Mariposas amarillas que vuelan liberadas, Gabo se muda a Macondo

El escritor colombiano autor de "Cien años de soledad"

Han sido años de duras despedidas para las letras latinoamericanas. En los últimos cuatro años nos han dejado José Saramago, Germán Dehesa, Carlos Fuentes, Álvaro Mutis, José Emilio Pacheco, José María Pérez Gay y recientemente el filósofo Luis Villoro. Inevitable lamentarse lo que ya no podremos leer, lo que pudieron seguir regalando a los lectores que presienten una cierta orfandad con su partida. Pero en su andadura han dejado una estela de obras, una producción que nos seguirá hablando mientras existan un par de ojos que se posen sobre sus líneas. Hoy el mundo de la literatura se entristece por la más reciente de sus pérdidas: Gabriel García Márquez.

La influencia del colombiano es enorme. Recuerdo la risa de un colega compatriota del Gabo cuando, al rellenar un formulario de una dependencia oficial de México, descubrió que entre las opciones para declarar su lugar de nacimiento se encontraba Macondo. Un lector de Cien años de soledad participó en la programación del formulario y decidió que el pueblo debía ser real, que merecía tener un espacio porque nacer en Macondo es posible. ¿Cómo si no los paseos que miles y miles de lectores han dado por sus calles? ¿Quién no ha visitado la tumba de Melquíades o la casa de los Buendía? El pueblo tiene una realidad diferente y hoy que su fundador nos ha dejado bien valdría la pena darle una visita para encender un poco más el recuerdo. Para ello vamos a hacer un breve recorrido por las obras en las que Macondo se asoma al mundo.

Ficción y realidad: nacer en Macondo es posible para quien vive en las letras. - tuitéalo    

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La hojarasca, primera novela de Gabo, vio la luz en 1955 y con ella se retoma ese pueblo que ya en 1954 había mencionado en el cuento Un día después del sábado: Macondo. Un primer ensayo del ahora inmortal estilo del novelista donde la muerte y el tiempo que salta de generación en generación se hacen presentes. ¿Por qué enterrar al traidor? Esa pregunta que desde Antígona se plantea encuentra en el mundo de García Márquez nuevas dimensiones. Macondo se mantiene cerca en la obra de 1961: El coronel no tiene quien le escriba, donde la muerte y los funerales siguen estando en las primeras páginas de la historia. Una memorable historia marcada por la esperanza de que un día la cosas pueden cambiar. Ya sea que la anhelada pensión llegue o que el gallo abra la puerta de una mejor situación.

Una novela y un cuento son los que nos traen nuevas noticias del pueblo en 1962. La mala hora presiente la guerra en medio de escándalos por infidelidades, mientras que Los funerales de la Mamá Grande nos hacen saber que María del Rosario Castañeda y Montero es la matrona de Macondo o, mejor dicho, fue la matrona, porque, como resulta evidente, asistimos a la historia de sus funerales. Este no es sino el preludio para esa gran obra de Gabo: Cien años de soledad. Publicada en 1967 en Buenos Aires se trata de una novela que se ganaría un lugar en la historia de la literatura. Las siete generaciones de la familia Buendía sirven para terminar de darle al pueblo las fantásticas dimensiones de las que hoy goza, es decir, para inmortalizarlo en el imaginario de miles de lectores que le visitan y recomiendan el paseo generación tras generación. Esto a pesar del aparente aislamiento de Macondo, a pesar de que los Buendía parecen condenados a una profunda soledad disipada tan solo por la voz del narrador de su historia que nos hace partícipes del devenir de la familia y su pueblo.

García Márquez ha muerto, larga vida a Macondo. - tuitéalo    

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El denominado realismo mágico se encarna en un lugar perdido entre la Ciénaga Grande y la Sierra Grande de Santa Marta. Isabel viendo llover en Macondo, un monólogo, y las menciones en el relato autobiográfico Vivir para contarla, son algunas de las migas que quedan de ese espacio casi mítico que acompañó a Gabo durante su vida literaria. Transfiguración de su natal Aracataca o creación completa del autor, quién sabe. Lo cierto es que los que han pasado alguna vez por Macondo hoy suspiran por la ausencia del escritor. Aunque nunca se sabe si la ola de lectores que acarrea la muerte traiga también a alguno de esos gitanos con novedades y el pueblo resurja, vuelva a transformarse y nos recuerde que la magia es todavía posible en la realidad. Ese es el mejor legado de un novelista: funda un pueblo y nos invita a poblarlo o, mejor, a llevarnos un poco de tierra de su suelo para llenar el mundo de Macondos. García Márquez ha muerto, larga vida a Macondo.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. yemid alanis   •  

    Excelente artículo, colorea un panorama de las obras de este gran escritor, hace reconocimiento a su estilo así como su contribución para que la literatura universal con sede en Latinoamericana diera este legado de realismo mágico, muy interesante que se mencionen a sus contemporáneos que también se han ido…

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Yemid! Gracias por tu comentario y me alegro de que te haya gustado. Una pena perder este tipo de figuras, pero siempre estarán sus obras para regresarnos la sonrisa.

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