“La ventana de enfrente” o de los secretos de la memoria

Giovanna es la protagonista de la historia de La ventana de enfrente

Mira por la ventana. Ahí, en la oscuridad de la noche, en la ventana de enfrente, está el territorio de tus fantasías. Detrás tuyo la rutina, los sueños que han quedado aparcados de momento. Llena los pulmones de humo y dibuja al exhalar esa vida que te hace falta. Ambos, humo y sueño, tienen la misma condición etérea que puede ser detectada por el olfato si pones atención. Así pasan los días de Giovanna en La ventana de enfrente, película de Ferzan Özpetek que nos cuenta historias de amor, encuentro y desencuentro. Gotas de memoria que caen con la fuerza de una tormenta de recuerdos.

Giovanna (Giovanna Mezzogiorno) es una mujer casada, con dos hijos y un trabajo estable que no es precisamente el de sus sueños. Filippo (Filippo Nigro), su marido, trabaja de noche ganando a penas el mínimo. La vida entre ambos está llena de insatisfacciones, pero los niños necesitan a sus padres. Nada novedoso en un mundo lleno de historias que no atinan a explicar cómo terminaron en una determinada línea argumental y, por tanto, no saben cómo cambiar de rumbo o ya ni lo que rumbo significa. Pero entonces se da el encuentro: un hombre mayor y evidentemente desorientado se encuentra con ellos y no pueden evitar ayudarlo. Aunque eso significa llevarlo de momento a esa casa donde Giovanna fuma desde la ventana de la cocina mientras sueña con la ventana de enfrente.

Los tatuajes del tiempo

Hay dos tipos de marca indeleble en la piel: la de la tinta y la del amor. - tuitéalo     El anciano (Massimo Girotti) tiene un nombre en la cabeza y sólo uno: Simone. En el brazo, por otro lado, lleva una marca, un tatuaje que da cuenta de su paso por los campos de concentración de un tiempo oscuro de la historia. El resto es un enigma que Filippo debe intentar resolver mientras Giovanna atiende su verdadera pasión que de momento sólo aporta un extra para hacer frente a los gastos: la repostería. Mientras su marido fracasa en el intento de resolver el enigma y el desconocido se ve en la necesidad de pasar una noche en la sala de una casa extraña, los sueños siguen apuntando al edificio de enfrente.

Historia y amor muestran sus formas de tatuar la piel de la humanidad. - tuitéalo    

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Como no podía ser de otra manera, ese sueño tiene nombre: Lorenzo (Raoul Bova). Giovanna le contempla como Eva a la manzana. ¿Puede una vida insatisfactoria justificar la infidelidad? La pregunta tiene respuestas de todos los matices, pero no viene al caso responderla. El dilema de la protagonista se juega entre la liberación femenina y una moral más bien conservadora. Aunque, como siempre, cabe la posibilidad de un justo medio donde ganancia y renuncia establecen una tregua. Mientras tanto Giovanna mira a Lorenzo, el chico de la ventana de enfrente, sin saber que Lorenzo también mira a Giovanna, la chica de mirada perdida que fuma en la ventana. La tinta del tatuaje va tomando un tono más claro.

El encuentro se da finalmente gracias al misterioso anciano: Davide se llama. El destino quiere que Giovanna se encuentre con un famoso pastelero que logró sobrevivir a las atrocidades del pasado bélico. Pero no se pasa por una guerra sin sufrir pérdidas. Davide luchó en dos frentes: el de la gran guerra que se llevó a miles y en el más personal e íntimo contra la desaprobación social que terminó por llevarse al amor de su vida. Una encrucijada, una decisión y un par de tatuajes en la piel. Davide es un héroe que lleva en el cuerpo el dolor por la pérdida de Simone. La magia de su repostería parece ser la búsqueda de una dulce compensación a una historia truncada por las necedades humanas.

Los secretos de la memoria

Giovanna en los brazos de Lorenzo, el beso largamente anhelado y el discurso impertinente que no sabe cuando es turno de que el silencio tome la palabra. La ventana de enfrente es ahora la propia, aquella desde donde se construía la ensoñación. Poner un pie en los propios sueños es suficiente para sentir el vértigo de su realización. - tuitéalo     Es entonces cuando las decisiones adquieren una dimensión diferente y definitiva. Punto de quiebre en el que el pasado se vuelve muy claro y más o menos pesado. Un paso más y todo cambia, no habrá marcha atrás. ¿Vale la pena?

Las renuncias se guardan en el baúl de la memoria. - tuitéalo     Nada se borra por completo, no existe la desaparición en el terreno de lo humano. Un recuerdo es la semilla de donde vuelve a nacer aquello que ahora se encuentra lejos. Podemos repasar una y otra vez nuestra propia historia y dar nueva vida a lo pasado. Ensayar hipótesis, esbozar presentes alternativos y terminar abrazando con más fuerza la elección tomada. Este es el ideal, el momento de reconciliación entre lo que pudo ser y lo que es. Porque rememorar no es exactamente lo mismo que repetir. La repetición ofrece la ventaja de añadir algo, de seguir la receta pero agregando una sutil variación. Algo así como lo que decía Eugenio Trías:

La rememoración siempre es nostálgica. La repetición, el retorno son gozosos… Eugenio Trías - tuitéalo    

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Esa es la experiencia que tengo cada vez que visito La ventana de enfrente: un retorno gozoso de una historia donde la memoria histórica y la individual se cruzan. Además debo confesarte que la banda sonora a cargo de Andrea Guerra me resulta irresistible. La música es una de esas llaves maestras para revelar los secretos de la memoria y esta película la emplea a fondo. Así que no puedo sino recomendártela e invitarte a compartir tus impresiones, los tatuajes de la piel que emergen cuando el calor de una historia les toca. Ya Proust se encargó de mostrar el poder del aroma de una magdalena, así que imagínate lo que puede pasar ante las maravillas de Davide. Eso sí, ten a la mano algunos pastelillos porque seguro te darán ganas de alguno.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

3 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Ay, Carlos… seguro que si veo esta película me saldrán lagrimones como limones… ¿De qué me suena esta frase?

    • Carlos Girón   •  

      Mi querida mariposa. Es una película que bien se puede disfrutar con los ojos cerrados. La música es hermosa y llena de detalles. Aunque con Giovanna en la pantalla yo no puedo dejar de espiar de cuando en cuando. Ya ves que hay nombres que se nos quedan tatuados en la piel. Si te animas ya me invitarás a hacer limonada. 🙂

  2. Pingback: En memoria de un gran maestro

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