Goethe, el corazón de una época brillante

Goethe es un autor que representa el corazón de una época

Cuántas cosas pueden suceder en 265 años. La Tierra ha girado algo así como 96,990 veces, lo suficiente como para que cualquiera de nosotros hubiera sufrido ya el mareo de su vida. Con cada giro una historia y con cada historia un recuerdo. Hay algunos que pasan, que se quedan en un rincón que permanece invisible. Otros, en cambio, se niegan a dejar de aparecer y adquieren un papel protagónico. Ayer se cumplieron 265 años del nacimiento de Johann Wolfgang von Goethe, un personaje de esos que está lleno de historias que se niegan a perderse entre los giros del mundo. Algo para considerar dado que se trata de un individuo que vivió casi 83 años.

La influencia de Goethe es simplemente descomunal. Su obra se compone de poemas, novelas, obras de teatro y algunos tratados científicos donde la óptica tuvo un interés peculiar. La obra que le abrió el camino es Las desventuras del joven Werther de 1774 que, además de ser leída y elogiada por el mismo Napoleón, generó todo un revuelo en Europa convirtiéndose en un auténtico libro de culto para la juventud. La novela, además, es una de las obras inaugurales del Romanticismo al que Herder y el mismo Goethe dieron nacimiento con el movimiento Sturm und Drang. Nombres como Schiller, Beethoven y Schopenhauer, son otros de los tantos que desfilan entre sus conocidos y amigos. El autor del Fausto es el corazón de una época brillante para la cultura alemana. - tuitéalo    

Entre la tormenta y la pétrea calma del mármol

El joven Goethe, discípulo de Herder, crece en un momento del terreno de las letras en el que se da una reacción violenta contra el racionalismo de la Ilustración. Bebe de esas aguas turbulentas y tormentosas. Tiene en los oídos el potente sonido de los relámpagos celestes que llamaban a romper con la imposición para liberar a la creatividad y a la emoción del yugo de la razón. Se trata de un momento de rebeldía en el que los vientos anunciaban ya la necesidad de un cambio. Los tambores de la guerra comenzaban a presentirse en Francia, mientras en Weimar Goethe consolidaba su influencia cultural que perdura hasta nuestros días. La Revolución francesa fue para él una noticia desastrosa. Algo peculiar para quien, en su poema Prometeo, escribiera las siguientes palabras:

Aquí estoy, dando forma
a una raza según mi propia imagen,
unos hombres que, iguales a mí, sufran
y se alegren, conozcan los placeres y el llanto,
y, sobre todo, a ti no se sometan,
como yo.

Goethe reniega del cambio brusco y violento. No se siente cómodo en un contexto en el que las cosas pierden su estabilidad, donde las constantes se ven nubladas por las cortinas de humo que levantan las revueltas políticas. En pocas palabras, el gran escritor no está cómodo con la situación que reina en Europa ni aprueba el entusiasmo que genera la Revolución. Esto delata su personalidad tranquila, su talante sereno que busca estar en la mayor paz posible. No es de extrañar, entonces, que su viaje a Roma y el contacto con la cultura clásica le lleve a emprender un viaje de retorno a un clasicismo del que será precursor junto con su amigo Schiller: el Clasicismo de Weimar. Rüdiger Safranski lo cuenta de esta simpática manera:

No es casual que en los meses posteriores a la Revolución se ocupe del inquietante fenómeno natural del vulcanismo en contraposición al neptunismo, a la teoría del progresivo cambio de la superficie terrestre debido a la acción de los océanos. Le atraía lo paulatino y le repugnaba lo súbito y lo violento, tanto en la naturaleza como en la sociedad.

Goethe, Prometeo con alma de Neptuno

Es así como el autor de una de las obras clave del Romanticismo termina renegando de un movimiento que tiene en Napoleón una de sus grandes figuras. El héroe, el sujeto creativo liberado de las ataduras de la mera repetición del pasado. El hombre que, para el mismo Schiller, sólo es tal cuando juega: “el hombre sólo juega cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es enteramente hombre cuando juega”. Pero dentro de su amigo Goethe late un corazón con aroma a Neptuno, uno que aprecia lo sutil y que no ha dejado de ver lo conveniente de las certezas que ofrecen las constantes de las leyes de la naturaleza. Goethe es un genio creativo que sabe de la importancia de los límites, de la moderación:

