así, ésta no podría estar más lejos de ser llave para la cárcel del alma, es más bien el deleite de la prisión, el embelesamiento que nos hace alejarnos de la posibilidad de salida de la misma. Pero, en ese mismo sentido, es la máxima afirmación de la vida en un ahora que no se deja embaucar por la promesa de un mañana más luminoso.

El alma, la carne y la poesía: tensa relación cuando se mira con ojos platónicos. - tuitéalo    

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El entendimiento y el conocimiento se ven teñidos de ascetismo, son la manera de recobrar la naturaleza humana, de rescatar el alma. Es por ello que, para Zambrano, Platón no está haciendo otra cosa que teología –en tanto intenta pensar con la razón lo divino– y mística –en tanto nos ofrece el camino para convertirnos en algo divino–: la catarsis y la dialéctica son los medios para llegar a ser. Platón logra la unión de la matemática con el anhelo irracional, hace teología y por ello debe condenar a la poesía, aunque ésta nunca lo haya abandonado a él. En la ciudad terrena de Platón reina la justicia, y en la ideal tenemos la teología y la mística de la razón. En ninguna tiene cabida la poesía.

Pero aparece el amor. “El amor es la unidad de la dispersión carnal, y la razón de la ‘locura del cuerpo’”, dice Zambrano en Filosofía y poesía.  El amor es la vía para la redención de la carne y puede hacerlo por el camino de la belleza o de la creación. La filosofía platónica salva así a la carne, encuentra su unidad en el amor. El poeta conquista la carne, la ensimisma, la hace dejar de ser extraña. La poesía es lucha con la carne, es pecado y caridad. El filósofo sabe lo que busca, pero el poeta encuentra. El amor es un delirio divino, concepción que le salva como forma de alcanzar la unidad ideal. Dialéctica y amor son vías de acceso a la unidad, por lo que es a través del amor que lo sensible se salva, encuentra su lugar. Pero a Platón no parece bastarle con reconocer esta dimensión amorosa para justificar a los poetas. El amor es el nutriente de la poesía y el concepto que hace las veces de bisagra entre ésta y el pensamiento.

El amor es la vía para la redención de la carne y puede hacerlo por el camino de la belleza o de la creación. - tuitéalo    

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Cabe recordar aquí aquel pasaje del Banquete en el que Diotima recuerda a Sócrates las acepciones de la idea de creación: “Tu sabes que la idea de «creación» (poíēsis) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos creadores (poiētaí).” La noción es por demás interesante: la causa que hace pasar del no ser al ser es la creación, es la poiésis, es la poesía. Esta noción amplia de lo poético daría pie a otra interpretación posible dentro del contexto religioso, a saber, que la capacidad de creación corresponde sólo a una entidad. Noción que fácilmente conectaría con una lectura de corte epistemológico: es más sencillo encontrar la verdad cuando es una su fuente y no muchas.

Esta última interpretación en clave epistemológica responde a una actitud que Rubert de Ventós define de la siguiente manera en su texto Por qué filosofía: “Recortamos así el mundo a la medida de nuestras necesidades, es decir, a la medida de los compartimientos mentales o culturales que tenemos ya preparados para entenderlo.” En efecto, la argumentación que hace de la poesía un peligro para la pérdida del camino seguro hacia la verdad responde a esta necesidad de situar los problemas o, mejor dicho, lo problemático que se presenta a partir de la experiencia con el mundo en un lugar luminoso y maleable. Y en esto, para Rubert de Ventós, la actitud del filósofo iría más con la del poeta que se abre a la experiencia de lo inesperado, de aquello que no ofrece seguridad pero sí garantiza pasión: la adrenalina del encuentro con la diversidad enfrentada sin esquemas previos.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. Antonio Ibañez Gallego   •  

    Gran artículo Carlos. Hacía tiempo que no leía buena literatura filosófica.
    A veces los filósofos pecamos de pedantería racionalista pero para evitarlo, tenemos a nuestra aliada la poesía. Ésta nos permite licencias literarias, malabares lingüísticos. Es una mirada fresca y loca del mundo. Es jugar con el lenguaje y los conceptos.
    La poesía nos permite ser un poco locos para amar a las palabras, en su forma estética.
    Gracias por este artículo.
    Por cierto el artículo de Saulo de Tarso me ha parecido muy interesante tb. Además no sabía que Nietszche sentía simpatía por Saulo.
    Salud y Fuerza!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Gracias Antonio! Para ese juego que abre puertas y ventanas en la filosofía (en efecto a veces demasiado encerrada) nadie como María Zambrano. Aunque ese juego es también muy propio de otras culturas donde la relación de las palabras y las cosas tiene un matiz no tan racionalista. Con respecto a Nietzsche intentaba hacer una ironía con respecto a Saulo de Tarso, pero ahora que lo comentas y vuelvo a leer el texto creo que es mejor decir directamente que Saulo es uno de los grandes “enemigos” del filósofo alemán. Aunque bien dicen que el enemigo puede que esté más cerca de lo que nos imaginamos y de lo que quisiéramos. ¡Saludos!

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