“Her”, el amor en la era de la hiperconectividad

Una cita más con el sistema operativo

Me he tardado mucho en escribir algo sobre esta película. Entre tanto estreno digno de Oscar Her puede pasar lamentablemente desapercibida, pero les aseguro que vale mucho la pena dedicarle una tarde. Joaquin Phoenix encarna a un peculiar escritor en un futuro que ya no se sabe muy bien si está muy lejos. Her es una película valiente que logra dejar preguntas a través de una entretenida historia en la que la ficción no está necesariamente en los avances tecnológicos.

Este es uno de los elementos más inquietantes del film: se trata de ciencia ficción sin duda, pero la ficción con la que juega ya no nos resulta tan inverosímil ni distante. Sabemos que se trata del futuro no por la presencia de coches voladores o por una vestimenta estrafalaria, de hecho puede verse que las llaves, esa vetusta tecnología, se siguen empleando. Theodore (Phoenix) es un tipo como cualquier otro que trabaja en una oficina. Aunque empleando un software al que simplemente dicta las palabras y éste las trasforma en cartas escritas casi a mano. ¿Es la precisión del software o su avanzada interfaz con comandos de voz lo que más impresiona? No lo creo. Es más bien el hecho de situarse en un momento en el que las personas ya ni siquiera se toman el tiempo de escribir sus propias cartas. Escribir a la pareja, al amigo o a un familiar es algo que, dicho en términos muy actuales, se puede externalizar. Delicada profesión esa de responsabilizarse de la correspondencia, es decir, como su nombre lo indica, de hacer que la letra corresponda a la realidad y mantener la armonía entre emisor y receptor.

¿Es posible un amor sin un eco en el cuerpo? - tuitéalo    

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Voy a decirlo en otras palabras: la película introduce sutilmente una potente crítica montada sobre una historia donde atendemos a la evolución de un software diseñado para desarrollar la intuición. Scarlett Johansson da voz a esta auténtica ficción que va avanzado y descubriendo sus capacidades aunque topándose con un límite constante, a saber, la ausencia de un cuerpo. ¿Qué se siente tener un cuerpo? Se pregunta el programa. En esa búsqueda sucede lo inesperado: despierta una especie de emoción puramente intelectual, es decir, una que carece de correspondencia (de nuevo la palabra) con una carne. Orgasmo sin espasmo muscular, tristeza sin lágrimas, alegría sin dolor de barriga, echar de menos a alguien sin ese nudo en la garganta y el vacío en el estómago.

No obstante, Samantha, el sistema operativo, descubre sus propias potencias y capacidades. Unas que, justamente, son imposibles para el humano porque el cuerpo le hace de límite, de frontera infranqueable. No podemos mantener múltiples conversaciones a la vez ni revisar en segundos el desorden de las bandejas de correo electrónico. Pero este juego de ausencia/presencia de un cuerpo no es obstáculo para que el romance se dé entre los protagonistas. Un elemento chocante, pero que inevitablemente nos lleva a preguntas que quizá nos hemos planteado ya en algún momento de la vida.

Una voz que escucha y entiende puede ser suficiente para el enamoramiento. - tuitéalo    

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¿Es posible amar sin la presencia del otro? Sí, contestará el religioso. Cierra los ojos y siente en el viento la presencia divina. Que no se me malinteprete, no ironizo. Es claro que la cuestión de dios es inconmensurable en relación a este hipotético software. No así la cuestión de sentirse escuchado y acompañado por una voz que, además, tiene acceso a toda nuestra información, es decir, nos conoce y no sólo un poco. La voz, el llamado, la vocación, este tema reiterativo en tradiciones culturales y trincheras intelectuales se actualiza aquí para interpelarnos: ¿puede esa voz provenir de un sistema informático? Es aquí donde encontramos la delgada línea entre ficción y ciencia, y es que esta última puja fuerte por comerse el territorio de aquella. Manteniéndonos en la propuesta de la película, podemos decir que resulta sumamente interesante el ver que la curiosidad de un sistema que va descubriendo el mundo de manera casi infantil contagia de entusiasmo al humano que, entonces, puede redescubrirse y plantearse nuevas posibilidades para su vida. Pero esta especie de hiperhumano que son Samantha y el resto de sistemas operativos termina conservando algo propio de toda forma de vida: crece, se desarrolla y tiene una peculiar forma de muerte.

Al final tenemos un romance con tintes cómicos en el que es inevitable verse reflejado. ¿Es posible el amor sin contacto y cercanía? ¿Cuántas formas de cercanía hay? ¿Cómo se construye y, sobre todo, cómo se mantiene? ¿Establecemos distancias con los otros en tiempos de hiperconectividad? ¿Nuestras relaciones son más digitales o permanentemente mediatizadas por un software? ¿Esto las hace peores, mejores o simplemente distintas? ¿De quién nos enamoramos en nuestras conversaciones de mensajería instantánea e interacciones en redes sociales? El futuro que se nos propone termina colándose en el presente. La ficción está en dar una respuesta a estas interrogantes dibujando un horizonte posible y así se termina formando una obra genial: una película que te entretiene y, casi sin querer, te invita a pensar en el camino que estamos andando todos. Así que levanta la cabeza, mira a tu alrededor y re-descubre el mundo. Hay alguien cerca de ti que necesita un abrazo, y esa es una de las acciones humanas más gratificantes. Desde este rincón, y jugando un poco con la ficción, te mando uno a ti que lees estas líneas.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

6 comentarios

  1. Juan Carlos Galan   •  

    No he visto la película porque pensaba que, pese a realizar Joaquin Phoenix (¡lo admiro muchísimo!) el papel protagonista. Sin embargo tras leer tu opinión, creo que me acercaré a verla.
    Un saludo

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Juan Carlos! Gracias por tu comentario. Phoenix cumple, como siempre. Es un papel complejo porque es un romance con un otro imaginario, pero mejor que lo veas con tus propios ojos. Pasa por este rincón después para compartir tus impresiones que seguro enriquecen el comentario. ¡Hasta pronto!

  2. Lizeth A.   •  

    Her ha sido una de las últimas películas que he visto y, como lo escribes, me ha invitado a la reflexión. Y es que esta peli da muchos elementos para analizar, sin embargo me quedo con dos: la soledad y en el futuro próximo de la palabra sin elemento físico. Sobre la soledad, ¿Acaso es la soledad lo más honesto que nos hemos inventado y el amor, una mentira que hemos creado para sentirnos menos solos, menos absurdos…? En la película se puede ver que las personas combaten la soledad, aparentemente, hablando con sus Sistemas Operativos, sin embargo, pinceladas de un pasado, casi estilo Terrence Malick, llevan a Theodore a recordar su pasado amoroso el cual es más parecido a lo que experimentamos hoy en día donde el sentimiento va acompañado de lo físico. Sobre el futuro, sólo me resta decir que es más próximo de lo que esperamos y que desearía que jamás perdiéramos el contacto con lo humano.

    • Carlos Girón   •  

      Muchas gracias por tu comentario Lizeth. Quizá más que haber inventado la soledad es ella la que nos lleva a la invención, es ese espacio de pausa y silencio que nos esforzamos por llenar con voces, colores y movimientos. Lo que sí es que esta película te divierte y te da pie a muchas reflexiones, así que hay una doble ganancia en ella. ¡Gracias por compartir tu perspectiva!

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