“Les choristes”, la música que nace de la desesperanza

Una película que muestra cómo la música puede nacer de la desesperanza

Hace unos días intentaba recordar las buenas películas del cine francés que he visto en los últimos años. Entonces un buen amigo y compatriota me hizo recordar esta sencilla pero significativa obra del director Christophe Barratier: Les choristes. Una conmovedora historia de unos niños y un maestro de música que se encuentran en el fondo de un estanque para descubrir que ahí también puede haber cisnes. La belleza es caprichosa, se esconde en los rincones menos esperados y espera a que nadie esté por ahí para asomar la cabeza. Se trata, además, de una flor que tiende a florecer en la adversidad para recordarnos que hasta en el más oscuro rincón hay espacio para el arte.

Clement Mathieu (Gérard Jugnot) es un profesor de música que termina como vigilante en un colegio en medio de un bosque. Dicho así parecería que se trata de un cuento de hadas, pero en realidad el escenario tiene una razón de ser distinta: se trata del lugar donde van a parar los niños a los que no se les encuentra un sitio, un internado para aquellos que por una razón u otra han terminado en esa categoría de los indeseables. Problemas de conducta, de aprendizaje o simplemente económicos, llevan a este grupo de renegados al Fond de l’Etang, nombre del colegio. La desesperanza reinante hace que la única diversión sea la irreverencia ante la autoridad. - tuitéalo     Aunque en este caso se trate de una autoridad a la que le hace mucho bien una buena sacudida de sus fundamentos.

El Universo, bien los decían los pitagóricos, tiene una fundamento musical. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Les choristes en Fonde de l’Etang

El azar no es otra cosa que un capricho del tiempo. - tuitéalo     Eso significa que algún sentido puede encontrarse en él, una razón que no es evidente, que resulta nebulosa pero no por eso deja de estar ahí. Clement Mathieu se encuentra con un ambiente tiránico, con el gobierno de una máxima impuesta por un director corto de miras pero de amplias ambiciones: acción y reacción. Ese es el método pedagógico elegido para educar a las almas descarriadas que caen en los dominios de Rachin (François Berléand). Pero el profesor de música ha traído el caos de la música para el orden impuesto por la más burda interpretación de la tercera ley de Newton. Bien sabían los pitagóricos que hay una base musical en el Universo, por lo que las estrellas, sin importar su lejanía, aspecto o composición, también cantan.

Lo que vemos, entonces, es el proceso en el que cada nota va encontrando su lugar. Los niños encuentran su voz y descubren que ella les brinda un respiro: efecto mágico en el que el individuo se libera en una parvada de voces. El tirano es insensible al arte, pero el prisionero encuentra en él una libertad que va más allá de las murallas que le encierran. La indisciplina y las travesuras terminan plegándose ante el poder de la música. Las miradas soñadoras encuentran en el enjambre vocal el vehículo para esos sueños que les arrastran más allá del bosque que les rodea. Un balón o la visita imposible de unos padres desaparecidos, poco importa, el canto materializa por un momento los sueños compartidos.

El individuo se libera y se disuelve en el enjambre de voces del coro. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Pero nunca es fácil enfrentarse a quien guarda rencor al mundo por los sueños frustrados. A esos portadores de un veneno que les corroe por dentro obligándoles a escupir para hacer partícipes a todos de su propia circunstancia. El director termina encontrando el pretexto perfecto para deshacerse de lo que para él no es sino el ruido que le recuerda su propia impotencia. Pero la semilla está sembrada. Los niños han descubierto sus posibilidades y el ambiente mismo se ha contagiado de optimismo. Es cuestión de tiempo antes de que se haga trizas la máscara del tirano que quiere parecer humanista. Mientras eso sucede dos pequeñas victorias se gestan: dos historias logran romper el claustro impuesto y adquieren un rumbo completamente distinto. Son las dos que nos permitirán asistir al recuerdo de ese tiempo de Les choristes en Fond de l’Etang.

Morhange y Pépinot

Una cara angelical que esconde detrás la rabia por el abandono materno. Por otro lado, la espera infinita de unos padres ausentes. Uno se escapa para comprobar que su madre no le deja por una razón distinta a la necesidad de un trabajo, el otro espera siempre al siguiente sábado para que la promesa de retorno se cumpla. Son las dos piezas clave para Clement: Pierre Morhange (Jean-Baptiste Maunier) la inspiración y Pépinot (Maxence Perrín) la inocencia que roba el corazón con el auténtico rostro de la infancia. Una voz privilegiada en el primero y una gran dosis de humanidad en el segundo. Juntos se convierten en los pilares para que un músico que termina como guardián de un colegio vuelva a poner sobre el papel un poco de su talento.

