Lo débil y lo fuerte, lecciones del “Tao te king” para la vida diaria

Lo débil y lo fuerte son complementarios y parte de un mismo camino

El bombardeo de llamados a la fortaleza parece infinito en nuestros días. No hay lugar para la debilidad. No hay respiro para nadie. El éxito es un imperativo que trastoca toda relación de equilibrio entre lo débil y lo fuerte. Nadie parece encontrar mayor inconveniente en negar la mitad de las experiencias de la vida humana. Porque, seamos sinceros, lo débil y lo fuerte se reparten con bastante paridad. Incluso adoptando este imperativo de la fortaleza se nos impone una consecuencia bastante cuestionable: para que uno sea fuerte debe haber otros tantos que no lo sean. ¿Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para ser fuertes?

Lo débil y lo fuerte necesitan su espacio. No se puede entender uno sin el otro. Esto nos podría llevar a una definición negativa de ambos conceptos. ¿Qué es lo débil? La ausencia de fuerza. ¿Qué es lo fuerte? La ausencia de debilidad. Pero este círculo debe evitarse. Lo mejor es ver la complementariedad de los conceptos, su interdependencia. El cuerpo mismo puede ser ya un gran ejemplo de este tipo de mecanismos de interacción. La relación entre músculos agonistas y antagonistas es una de las más claras: cuando uno se pone en acción el otro tiene que relajarse, de lo contrario el movimiento resulta imposible. Por tanto, la debilidad juega un papel fundamental para la fuerza.

Lo débil y lo fuerte, las transiciones necesarias

En el mismo momento en que adoptamos la perspectiva de la interdependencia hay un concepto que cobra especial protagonismo: la transición. En efecto, el mismo ejemplo del cuerpo nos lleva a una pregunta clave: ¿cuándo es necesaria la contracción y cuándo la relajación? Pronto abandonamos la idea de que uno de los estados es mejor que el otro para empezar a pensar en sus momentos. Cada uno tiene un tiempo. Para que llegue uno ha de precederle o incluso acompañarle el otro. Esto nos pone en el horizonte de los ritmos y las estrategias.

Ritmo y estrategia nos hacen cambiar nuestro punto de vista de lo débil y lo fuerte. - tuitéalo    

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Ya no importa tanto la presencia de lo débil y lo fuerte, sino más bien su papel para llegar a uno u otro estado. Nos marcamos una meta. Lo siguiente es trazar la ruta y, al recorrerla, descubriremos el ritmo ideal para recorrerla. Ir demasiado rápido nos impedirá llegar a ella por agotar las fuerzas. Cuando se va demasiado lento la llegada puede darse a destiempo, es decir, cuando ya el valor de lo proyectado se ha difuminado por completo. Ritmo y estrategia ponen en juego a lo débil y lo fuerte como herramientas y no como conceptos con un valor absoluto e inamovible.

Las palabras del Tao te king

Ya que hablamos del cuerpo, la práctica de las artes marciales tiene detrás una tradición que mejor ha entendido estas dinámicas. En las artes marciales chinas o Wu Shu, por ejemplo, encontramos detrás la sabiduría de ese texto fundamental que es el Tao te king. Un libro que es su mismo nombre contiene ya elementos más que suficientes para repensar esta relación entre lo débil y lo fuerte. El camino al poder y la virtud, podría decirse de manera general. Anteponer el camino a conceptos como poder y virtud dice ya mucho. Ambos son eso: un camino, un sendero que se ha de recorrer. No son, por tanto, entidades con un peso determinado. No son monolitos que puedan poseerse o de los que se carece en absoluto. Son un camino.

Lo débil y lo fuerte son parte del camino y nada más. - tuitéalo    

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Nos ponemos así en contacto con la línea de reflexión que vamos siguiendo. El cetro no es la fuerza y el poder, es el símbolo que lo representa. Los grilletes no son lo débil y la esclavitud, son un símbolo que puede romperse. Pero lo más importante está en el camino que lleva de lo uno a lo otro. Se vuelve evidente aquí la estructura detrás de un sinfín de historias que hemos escuchado. La caída del poderoso hasta la condición de mendigo y su contraparte: el prodigioso ascenso de quien parecía no ser nadie hasta los lugares de privilegio. Pero nos hemos quedado con la segunda parte. Es el sustento del sueño americano que todos quieren vivir. Ante eso cabe recordar las palabras del Tao te king:

Lo que quieras encoger,
antes debes extenderlo.
Lo que quieras debilitar,
antes debes fortalecerlo.
Lo que quieres abolir,
antes debes emprenderlo.
Lo que quieras arrebatar,
antes debes concederlo.
Es lo que nos dice iluminación sutil:
lo blando y débil vence a lo duro y fuerte.
El pez no puede abandonar el agua profunda;
los ingenios de un señorío no pueden ser mostrados.

El último prejuicio por vencer

Ya que hablamos del cuerpo, la práctica de las artes marciales tiene Este tipo de texto debe dejarse para la lectura personal. La reflexión se hace en silencio buscando que la palabra precisa hable en el momento adecuado para cada uno. Pero habría dos elementos a destacar en este caso. El primero es el de la iluminación sutil. No hay gritos de eureka en este caso. No hay experiencia mística sobrecogedora. Se trata de una iluminación sutil. Una pequeña luz en el fondo de una estancia oscura que permite empezar a delinear el espacio. Una intuición que no nos sacude llegando de golpe, sino que acaricia como la brisa. Es así como llegamos a entender, poco a poco, el equilibrio entre lo débil y lo fuerte.

Vencer el prejuicio que identifica la victoria y el éxito con la fuerza. Esa es la tarea. - tuitéalo    

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Ya que hablamos del cuerpo, la práctica de las artes marciales tiene Esta misma experiencia dice ya mucho sobre la relación entre ambos elementos. Las ideas y las virtudes no se tienen a la fuerza. De nada sirve la fuerza bruta en este caso. Es aquí donde lo blando y lo débil vencen a lo duro y lo fuerte. El fundamento mismo de la grandeza, el sustento detrás de una manifestación de fuerza, surge de la debilidad. El poderoso bíceps muestra su fuerza gracias a la momentánea debilidad del tríceps. No hay uno sin el otro. Esa es la gran victoria de la debilidad. Esa es su manera de llamar fuerte a la puerta en un mundo que pretende relegarla y menospreciarla. Pero ella, fiel a su esencia, espera ahí al momento en que sea requerida. Quizá un día se reconozca, por iluminación sutil, que puede vencerse ese último gran prejuicio que cree que las victorias solamente llegan por medio de la fuerza.

 

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

1 comentario

  1. #Jerby   •  

    Hola Carlos

    Por eso, voy a elegir la vía ‘slow’. Para no preocuparme por esas cosas.

    Un abrazo

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