El hombre ha nacido para una situación limitada; es capaz de ver fines sencillos, próximos, determinados, y está acostumbrado a utilizar los medios que tiene a mano inmediatamente; pero tan pronto como llega a la lejanía, no sabe ni lo que quiere ni lo que debe hacer, y da lo mismo por completo que se disperse por la multitud de los objetos, o que quede fuera de sí por la altura y dignidad de los mismos. Redunda en su desdicha toda incitación que lo lleva a apetecer algo con lo que no puede unirse por su actividad regular. Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister

El talante burgués se impone en el poeta alemán. Pero eso no va en detrimento de su capacidad creativa, afortunadamente. Goethe nos ha legado una obra fascinante que todavía hoy, después de casi cien mil giros del planeta, seguimos leyendo y atendiendo con admiración. Desde el ya mencionado Las desventuras del joven Werther hasta el segundo tomo de su autobiografía que titula Poesía y verdad, la obra del alemán está llena de joyas que van dando cuenta de casi un siglo de cambios en el mundo. De la Ilustración al Romanticismo y de ahí hacia un llamado a la mesura fundado en la confianza en el cálculo de unas ciencias que ya no dejarían de avanzar en el siglo que Goethe vio nacer. Un autor que es capaz de dar cuenta de una ruptura con el pasado, de reflejar en sus textos el signo de su propio tiempo y, además, de anticipar el camino por venir. Goethe es, de nuevo, el auténtico corazón de una época. Valgan estas palabras de Eugenio Trías para cerrar este breve texto que invita a la lectura o relectura del gran escritor alemán:

Cree que el orden está por encima de la justicia. Pues lo único que desea es un orden objetivo externo que le permita gozar individual, íntimamente de la vida. Era egoísta: es lo mejor que podemos decir de este individuo tan poco heroico, tan poco épico y tan hermosamente artista.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

6 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Carlos, sería curioso saber que diría Goethe sobre la ‘zona de confort’ y la ‘zona de pánico’… Aunque por lo que has dicho de él, parece ser que sería más de los de la ‘zona de confort’…

    • Carlos Girón   •  

      Mi estimad ratón. La cosa es que la ‘zona de confort’ de Goethe es muy peculiar: altamente creativa, crítica y con tintes de universalidad. Pero sí, en el fondo lo que deseaba era un arroyo tranquilo que le permitiera disfrutar de la vida. En ese goce, no obstante, regalaba obras de gran fuerza y belleza. ¡Abrazo roedor!

      • Alba Aida Oliva   •  

        Estimado Carlos , creo que el Fausto de Goethe, es un hito en la literatura , instalando el miedo como angustia de una enfermiza humanidad que camina al borde del antivalor, no deja de ser un auténico romántico

        • Carlos Girón   •  

          ¡Saludos Alba! Personalmente creo que es completamente envidiable la etapa que vivió Goethe, desde el punto de vista cultural. Los estímulos estaban por todas partes. Revisar la lista de personajes es encontrar un genio detrás del otro en todos los ámbitos. Al mismo tiempo tienes a Napoleón defraudando todos los ideales y el aroma a pólvora en los centros culturales de Europa. Un contraste que hace difícil no ser al menos un poco romántico. Aunque, más allá de las clasificaciones de la academia, me quedo siempre con Goethe como un hombre capaz de ver su propio tiempo (que no es poca cosa) y transmitirlo a través de su obra al mismo tiempo que marca un sendero para lo que sigue. Eso está más allá de escuelas y corrientes. 🙂 ¡Muchas gracias por tu comentario!

  2. Carolina   •  

    Hola Carlos,
    la verdad es que lo que la mayor parte de la gente conoce de Goethe es la novela de Werther. Parece el escritor en lengua alemana por excelencia. Como en España tenemos el Quijote de Cervantes, en Francia podría ser Balzac, en Portugal la supernovela se llama “Los Lusiadas”. ¿Cuál es el escritor mexicano por excelencia?
    Un abrazo 🙂

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Carolina! Balzac y Víctor Hugo tendría que agregar a la lista. En el caso de México creo que la respuesta más sencilla sería Octavio Paz por la diversidad de su obra y el esfuerzo por pensar y reflejar lo esencial de una cultura sin renunciar a la dimensión universal del arte. Pero también está Monsivais, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes y la misma Sor Juana Inés de la Cruz si nos vamos hacia atrás. Podemos llegar hasta el poeta Nezahualcóyotl de los pueblos antiguos del territorio. No obstante, me gusta particularmente Juan Rulfo con “Pedro Páramo”. Pocos relatos pueden retratar tan bien el misterio y la relación con la muerte que hay en la cultura mexicana. Esto da para un artículo. 🙂 ¡Un abrazo fuerte!

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