“Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!” o de la reinvención de uno mismo a través de la risa

Una arranque de la película donde la risa reina

El cine francés sigue explorando con mucho éxito el género cómico siempre, por supuesto, con un toque dramático de fondo. Parece que de lo que se trata es de reírse de la vida a pesar de las adversidades que en ella nos encontramos. Ya en 2011 reímos y nos conmovimos con Intouchables de Nakache y Toledano, ahora Guillaume Gallienne nos transporta al interior de su propia vida para no parar de reír y, cuando menos te lo esperas, dar un giro que es a la par radical y conmovedor. Un auténtico artista que hace de sí mismo el lienzo y el pincel, el color y la luz, objeto y sujeto de la representación desdoblándose maravillosamente en cada uno de los elementos importantes que componen su historia.

La película es dramática no sólo por definición, sino por su estrecho vínculo con el teatro que, de hecho, es el escenario desde donde arranca la película y a donde vuelve constantemente. Un recurso que también se ha vuelto recurrente en las últimas fechas, en La Vénus à la fourrure de Polanski, por ejemplo. Pero centrémonos en Guillaume contándonos su vida, desnudando sus pensamientos y las historias más significativas para comprender mejor su momento presente. Una auténtica terapia en escena con todos nosotros haciendo de silenciosos psicoanalistas que luchan por no reír de las hilarantes situaciones. No vaya a ser que se nos ofenda el analizado. Claro que esto resulta una misión imposible dada la habilidad de Guillaume para hacer reír sólo con cambiar el gesto de su rostro o interrumpir un momento erótico con una profunda revelación personal.

Acompañamos a Guillaume en una experiencia cómica y liberadora. - tuitéalo    

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El primer y principal desdoblamiento es el de su madre a quien interpreta durante casi todo el film. Esta representación del mimetismo es de las mejor logradas que puedas encontrar en el cine. Resulta inquietante por su base psicoanalítica, es decir, por cómo se nos va revelando el carácter de fantasía que esta identificación tiene y sus consecuencias en la personalidad de Guillaume. Claro que todo se va dando lentamente y bajo el influjo de una risa que no deja de llegar. Desde su primer viaje a España y el encuentro con las sevillanas, hasta la despedida del escenario que se da, eso sí, sin aplausos (reservados quizá para el interior de cada uno). La relación con su padre, el descubrimiento de lo femenino más allá de las fronteras de su madre, los cambios de ambiente en la búsqueda de su sitio propio y la exploración de las posibilidades desde Baviera hasta la terraza donde se lleva a cabo una reunión “entre chicas”.

Paso a paso se desmenuzan los componentes de un sujeto, se nos presentan las escenas de su singularidad debatiéndose por encontrar un hilo que las una, un elemento que les dé coherencia. Pero esto es algo que hacemos todos día a día: enfrentar la tarea de ser nosotros mismos, de asumir nuestra personalidad y portarla con la mayor dignidad posible. Hemos metido al psicoanálisis en esto, por lo que no podía ser faltar el componente erótico-sexual en esta composición del yo singular. Todo el juego de la película está en esta exploración de la sexualidad ambigua de Guillaume que se ha enfrentado desde seno familiar a la exclusión del género que por nacimiento parece corresponderle, es decir, el de los chicos. Guillaume y los chicos, que no son otros que sus hermanos, pero ¿por qué no decir simplemente chicos? ¿Qué hace diferente a Guillaume que no merece entrar en el mismo grupo? El espectador irá descubriendo la respuesta al mismo tiempo que el actor.

Guillaume se desdobla mostrando cada aspecto de su vida siempre con una sonrisa. - tuitéalo    

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No quiero revelar mucho más de la película y mucho menos hablar del final. No hay que arruinarle la experiencia a nadie, pero no puedo dejar de remarcar el hecho de que la película muestra de manera genial cómo puede vivir alguien ese proceso en el que se asumen la propia orientación sea la que sea. Parafraseando una línea de la película: es una obra que muestra cómo un chico debe asumir sus preferencias sexuales a pesar de lo que desde fuera se le quiere imponer. Sé que dicho así suena a un lugar más que común, pero te puedo asegurar que el giro que le da Guillaume no te dejará indiferente. Una oda a lo femenino y una original muestra de cómo puede valorarse desde lo masculino. Un viaje, una travesía, una odisea donde parece que nunca se podrá llegar de vuelta a casa. Aunque quizá el único problema es que atendíamos a las direcciones equivocadas.

Un aplauso de pie para Guillaume Galliene que asume en este film el rol protagónico, la dirección y el guión de su obra que no podemos dudar en calificar de maestra. Este fin de semana seguro que te sobra un poco de tiempo para visitar los cines, así que si quieres reírte con una muy buena película “Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!” es sin duda tu mejor opción. Por fin un abordaje original de un tema al que no se le dejan de dar vueltas y además se hace en clave cómica. Mejor, imposible. No te olvides de volver para comentar después de que te recuperes de las risas que vas disfrutar. ¡Buen fin de semana!

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

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