“La chica danesa”: sobre el amor, la identidad y la carne

"La chica danesa", una extraordinaria película con un gran actor

Hay cosas para las que nunca estamos preparados, momentos que nos toman por sorpresa y nos arrebatan por completo el aliento. En ese instante, en ese momento pleno de sentido, el mundo puede reconfigurarse por completo. ¿Cómo volver atrás después de una experiencia así? ¿Cómo renunciar al poder de la autenticidad, a la plenitud de un instante de verdad? La chica danesa, película del director Tom Hooper (El discurso del rey y Los Miserables), muestra la historia de una valiente mujer que despertó en uno de estos silenciosos instantes: Lili Elbe. Lili llegó al mundo como Einar Mogens Wegener y nació de nuevo para pagar con su vida el deseo ser real y completamente ella.

La identidad no es algo que se cuestione todos los días. Incluso quien constantemente se pregunta por la manera en la que ha llegado a ser el que es bien podría ser sujeto de atención psiquiátrica. Nos miramos en el espejo y esa imagen es ya el más potente símbolo que conocemos. - tuitéalo     Toda una historia, un cúmulo de circunstancias y decisiones más o menos libres nos devuelven la mirada desde esa fría superficie. ¿Cuáles son las que realmente nos definen? ¿Todo se decide en la genética? ¿Puede más el poder de la libertad que el aparente capricho de la naturaleza? La decisión de Lili pone sobre la mesa preguntas inquietantes no porque implique un cuestionamiento profundo a la moral de turno, sino porque obligan a mirar a la cara a lo humano para hacerle bastantes preguntas.

La chica danesa y el trabajo del actor

Desde hace años que pienso que el trabajo del actor es aprender a hacer de la esquizofrenia un arte. Hay que vaciarse, perder el contacto con la realidad para que otra entre en el cuerpo haciendo de éste un vehículo para que el personaje cobre vida. Interpretar a esta chica danesa es, por tanto, un doble trabajo: un actor que muestra a otro en una interpretación en la que le va la vida. Se trata de actuar para mostrar la caída de una máscara, los límites de un personaje sostenido durante más tiempo del debido. Lili estuvo interpretando a Einar durante toda una vida. El final del montaje derivó en una feroz liberación y en su consecuente búsqueda por recuperar el tiempo. Pero, ¿quién puede negar que Lili es tan real como lo fue Einar? ¿Quién marca los límites de lo real?

Ser uno en el cuerpo de otro: el dilema de Lili Elbe. - tuitéalo    

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Eddie Redmayne realiza un extraordinario trabajo en La chica danesa. Estamos sin duda ante uno de los mejores actores de la actualidad. Es un verdadero deleite atender a los gestos y proceso en el que su personaje aprende a moverse como aquella que realmente es. El histrión consigue mostrar lo que parece imposible: una mirada que mira hacia dentro. No hace falta demasiado diálogo, los movimientos son precisos, la respiración responde al ritmo de la pregunta que le asfixia. El llanto aparece cuando tiene que hacerlo y en su justa medida. La cámara se rinde ante el actor que es capaz de contar con su cuerpo toda la historia porque, al final, es ahí donde está el gran dilema: ser uno en el cuerpo de otro. La corporalidad como un error de vestuario que hay que buscar corregir a toda costa.

Una historia de un amor sui generis

La vida de Lili Elbe, novelada por David Ebershoff, muestra que el amor tiene muchos más rostros de los que podemos imaginar. No es que esto sea una novedad en nuestro días, pero que el gran público encuentre en el arte la posibilidad de enfrentarse a lo diferente hace que la normalidad muestre todo su peso. Hablar de transgenero no deja de ser un tema complicado en una sociedad que no termina por aceptar lo diverso, de ahí que sea interesante lo que puede suscitar esta historia que le pone rostro concreto a lo que con mucha ligereza puede debatirse en una tarde de café. Esto no solamente por pensar en ese paso radical y arriesgado que implicaba el someterse a la cirugía de reasignación de sexo en sus inicios,  sino por las distintas caras del amor que acompañan silenciosamente al dilema de Lili.

La chica danesa busca la forma carnal adecuada para un amor incondicional. - tuitéalo    

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Gerda Wegener (Alicia Vikander), esposa de Einar, debe despedirse de su marido para dar paso al nacimiento de Lili. Se vuelven entonces compañera y cómplices en una aventura que busca darle plenitud a una persona. La única posibilidad de superar el dolor de la partida es precisamente el amor que le tiene a una persona más allá de su género. Sin duda una dimensión radical del amor que desborda la pantalla en escenas profundamente conmovedoras. La pareja de actores consigue un excelente equilibrio para ir mostrando que el amor poco sabe del sexo, en todos los sentidos de la palabra. Pero que no se entienda esto de mala manera, no hablamos de un amor meramente espiritual, sino que uno que se encarna y que, de hecho, busca la forma carnal adecuada para expresarse.

El espejo del pasado para mirar el presente

La chica danesa es también un espejo del pasado que nos invita a mirar el presente. Las cirugías de Lili se desarrollaron entre 1930 y 1931. Menos de 90 años nos separan de su historia y todavía la preciada normalidad junto con sus discursos aliados silencian la verdadera identidad de miles de personas. ¿Cuántas historias así debemos escuchar para abrirnos a la posibilidad de la diferencia? ¿Seguiremos pensando como enfermedad o desviación la decisión de una persona? Estamos ante una historia que también está por escribirse. Uno de sus rostros tiene hoy un gran homenaje en la pantalla grande, uno que nos invita a disfrutar de una actuación excelsa y debatir de nuevo sobre las posibilidades de lo humano. Y en otro orden de ideas: larga vida a Redmayne y su capacidad de decir tanto con algo tan simple como un gesto y una mirada.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    El sexo está en el cerebro, el corazón y la entrepierna; y a veces, no en la misma dirección.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón. El sexo es uno de esos conceptos que entre tanta ubicación que le ponemos se nos termina perdiendo. Y como el lugar siempre es definitorio de lo nombrado tenemos tremendas confusiones cuando hablamos… repito: cuando hablamos. ¡Abrazo roedor!

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