Formar y educar: el alumno tiene la palabra

Formar y educar son actividades relacionadas pero no iguales

Las palabras son pequeños baúles que esconden siempre sorpresas. Acercase a ellas es ponerse en disposición de aventura y de viaje: la historia es su aroma y, como con la magdalena de Proust, podemos terminar por visitar tiempos y tierras que parecían perdidos. Hablamos ya por aquí de la enseñanza de la virtud, particularmente de la prudencia, pero eso me ha dejado una pregunta abierta: ¿es lo mismo enseñar que educar? ¿Formar y educar se dan en el mismo contexto institucional? Estas palabritas fueron las guías para reflexionar en torno a este tema que es, sin lugar a dudas, uno de los más urgentes en nuestros días.

El lugar común y siempre objeto de controversia está en la figura a la que regularmente le colgamos la responsabilidad de llevar a cabo eso que entendemos por educación, formación o enseñanza. Los tres elementos nos remiten evidentemente a un personaje en concreto: el maestro. Pero el magister, termino latino para maestro, no es sino el que tiene o ha alcanzado el más alto grado de conocimiento y competencia en un área del saber o, también, del saber-hacer. Esto le hace posible enseñar precisamente en esa área. Aquí es donde comienzan los problemas: ¿la enseñanza y la educación competen sólo a quienes tienen este grado de conocimiento? La educación comienza desde casa, decimos con mucha naturalidad, pero: ¿qué es lo que queremos decir realmente con esto?

Formar y educar: juntos pero no revueltos

Formar significa producir una forma, de aquí que formación signifique la acción o el efecto de producir una forma, es decir, una figura o imagen. Este acto, como bien puede intuirse, supondría que tenemos cierta claridad precisamente sobre esa figura a la que queremos llegar. Formar implica la ejemplaridad, es decir, contar con un prototipo que nos sirva de ejemplo. - tuitéalo     Sin ese elemento terminaríamos con un auténtico galimatías y, además, nunca podríamos estar del todo seguros de haber llegado al punto deseado. De aquí que la formación suponga aclararnos como colectivo una idea fundamental: ¿cuál es la imagen del individuo que queremos o nos interesa formar? La pregunta aplica desde los padres que tendrán la función de formar a un hijo hasta las instituciones educativas al momento de definir sus contenidos y metodologías. Además, bien podría ser un elemento de filtro para decidir dónde quiere enviar a los hijos para continuar su educación.

La educación es un mapa que nos guía para conseguir una forma deseada. - tuitéalo    

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Digo continuar porque educar es una palabra que nos remite a la idea de guía, de conducción, de hacer pasar a alguien de un punto a otro o de un estado a otro. En este caso bien podemos pensar que la educación es la acción que guía a una persona de un estado de ausencia de conocimiento o pericia hacia uno de saber y saber-hacer. Pero lo que más importa destacar está en la idea de guía y conducción: la educación es un mapa con indicaciones precisas para llegar de un punto a otro, pero eso supone que sabemos de dónde partimos y a dónde queremos llegar. Lo primero, por tanto, es tener muy clara la forma a la que se aspira o que se desea para así poder encontrar el mejor mapa posible para guiarnos en el recorrido educativo. Después, en el mapa, el camino se inicia en un punto (el hogar, por ejemplo) pero continúa por otros senderos y trayectorias.

Soy humano de profesión

Sobre esta base que relaciona formar y educar podemos volver un poco a la figura del maestro. ¿Quién nos guía en la profesión de ser humanos? Vaya pregunta tan rara, pero en realidad es completamente válida. Lo humano no es algo dado, sino que se trata de un valor del que hay que ocuparse para, precisamente, formarlo de la mejor manera. Cuando hablamos de lo humano, de hecho, damos por supuesto que nos referimos a esa dimensión intangible de los valores que se vuelve presente en cuanto consideramos modos más o menos apropiados de actuación. Para proponer una línea común diremos que la profesión de lo humano es la de ocuparse de una existencia plena y armoniosa para todos en tanto seres de la misma tierra. ¿Quién es entonces el maestro que habrá de formarnos y educarnos?

  La profesión de lo humano es la que se ocupa de una existencia plena y armoniosa para todos. - tuitéalo    

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La ejemplaridad cobra aquí máxima relevancia. Necesitamos un modelo, una imagen que nos haga de guía para esta tarea de educar no solamente en contenidos específicos de un área temática, sino también en esta imprescindible profesión de lo humano. Ahora bien, precisamente aquí es donde se rompe la polémica de la que hablamos más arriba: el maestro, en este caso, no está exclusivamente en las instituciones educativas, sino que se encuentra en cada uno de nosotros. Es claro que no podemos pedirle al profesor de una escuela que sea el único ejemplo de humanidad porque esta es una tarea que nos corresponde a todos. Pero la conclusión más interesante que podemos sacar de esto es la siguiente: buscar el máximo conocimiento y competencia con respecto a lo humano es igual a elegirse a uno mismo para tener una existencia plena y armoniosa en comunidad.

El alumno tiene la palabra

El alumno es aquel que es alimentado buscando su crecimiento. De aquí que la elección de los contenidos o ejemplos que le han de servir de nutrientes en las primeras etapas de la vida está en manos de otros, de los ya formados o que, al menos, llevamos ya un tiempo en esa tarea. Pero nosotros, al mismo tiempo, tenemos esta responsabilidad de alimentarnos de acuerdo a la figura o imagen que responde a una variante de la pregunta que hicimos más arriba: ¿qué tipo de humanidad queremos formar? Somos alumnos y formadores al mismo tiempo y nos elegimos a cada paso cuando apostamos por los valores de una humanidad deseada. Devenimos ejemplo para los otros con la elección de una autoformación constante.

Formar en la elección de caminos en libertad y con responsabilidad: la tarea humana. - tuitéalo    

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Un paso más allá para cerrar esta reflexión. Si la educación, como vemos, es una guía que nos orienta hacia un objetivo o cambio de estado (de la ignorancia al saber), entonces lo mejor que podemos hacer es formar a individuos altamente competentes en la elección de caminos. Indispensable entonces apelar de manera constante a ejemplos de libertad y de responsabilidad: la apertura para la elección y la capacidad de dar cuenta de lo elegido. Esta sí que es una tarea que debemos asumir como comunidad y una donde el aprendizaje es constante. ¿Te apuntas?

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Dice un proverbio oriental: Un maestro no es quien enseña a sus alumnos; sino quien aprende de ellos.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón. Sin duda la relación de enseñanza-aprendizaje es muy distinta en aquellas tierras. También en los pueblos indígenas cambia mucho la situación: el aprendizaje si no es colectivo e igual para todos simplemente no tiene sentido. Eso hace que se hable de auténtica comunidad y que el maestro no sea una figura autoritaria sino un cordial orientador lleno de experiencia. ¡Abrazo roedor!

  2. OSCAR CORTEZ   •  

    HOLA ESTIMADOS
    Leí este interesante artículo titulado:
    FORMAR Y EDUCAR – EL ALUMNO TIENE LA PALABRA.

    Por favor me podrían indicar en qué fecha fue escrito o en qué
    fecha fue publicado ?
    Muchas gracias.
    SALUDOS CORDIALES

    OSCAR CORTEZ
    Buenos Aires, Argentina.
    +54 9 011 5894 5192
    .

    • Carlos Girón   •     Autor

      Saludos Oscar,
      Muchas gracias por tu lectura y perdona la demora en la respuesta. Se publicó el 22 de octubre de 2015. Cualquier cosa que pueda hacer para ayudar no dudes en ponerte en contacto. Más saludos.

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