Interpretación del mundo: prolegómenos para el atento lector I

Un concepto que vale la pena revisar con detenimiento

Este artículo tiene como intención aclarar algunos puntos de un debate generado en una de las redes sociales donde comparto el contenido generado desde este rincón. Se trata de la red social profesional por excelencia: LinkedIn. Resulta que al hablar del tema del espejo y la identidad han surgido varias inquietudes con respecto a lo que puede ser la interpretación del mundo, el concepto de realidad y el papel de lo imaginario. Como el debate se ha hecho extenso y las respuestas que se me ocurren son demasiado largas como para hacerlas en un comentario, he decidido dedicar un artículo entero para aclarar algunos puntos.

Para estar todos en el mismo contexto me centraré en un par de conceptos que son los que, me parece, pueden ayudar a clarificar los términos en que se puede debatir y dialogar. Esto no significa que aquí se encontrará todo lo que puede ser dicho sobre este tema. Más bien se trata de generar esa base común que permita avanzar hacia una mayor claridad con respecto al punto de vista propio y de los otros. Poner en claro el punto de partida para evitar discursos inconsistentes o posturas que se limiten a descalificar la opinión de otro desde los prejuicios antes que desde un esfuerzo argumentativo. De esta manera, te invito a visitar el concepto  de interpretación que, en este caso, tiene su mirada dirigida al otro concepto: el de mundo. Hoy nos ocupamos de este último y el miércoles daremos espacio al de interpretación.

¿Qué es el mundo?

No demos demasiadas vueltas, ya desde la mirada etimológica la palabra hace referencia al gran conjunto de cosas existentes. Se trata de la versión latina del cosmos, de manera que todo lo que es y existe –que no son necesariamente lo mismo– tiene un lugar dentro de esta sencilla palabra. El mundo, nos dice Heidegger, “significa entonces la totalidad del ente que puede estar-ahí dentro del mundo.” Resulta evidente, entonces, que nosotros somos parte del mundo y, de hecho, somos porque hay mundo. Es sobre esta base, sobre este supuesto, que nos encontramos y convivimos tanto con los otros como las otras cosas que hay aquí dentro y podemos construir esos pequeños mundos particulares o microcosmos determinados por nuestras relaciones más cercanas o circunmundanas que diría el mismo filósofo alemán.

Somos parte del mundo y somos porque hay mundo. - tuitéalo    

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Somos en el mundo y esto, que se dice tan fácil, significa que sin el mundo se esfuma nuestra propia existencia. Se vuelve claro entonces que el mundo es un elemento constitutivo cuya existencia es innegable a no ser que pongamos en riesgo la existencia misma. Déjame decirlo de otra manera. Tú y yo estamos aquí aunque sea en tiempos diferidos. Este texto es una cosa del mundo que constata que pasé por aquí (yo, otra cosa del mundo) y redacté estas líneas. Tu atenta mirada establece una conexión conmigo y nos relacionamos a través del texto conformando así un acto de comunicación que, a pesar de la ausencia física, puede llevarse a cabo gracias a un soporte que en este caso es digital y electrónico. Si este soporte desapareciera nada de lo descrito anteriormente sería posible. Esto es el mundo, nuestro mundo, el tuyo y el mío que se da dentro del gran mundo que nos sirve de soporte para que la posibilidad se materialice.

Mundo y naturaleza

Cambiamos de trinchera y acudo a mi mentor: Eugenio Trías. Para hacer más clara la distinción que quiero establecer aquí su propuesta conceptual resulta ideal. El barcelonés nos dice:

En general mundo es todo aquello que cierto sujeto puede experimentar respecto a cuanto puede darse o suceder. A diferencia de mundo, entiendo por naturaleza todo cuanto puede darse o suceder, independientemente de que pueda o no pueda experimentarse.

La gran noción de mundo, es decir, el mundus latino y cosmos griego, queda vinculado aquí al concepto de naturaleza donde se encuentra todo aquello que puede suceder o darse independientemente de que exista ahí una conciencia o sujeto que le experimente. Con esto se da respuesta a la vieja pregunta del empirismo: El árbol que cae en un bosque solitario, ¿hace ruido? La respuesta, desde los términos que aquí asumimos, es afirmativa porque pertenece al ámbito de la naturaleza a la que la ausencia de la experiencia sensitiva y cognitiva le tiene sin cuidado. El mundo, en cambio, es un conjunto de experiencias que puede tener un sujeto o conjunto de sujetos dentro de la naturaleza. Esta terminología, me parece, es más cercana al uso cotidiano que damos a estos términos y por tanto puede resultar más clara.

Compartimos experiencias, pero también nos reservamos algunas que son silenciosas. - tuitéalo    

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Puede decirse que cada cabeza es un mundo en el sentido en que cada sujeto posee su peculiar conjunto de experiencias posibles que, además, comparte con otros sujetos. No se necesita demasiado para darse cuenta de que este conjunto es peculiar y particular para cada uno de nosotros. Compartimos experiencias sin que por ello deje de ser cierto que tenemos algunas propias, íntimas o secretas. Cada uno guarda una dosis de peculiaridad que, en comparación con el mundus, es como un grano de arena en una playa inmensa. Pero esta misma imagen nos sirve para saber que no por tener experiencias particulares dejamos de ser parte del gran panorama del mundo. Esto por la simple y sencilla razón de que esa experiencia guarda en silencio sigue estando dentro de las posibilidades de la naturaleza: es posible, es real y es innegable.

Mis sueños, mis deseos, mis anhelos, son como el árbol que cae en el bosque solitario. - tuitéalo     Existen, suceden, están dentro de la naturaleza, pero no requieren de una experiencia además de la mía para dar cuenta de ello. Son parte de mi mundo privado, de ese sobre el que ejerzo lo que Foucault llama un “imperio eminente”:

Yo soy el monarca de las cosas que he dicho y ejerzo sobre ellas un imperio eminente: el de mi intención y el del sentido que he deseado darles.

El valor lógico y la existencia

Esta dimensión subjetiva puede ser objeto de una disertación ontológica, es decir, partiendo del reconocimiento de su existencia podemos preguntarnos por la forma de ésta, pues es evidente que es y existe de manera diversa a como es y existe este teclado que ahora sufre el golpe de mis dedos. No se pone en duda la realidad de la misma, pues las cosas del intelecto y la imaginación son también cosas del mundo, son posibles dentro de la naturaleza y por ello podemos preguntarnos por su forma de ser en el mundo. La valoración lógica, es decir, su grado de verdad o falsedad es uno de los abordajes posibles. Descubrir la falsedad de las ensoñaciones, por ejemplo, puede ayudarnos a determinar su valor lógico, pero no toca su dimensión ontológica y, por tanto, no puede por ello deducirse que la falsedad es la carta con la que algo puede ser expulsado del mundo.

La falsedad de algo no le expulsa del mundo, sino que le da un valor lógico. - tuitéalo    

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Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

11 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Querido Carlos,
    A esta mariposa son las cosas del intelecto y las de la imaginación las que la mantienen viva. #Bolboreta es, su otro yo, únicamente existe.

    • Carlos Girón   •  

      Ya decía Aristóteles que el ser se dice de muchas maneras. Se dice #Bolboreta, se dice mariposa y se dice aleteo literario. Así que ahí donde vaya una irá, de alguna manera, la otra. Por eso es un doble placer tener a dos lectoras en una por este rincón donde se mezclan las cosas del intelecto con las de la imaginación. ¡Un abrazo lepidóptero!

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  3. Jacinto Martin-Prat Valls   •  

    Saludos Carlos.Sobre el prolegómeno,te quedó redondo,como el mundo.Venía con ganas de polemizar pero,todo lo escrito es impecable.La última parte,sobre nuestro mundo interior,pensamientos,enso-ñaciónes que tienen la doble particularidad de ser abstractas y pertenecen a ese campo complejo del pensamiento humano,mezcla de visceras y Naturaleza ¿Los pensamientos y las ensoñaciónes dentro de que plano/Mundo están? Es obvio que tienen existencia real,tan real que parte del Mundo existe gracias a ello.Mezcla de arjé “ρχή,” y Naturaleza,pero no me queda muy claro a que plano pertenece ¿Podrías explayarte sobre ello? Un abrazo.

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jacinto! La pregunta es muy interesante y puede llevarse más de un artículo responderla. De manera breve e insuficiente podría decir que están en el mundo en tanto experiencias subjetivas, es decir, en tanto que son parte constitutiva del sujeto. Se materializan y echan raíces a través de nuestras actos concretos en plano de la Naturaleza. En otras palabras, el novelista sueña con una máquina que puede viajar por debajo del agua, la imagina, la construye en su discurso. Este sueño, que existía en el plano subjetivo, se comparte y alguien más lo hace suyo. Su acción se orienta entonces por la visión de una posibilidad y diseña e investiga para darle cuerpo a lo que comenzó como una locura. Así, el submarino no es el Nautilus, pero el Nautilos vive y cobra realidad material gracias al submarino. Espero que esto dé una orientación de respuesta. ¡Un abrazo!

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