Sobre la experiencia de la lectura y el conocimiento pasional

El conocimiento pasional es producto de una experiencia de lectura del mundo

Uno de los temas preferidos de este espacio, y uno de los que mayor debate suele generar, es el de la interpretación. Pues bien, como todo saber se suele fundamentar en una tradición y ésta se compone de un corpus de textos, hoy vamos a hablar de la lectura. Interpretar, en efecto, es también leer el mundo. Noción clásica que puede resultar chocante para quien no gusta de objetivar el mundo de esta manera; pero si lo pensamos como una experiencia de lectura quizá la cosa cambie. Vamos a seguir para ello las ideas del profesor Jorge Larrorsa. ¿Me acompañas?

Vamos entonces a realizar este breve comentario a la idea de experiencia como páthei máthos, como un conocimiento pasional que Larrosa expresa en la entrevista que le realiza Alfredo J. da Veiga Nieto. La entrevista, “Literatura, experiencia y formación”, se encuentra dentro del libro titulado La experiencia de la lectura y puedes leerla completa en el vínculo que te dejo. Esta concepción de la experiencia se contrapone a la idea del conocimiento como mathema, por lo que te invito a empezar revisando los elementos por separado (páthei y mathema) para desde ahí buscar extraer las consecuencias implícitas en esta interesante concepción de experiencia que se nos propone. Vamos adelante pues comenzando con la idea de mathema.

Conocimiento frío y conocimiento pasional

La noción de mathema implica, desde la tradición platónica y pitagórica, un conocimiento auténtico y verdadero por oposición a lo que es meramente oído. De esta manera, mathema refiere a un conocimiento alejado de la opinión, es decir, responde a una noción de conocimiento donde el sujeto se mantiene en una especie de “suspenso” para lograr la mayor objetividad posible. En efecto, la noción “mathematica” del conocimiento implica este tipo de relación de sujeto–objeto en donde el primero debe descubrir la Verdad (sí, con mayúscula pues no hay ninguna otra posible en este caso) del segundo que, además, le resulta externo y ajeno.

El conocimiento de la matemática y el conocimiento pasional pueden encontrarse. - tuitéalo    

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Por otro lado, el páthei máthos añade un elemento patológico al conocimiento, un elemento pasional rechazado o simplemente dejado de lado en el esquema del mathema. En efecto, en la medida en que lo pasional (pathos) se introduce en el esquema de conocimiento se introduce también la posibilidad de ser afectados, más allá de la percepción a través de los sentidos, por un objeto exterior que entonces puede ser objeto de un conocimiento pasional. La fría relación sujeto-objeto se ve entonces modificada en la medida en que sus elementos entran en una relación marcada por el pathos, una relación en la que el objeto logra tocar al sujeto y éste responde a ello. El diálogo pasional es lo que marca esta concepción de la experiencia. El conocimiento también puede ser una caricia textual. - tuitéalo     Sin que ello, por supuesto, vaya en detrimento de su valor.

El conocimiento pasional y la ética de la lectura

Nos encontramos entonces, primero, ante un problema de corte epistemológico. ¿Es válida la participación de un elemento patológico en el proceso de conocimiento-experiencia? En la medida en que Larrosa plantea que sí, se insertan elementos de corte ético que hacen de esta idea algo peculiar. En efecto, el hecho de que lo pasional se involucre con la experiencia haciendo de ésta un diálogo íntimo entre sujeto y objeto, cuestiona la noción de conocimiento como algo que sólo tiene valor en la medida en que es universalmente accesible. La experiencia de conocimiento pasional implica la singularidad del cada caso, es decir, cada uno debe pasar por ella para dialogar, a su manera, con el objeto.

El carácter se moldea a través de las experiencias y la lectura es una de ellas.  - tuitéalo    

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En palabras del Tratado de la pasión del filósofo español Eugenio Trías, “la pregunta es si en la base misma de todo conocimiento y de toda edificación racional no actúan, como protocolos genuinos de experiencia, observaciones que se hallan intrínsecamente conectadas con objetos y mociones pasionales”.  La pasión es, para este autor, un elemento fundamental en el conocimiento en tanto que hay que devenir sujetos pasionales dispuestos a dejarse afectar por la realidad para, así, conocerla de una manera más lúcida:

El enamorado vive en un estado en el cual se deja poseer o apoderar por la realidad con que se encuentran, realidad que se le ofrece, obviamente, en el horizonte del ser que ama, alusiva a él de forma metafórica o metonímica. Y bien, en ese estado surge el conocimiento o bien ‘avanza’ éste por caminos nuevos de progreso. De un progreso que es a la vez regreso.

Es en este movimiento de regreso del objeto al sujeto donde podemos decir, con Larrosa, que la experiencia como páthei máthos coadyuva a la formación de un éthos, es decir, a la formación de un carácter particular a partir de una relación de conocimiento con los objetos (en este caso con los textos) otorgándoles a éstos la capacidad de dialogar con nosotros y abriéndonos a la posibilidad de ser modificados por ellos. La lectura como experiencia implica entonces el reconocimiento de una alteridad en lo que se lee para dialogar con ella. Es de aquí de donde podemos extraer, además, experiencias con una importante fuerza vital. La lectura es una experiencia que no se entiende sin el elemento ético-pasional. - tuitéalo    

La pluralidad de sentidos en una lectura

Al mismo tiempo, es en la medida en que la lectura deviene este tipo de conocimiento pasional que podemos generar nuevos sentidos, esto es, que no buscamos el sentido último de un texto o el sentido auténtico, sino que implica apertura a la posibilidad de ser afectados y responder, de manera singular siempre, a ese estímulo. Leerse a través de la experiencia de la lectura para reinterpretarse y recrearse es una consecuencia ética de este planteamiento en el que se encuentran dos modelos de conocimiento. Porque, en esencia, de lo que se trata es de una relación de complementariedad y no de polarización. El páthei completa al máthos y viceversa. - tuitéalo    

Una misma lectura puede tener múltiples sentidos si se lee con y a través de la pasión. - tuitéalo    

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Por último, este planteamiento no sólo se limita a textos de un carácter literario –donde este tipo de relación puede verse con mayor facilidad. Toda experiencia de lectura, desde la lectura de textos literarios hasta el más denso tratado de física, constituye una invitación a pensar, por ejemplo, nuestra relación con el mundo. En este sentido, y en el caso particular de la filosofía, inculcar que la lectura devenga una experiencia vital parece fundamental para recordar siempre que el ejercicio (la experiencia) del filosofar se hace en y desde un mundo, al tiempo que constituye una posibilidad de experiencia del mismo, pero no la única. Dar una respuesta pasional ante el dejarse afectar por lo que se lee no es, desde el planteamiento de Larrosa, un error metodológico que reste valor al conocimiento, sino auténtico enriquecimiento del mismo: una dosis de revitalización para cada uno de nosotros. El conocimiento pasional se ejercita a través del encuentro textual con los otros. - tuitéalo    

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

7 comentarios

  1. #Jerby   •  

    El tipo de lectura de cualquier documento, va a depender en parte de si te encuentras en la ‘zona de confort’ o en la ