Ikigai: al encuentro de una razón para vivir

Ikigai es un concepto que nos ayuda a encontrar el sentido de la vida

No solamente Epicteto y los estoicos tienen algo que ofrecer para el presente. Desde Oriente resuenan voces que nos regalan importantes mensajes para una vida en armonía. Visitamos ahora a la cultura japonesa con su concepto ikigai que puede traducirse como “la razón de ser” o “una razón para vivir”. Ikigai debe entenderse como un sentido, un motivo que impregna de vitalidad los días e impulsa a moverse. Claro que este sentido de la vida no es algo dado o caído del cielo, sino algo que se construye a través de un proceso personal de búsqueda y autoconocimiento que hay que poner en marcha.

Ikigai se compone de dos palabras: iki, que significa vida, y kai que tiene varios sentidos como efecto, resultado, fruto, valor o beneficio. Juntas dan como resultado el concepto que nos ocupa y apunta a ese sentido o valor de la vida, a aquello que hace que una vida valga la pena. Decimos entonces que esto implica un desarrollo, un camino que debe explorarse. Lo que se comparte con la tradición griega es que la manera de hacer el trazado del mapa a tu propio ikigai es a través de las preguntas. El gráfico que ves arriba resume el concepto, pero podemos explorar sus dimensiones para ayudar a hacer el tránsito por las mismas. Un ejercicio vital que, según parece, puede encerrar el secreto para una larga vida.

Ikigai: ¿Qué es lo que amas hacer?

Al ver esta pregunta podrás anticipar que el camino a tu ikigai no es del todo sencillo. La pregunta parece fácil, pero de inmediato nos obliga a detenernos. Quizá aquí se esconde parte de la fuerza de este concepto: tenemos que hacer un alto en un mundo que se mueve a una velocidad de vértigo. ¿Qué es lo que amas hacer? Esto implica realizar una introspección, un diálogo con uno mismo donde se abandonan las expectativas puestas sobre nosotros para darle un espacio a nuestra propia voz. No es casualidad que desde Oriente nos llegue este sabio consejo que va en la línea de la primera pregunta:

Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida. Confucio - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Pero cuidado que entre el gusto y el amor puede haber una importante distancia. Las palabras de Confucio apuntan al agrado, al gusto, mientras que ikigai da un paso más allá para invitarnos a encontrar eso que enciende la llama íntima de nuestros afectos. Aquello que amamos nos resulta irresistible. Se trata de una dimensión que resiste al paso del tiempo, aunque no por eso deba tener siempre la misma forma. La enseñanza o la escritura, por ejemplo, son oficios que pueden ejercerse de varias maneras y en espacios diversos, pero responden a una única pasión. Encuentra esa llama que te pone en movimiento, ese amor al que te resulta imposible renunciar.

Ikigai: ¿Qué es lo que el mundo necesita?

Una vez que nos hemos escuchado a nosotros mismos podemos abrirnos a la escucha del otro. En este caso de trata del mundo y la escucha toma la forma de la necesidad. ¿Qué es lo que el mundo necesita? Una pregunta que nos abre a la importancia de dar, de contribuir, de ponerse en armonía con la gran voz del mundo que necesita de cada uno de nosotros para sostener su propia vida. Antes nos movíamos en la dimensión de lo que nos apasiona, aquí nos acercamos más a aquella que nos llama a conectar esa pasión con una misión. Se trata de estar abiertos a colaborar con el mundo. Bien podríamos contraponer a la idea de Confucio la siguiente de Jean-Paul Sartre:

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Sartre - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Si me sitúo en aquello que me apasiona, ¿qué puedo hacer para aportar a lo que el mundo necesita? Este camino nos lleva a querer lo que hacemos, a darle un sentido más allá del que otorgamos subjetivamente. En otras palabras, hacer realidad la segunda parte de la frase implica no solamente mirar desde nuestra subjetividad, sino dejar que la realidad nos hable para encontrar un sentido en nuestro andar. Querer lo que uno hace implica comprender mejor eso que tenemos ya delante de nosotros, aquello a lo que estamos dedicando nuestros días. El equilibrio es delicado y, como ya dijimos, implica saber muy bien lo que te apasiona. Solamente así podrás encontrar eco en lo que el mundo necesita.

Ikigai: ¿En qué eres bueno?

Hasta ahora las preguntas para encontrar tu ikigai apuntaban a una dimensión subjetiva tanto propia como del mundo entendido como un sujeto de necesidades. Las siguientes dos preguntas nos hablan más de la dimensión práctica y concreta, de esa que da un paso al exterior volviéndose concreta. En este caso tenemos que preguntarnos por aquello para lo cual tenemos talento. Hay dos conceptos clásicos da cada uno de los hemisferios que resuenan en consonancia en este caso: tekné para los griegos y kung-fu para la tradición china. El primero refiere a un tipo de conocimiento que permite hacer o producir algo con maestría. Se trata de un conocimiento centrado en el cómo. El segundo, por su parte, nos habla de la habilidad o maestría adquirida en el tiempo para ejecutar o realizar determinada cosa.

Tekné y kung-fu son voces que hablan de aquello que se realiza con arte y maestría. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

De lo que se trata entonces es de encontrar aquella cosa en la que tienes este conocimiento del cómo o esta maestría para su ejecución. Una dimensión, como ves, completamente práctica. ¿En qué eres bueno? ¿Qué actividades realizas con cierto arte o maestría? Es ahí donde puedes encontrar también elementos para buscar tu pasión, aunque ya se intuye que no necesariamente tiene que coincidir la tekné con el apasionamiento. La buena noticia es que la dimensión práctica lleva en el nombre la salida al dilema: el que posee kung-fu es por que se ha entrenado y ha desarrollado su maestría con el tiempo. En pocas palabras, aquello para lo que eres bueno siempre puede estar en el futuro.

Ikigai: ¿Pueden pagarte por lo que haces?

Aquí el camino se vuelve todavía más concreto. La última de las preguntas nos pone los pies en la tierra y nos hace pensar en lo que se recibe como retribución por hacer aquello para lo que somos buenos, que nos apasiona y que responde a lo que el mundo necesita. Claro que esta coincidencia de las dimensiones no es una cosa sencilla. De hecho, solemos estar más cargados a uno de los lados ejerciendo una profesión que nos apasiona, pero que no responde a las demandas del mundo o dedicándonos a nuestra misión de manera apasionada sin recibir retribución alguna. El ejercicio consiste justamente en encontrar el equilibrio.

Encontrar tu ikigai puede llevarte a reinventarte profesionalmente. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

De hecho, bien cabe pensar en la posibilidad de abrirse oportunidades de negocio, es decir, de retribución, a partir de la consideración de las otras áreas. El emprendedor encontrará en este punto algo para trabajar. Pero también aquellas personas que no tienen miedo a reinventarse, a abrirse su propio segmento de mercado con tal de encontrar ese espacio de convivencia de su propio ikigai. En este proceso siempre viene bien alguien que acompañe en la reflexión, que ayude a llevar el proceso a una profundidad adecuada. De aquí que este camino pueda enmarcarse perfectamente en los ejercicios del acompañamiento filosófico. ¿Te gustaría iniciar el apasionante viaje hacia tu ikigai?

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Es una pena que estos conocimientos orientales no se apliquen a las empresas occidentales.

    • Carlos Girón   •     Autor

      Mi querido ratón, Oriente tiene un encanto cada vez más marcado pero, en efecto, no siempre se le busca como referente para las cosas más importantes y profundas. ¡Abrazo roedor!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *