La imaginación y el saber frente a los misterios del mundo

La imaginación tiene una interesante e importante relación con el saber.

Retomo el tema de la imaginación sobre el que hemos venido dialogando en las últimas semanas. Partimos del reencantamiento del mundo, idea de Morris Berman, para adentrarnos en la interesante relación que puede haber entre magia y ciencia. Conceptos como el del pensamiento mágico nos han salido al paso para dar una perspectiva amplia e interesante de las facultades humanas. La idea, en efecto, está en evitar una visión reducida de lo humano y con ello redescubrir el valor que aporta el discurso de las humanidades. La imaginación, como ya hemos adelantado, tiene un papel fundamental en el conocimiento sin importar si éste es de carácter científico o se trata más bien de un saber con tono artístico.

La idea, por tanto, es dar un cierre momentáneo al tema retomando de manera muy breve a uno de los más grandes e importantes teóricos de la imaginación: Kant. Claro que su perspectiva no es la única. Bien podríamos retomar ideas de corte religioso como lo hace Corbin con la idea de imaginación creadora del islam, particularmente en Ibn Arabi. En esa misma línea se encuentra el trabajo de James Hillman a quien ya hemos retomado en otra oportunidad al hablar de una lógica cordial. Al final, no podemos olvidar que la psicología es el estudio del alma, es decir, de esa dimensión tan intangible y al mismo tiempo tan presente de lo humano. La imaginación es precisamente una de sus dimensiones fundamentales.

La imaginación en el contexto kantiano

Pero dejaremos ese interesante camino para explorarlo en otros momentos. Por ahora vamos a centrarnos en dejar claro un elemento muy sencillo pero crucial: el papel de la imaginación en el conocimiento. Para ello tendremos que tener en cuenta que ésta no es sino una vía para conocer de un carácter eminentemente introspectivo. La imagen mental, la recreación que da paso a un mejor conocimiento de algo, es una manera de reapropiarse de lo que está ahí afuera para comprenderlo mejor aquí dentro. Se trata, por tanto, de un conocimiento intuitivo que no podemos menospreciar en la medida en que nos pone en contacto con los rostros del mundo. Es la imaginación la que nos permite hacer mundo. - tuitéalo    

La imaginación permite comprender aquí dentro lo que se nos presenta en el afuera. - tuitéalo    

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En la tercera de las críticas kantianas, la Crítica del juicio, la imaginación aparece jugando un papel fundamental para el conocimiento. Como facultad de las intuiciones resulta imprescindible su colaboración con el entendimiento para que de lo particular que nos es dado se derive lo universal, es decir, para operar el juicio reflexionante. Dice Kant: «Ahora bien, una representación mediante la cual un objeto es dado, para que de ahí salga un conocimiento en general, requiere de la imaginación, para combinar lo diverso en la intuición, y el entendimiento, para la unidad del concepto que une las representaciones». Esto nos habla del papel fundamental de esa facultad que intuye las semejanzas en la diversidad de lo particular. Conocimiento este que surge del libre juego de las facultades y que en ningún momento tiene porque ir en contra de la libertad de esa diversidad con la que nos topamos.

De nuevo la metafora

La metáfora que encuentra semejanzas, entonces, es un tipo de enunciado del que se puede derivar conocimiento. Incluso puede tener una importante participación en el proceso del saber, como hemos visto ya en el segundo de los artículos de esta serie. Utilizar una metáfora no anula la cientificidad: la perspectiva artística, con toda su ambigüedad, con las extrañas cercanías y contactos que propone, reclama para sí el territorio de la magia del que la ciencia puede enriquecerse.

La metáfora puede ser una ventana al descubrimiento científico. - tuitéalo    

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Se trata, entonces, de encontrar una dialéctica que permita el paso de una perspectiva estética a una científica y viceversa. La tarea que se plantea aquí es doble, por un lado acabar con la idea de que existe una distancia insalvable entre una perspectiva mágico-estética del mundo y el abordaje científico y, por otro, derivar de ahí un retorno que le devuelva la libertad a los hoy objetos de la ciencia, que les reintegre a la comunidad de la “totalidad psíquica” en la que todo tiene su legítimo espacio. Algo que pasa, precisamente, por poner a la imaginación en su justo sitio dentro del proceso del conocimiento.

La imaginación y los misterios del mundo

La imaginación bien puede ser esta instancia intermedia y vinculante ante los misterios del mundo. Ella nos permite relacionarnos con el mundo permitiéndole su diversidad de manifestaciones y derivando tanto una experiencia estética de las mismas como una nueva forma de ejercicio científico respetuoso y creativo. Ahí donde la ciencia ha marcado una diferencia, la imaginación reintegra la semejanza. Ella anula la identidad inquebrantable del sujeto y evita así que termine dominando el objeto. Todo esto sin que deje de jugar este papel kantiano de pieza clave del juicio reflexionante. El conocimiento sigue siendo posible, pero no así la necesaria dominación del objeto a quien debe respetársele el derecho al misterio –que es también el principal alimento de la ciencia.

La imaginación genera conocimiento sin anular la dimensión silvestre. - tuitéalo    

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Hablaríamos de un modelo de conocimiento erótico donde la imaginación tiene ese lugar de privilegio como eslabón irremplazable. Eugenio Trías nos dice: «Eros permitiría, pues, al alma internarse en esa zona de oscuridad y misterio y señalar, por medio de su apetencia, una zona todavía virgen, todavía silvestre para el conocimiento». El reto está en generar conocimiento garantizando la permanencia de lo silvestre. Eros es una de esas deidades del instante, Augenblickgöter como le llaman los alemanes. Por edo la imaginación se entiende tan bien con él: ella es un camino lleno de destellos a los que hemos de estar muy atentos. Los misterios del mundo se dejan ver en un abrir y cerrar de ojos. Es un coqueteo del daimon que incita al viaje iniciático que va de la imaginación a la creatividad, que hace alma conociendo el mundo en su diversidad.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

5 comentarios

  1. #Jerby   •  

    La imaginación no solo nos proyecta fuera del aquí, sino también fuera del ahora.

    Si no nos imaginamos lo que hay al final del camino, posiblemente, no daríamos ni el primer paso.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda tu comentario se encuentra en una perfecta línea kantiana. La imaginación, en efecto, debe poner en juego esas dos categorías fundamentales con las que nos representamos la realidad. De esta manera siempre habrá otros tiempos y otros lugares por descubrir. Todavía mejor: los lugares siempre serán otros dependiendo del tiempo en el que los descubramos. ¡Abrazo roedor!

  2. lacodornizdeantonioruiz   •  

    La imaginación es un acto involuntario – como los latidos del corazón – producto de nuestro ADN , que nos prepara para el conocimiento , no sé , pero no creo que haya conocimiento sin imaginación previa

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos! Muchas gracias por el comentario. La imaginación bien podría ser definida como un “esfuerzo involuntario”. Algo que parece una contradicción en los términos, pero que tiene interesantes implicaciones cuando uno lo ve de cerca. Lo que es seguro es que el conocimiento sin imaginación se queda en una experiencia muy pobre o casi inexistente. ¡Más saludos!

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