Ingmar Bergman: la condición humana, el cine y la realidad

El último gran film de Bergman donde se condensan todas las temáticas de su obra

La experiencia de adentrarse en una sala de cine puede ser vista como una analogía de la condición humana. Sentarse en la butaca y disponerse a presenciar una historia construida desde el ámbito de la ficción, es disponerse al engaño para dialogar con ese otro que, valiéndose de esa extensión de la mirada que es la cámara, quiere mostrarnos algo. La pregunta por el qué es posible conocer se transforma entonces en qué me puede dar a conocer una ficción, esto es, una película. Desde este punto de vista, te invito a visitar brevemente a uno de los cineastas más grandes de la historia: Ingmar Bergman.

Los temas de Bergman

La memorable partia de ajedrez con la muerteFanny y Alexander. Lo que tenemos, entonces, es la invitación a sentarnos, ponernos los grilletes de la butaca y acompañar al director en su propio viaje de exploración interna. Dentro de esta recapitulación Puigdomènech destaca seis grandes temas: 1) La existencia de Dios; 2) El luteranismo; 3) El ser humano y la muerte; 4) Exaltación de la juventud; 5) La mujer y su rol en la sociedad; 6) El valor de lo sencillo.

El cuestionamiento en torno a la existencia de Dios es constante en la filmografía de Bergman. Sus puntos máximos de expresión pueden encontrarse en títulos como El séptimo sello y El manantial de la doncella. El tema del luteranismo refiere al problema del mal como un elemento que dificulta la justificación racional de la existencia de Dios. El problema del mal aparece en la medida en que se ponen sobre la mesa y en juego todas las posibilidades de lo humano. En este sentido, tenemos el tercero de los temas, la muerte, como esa posibilidad radical y, ante ella, otro tema: la angustia.

El problema del mal aparece cuando se ponen sobre la mesa y en juego todas las posibilidades de lo humano. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

En general, Bergman tiene una predilección por las situaciones límite en las que lo humano parece verse obligado a mostrar su verdadero rostro, más allá de las máscaras que puedan servirle de refugio –tema este de la máscara y el personaje que también es recurrente en varios diálogos y monólogos dentro de las películas del sueco. La exaltación de la juventud aparece, precisamente, como una posibilidad ante la inminencia de la muerte, aunque es más recurrente un momento reflexivo de los personajes con respecto a su rol, a lo que se espera de ellos y a sus propias inseguridades, que la presencia de personajes que encajen con esta juventud exaltada.

Juventud y experiencia reunidas en una misma escenaLa vergüenza, Secretos de un matrimonio y De la vida de las marionetas, por ejemplo. Mientras que la última de las temáticas es descrita de la siguiente manera por parte de Puigdoménech: “la fragilidad de la existencia humana obliga al hombre a valorar las cosas sencillas de la vida, ya que los grandes enigmas no se hallan al alcance de sus facultades de conocimiento.” No se puede estar más de acuerdo en esta perspectiva, y abundan ejemplos en la obra de Bergman: la reunión en torno a un platón de leche y unas fresas en El séptimo sello, la escena de reencuentro con sus padres del profesor Brog en Fresas salvajes, las escenas familiares en Fanny y Alexander y, de manera paradigmática, la secuencia final de Gritos y susurros que culmina llamando felicidad a un momento sencillo como la convivencia con sus hermanas y la enfermera en el columpio, esa es la manera de apagar los gritos y susurros.

El artista y la comprensión del mundo

No obstante, hay muchos más temas en la filmografía bergmaniana, por ejemplo, la dificultad de las relaciones interpersonales, el tema de la personalidad como constante cambio de máscaras y la reflexión en torno al papel del arte y del artista. Con respecto a este último, conviene detenerse brevemente en un par de diálogos extraídos de Fanny y Alexander para desentrañar su importancia:

Mi único talento, si se puede llamar así, en mi caso es que yo amo este pequeño mundo dentro de las gruesas paredes de este lugar. Y me encariñe con la gente que trabaja en este pequeño mundo. Afuera está el gran mundo. Y algunas veces el pequeño mundo sucede en consecuencia del grande para que podamos entenderlo mejor. O tal vez a la gente que viene aquí le damos la oportunidad de olvidarse por un momento, por un corto tiempo, por muy poco tiempo, del duro mundo de allá afuera. Nuestro teatro es un pequeño cuarto de guiones, rutina, cuidado y amor. (Fanny och Alexander, 1982)

Este fragmento del discurso que da el padre de Alexander a todos los que laboran en el teatro familiar (desde aquí puede verse la proyección de las afinidades y preferencias de Bergman en la película), sostenido mientras se muestra un primer plano de su rostro dando una muestra de uno de los elementos predilectos del director, presenta una idea fundamental: la escisión entre el gran mundo o el mundo Real y el pequeño mundo de la imaginación, el del arte. Las relaciones entre ambos se dan de la siguiente manera: las cosas que acontecen en el mundo Real, el gran mundo, encuentran en el pequeño mundo una caja de resonancia que permite una mejor comprensión del gran mundo. Así, acudir voluntariamente al engaño adquiere una relevancia fundamental para el conocimiento: nos dejamos engañar para comprender mejor lo que pasa en el mundo.