El verdadero leitmotiv de “Les choristes” está en Pépinot - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

El descubrimiento del talento de Morhange, así como un aliciente por la belleza de su madre, llevan a Clement a luchar por avivar la pasión por la música en el infante. La estratagema para vencer el férreo orgullo del artista en potencia resulta todo un éxito. Morhange se entrega al poder de la música y cede ante los placeres de un solo. El líder ha sido conquistado no por la férrea disciplina del director, sino por la calidez de un músico que encuentra en las vibraciones de su voz una razón para creer. El joven de rostro angelical es visto por primera vez por sus talentos y no por sus malos modos. La experiencia marcará su vida hasta el final convirtiéndolo en un músico de renombre.

Por otro lado tenemos al tierno Pépinot. Un chico que es la encarnación de la inocencia y la ingenuidad. Un caso perdido para la pedagogía, pero toda una victoria para la humanidad. Su mirada silenciosa derrite el corazón a través de la pantalla. Sus gestos espontáneos arrancan risas y lágrimas por igual. Su nombre está en cada nota compuesta por Clement, aunque el solo corresponda a otra voz. El verdadero leitmotiv de Les choristes está en Pépinot. Él es el que espera a pesar de todo, el que es un auténtico infante que nada sabe pero sigue ahí semana tras semana esperando el milagro sabático. Fond de l’Etang es un lugar para aquellos de quienes ya nada se espera, el último recurso. La música hace renacer las esperanzas en ese triste rincón, por lo que tenía que ser Pépinot, el que esperaba sin saber, quien fuera el guardián de la historia. Es gracias a su inocencia que podemos saber lo que pasó en ese tiempo en el que la música nació de la desesperanza.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

10 comentarios

  1. Carolina   •  

    Es genial esa película, y la repercusión que tuvo, impresionante. Todos los coros infantiles empezaron a cantar las canciones de esa película. Es de estas historias que parecen infantiles pero realmente no lo son. Además que, yo creo que para mucha gente en España, el cine francés es algo surrealista, incluso aburrido. Les choristes se sale de las ideas preconcebidas que muchos españoles tienen del cine francés.
    Buena crítica 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Carolina! Muchas gracias por tu comentario. Sí, la verdad que en cuanto la recordé me animé a escribir sobre ella por el valor que tiene. Es verdad que el cine francés a veces da cosas un poco raras, pero creo que en general han mantenido una línea que en los últimos años nos ha regalado verdaderas joyas. Dentro de lo último están las comedias con mensaje. No digo que todo lo que hacen es bueno, pero sí que se han seguido esforzando por mantener una producción constante y eso favorece a que las cosas salgan bien. ¡Un abrazo!

  2. jony   •  

    Hola Carlos!
    Es una película que nunca había escuchado. Películas francesas conozco muy pocas y gracias a ti conozco de la existencia de este film. Parece muy interesante lo que has descrito. A veces las historias infantiles sirve como crecimiento personal para los adultos 🙂
    Un abrazo!

    • ruben muñoz   •  

      Jony, hay muchas películas francesas, actuales y antiguas, que son geniales. Hacen muy buen cine en el país de ahí arriba 😉

      • Carlos Girón   •  

        Sin duda hay muy buen cine. Como ya decía, las comedias les salen muy bien últimamente, pero hay un poco de todo con sorpresas muy agradables. 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jony! Seguro que esta película te gusta. Pasión por lo que se hace y mucha humanidad ante los retos, algo que va en la misma línea que el discurso en el que te orientas. Así que nada, si te animas a darle un vistazo me cuentas qué te ha parecido. Mejor: que el niño interior nos cuente a todos lo bien que se lo ha pasado. 😉 ¡Un abrazo!

  3. ruben muñoz   •  

    Como siempre, tus críticas son una delicia y muy curradas. Una película interesante, sin duda!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Rubén! Muchas gracias por tu comentario. El mérito está del lado de los artistas, con la inspiración que brindan la tarea es sencilla: observar e intentar describir lo que han armado. Nos seguiremos leyendo por estos espacios. 🙂 ¡Buen fin de semana!

  4. Pingback: Filoblogging: no es lo mismo suficiente que necesario

  5. Pingback: "No llores, vuela", el frío viaje a la esperanza

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.