Nos dejamos engañar para comprender mejor el mundo a través de una ficción. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

En esta línea podemos dar una lectura diferente a las interpretaciones constantes que buscan al Bergman de carne y hueso en los personajes y las tramas de sus películas. En la medida en que ese sujeto creador sabe y asume que el pequeño mundo que crea permite conocer mejor el gran mundo, sabe también que su autoexploración, que el poner su propia experiencia en la caja de resonancia es poner en cuestión a la humanidad entera. En otras palabras, la función del arte, y en particular del cine, es la de constituirse como laboratorio de la experiencia humana, responder a la pregunta ¿y qué tal si…? El cine (quizá resaltando Bergman la teatralidad del cine) permite ver de cerca, hacer un zoom in en algún aspecto de lo acontecido en el gran mundo para entenderlo mejor y, al mismo tiempo, plantear posibilidades, mundos alternativos o simplemente dejar la pregunta abierta.

La peculiar interpretación de la piedad en Bergmanes una herramienta, una puesta en escena de una pregunta por el sentido que se hace extensiva a todo aquel que tiene la disposición a ser engañado para preguntarse por su propia existencia y comprender(se) mejor. Como señala Company, “Bergman establece el postulado esencial de que la única verdad del arte está en su mentira.” La verdadera magia de esta linterna llamada cine es que partiendo de una realidad personal se construyen ficciones que, paradójicamente, impactan en otras realidades, en otras personas, marcando el inicio de un nuevo viaje de introspección.

El cine y la condición humana

El cine constituye una alegoría de la condición humana, entramos libremente y con nuestra ignorancia para ser sujetos de engaño esperando que, gracias a la linterna mágica, salgamos siendo sujetos creativos con respecto a nuestra propia existencia y con respecto al mundo. Claro que no puede dejar de destacarse que esta función encuentra un elemento que la hace más compleja y más interesante en la medida en que no se realiza en soledad: construir mundos y ficciones e incluso acudir a una función de cine, son tareas que se realizan al menos entre dos. Por ello Bergman incluye esa despedida amorosa a todos aquellos que laboran en el pequeño mundo, porque sabe que se debe a ellos y que sin compartir, con todas las dificultades que esto acarrea, no habría cine posible. La obra de Bergman, entonces, constituye una íntima exploración de la condición humana que nos comparte para que, desde nuestra propia condición, nos interroguemos por nuestra existencia tanto individual como colectiva.

Bajo este supuesto no queda sino disponernos de nuevo al engaño para dejarnos alcanzar por el director y sentir el film. Recordemos las palabras extraídas de Strindberg con las que cierra Fanny y Alexander y su carrera como director de cine también: “Todo puede suceder. Todo es posible y probable. Tiempo y espacio no existen. En el delgado marco de la realidad la imaginación gira, creando nuevos patrones”.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

5 comentarios

  1. ruben muñoz   •  

    peazo artículo te has marcado, Carlos!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Muchas gracias Rubén! Tu artículo de las películas ignoradas por la Academia me motivó a mostrar este lado de uno de los más grandes directores de la historia. Así que doblemente agradecido y seguimos por aquí comentando y compartiendo cosas del cine. ¡Saludos!

  2. Bolboreta Papallona   •  

    Veo que no me puedo perder ni un artículo tuyo, Carlos. Mucho de lo que expones en tu texto, se puede aplicar también a la literatura.
    Gracias por la belleza del artículo y por tu sensibilidad.

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Bolboreta! Gracias por apreciar el esfuerzo que se hace en este rincón. Siempre será un honor tenerte por aquí. Sí, el papel del artista va más allá del cine. De aquí que el mérito de la sensibilidad sea de Bergman que es capaz de despertar a esos cinco compañeros de la percepción y algún otro invitado sorpresa que se apresura a llegar en sexto o hasta en séptimo lugar. ¡Abrazo de lepidóptero!

  3. Pingback: Cuerpo en expansión o de la danza como condición

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.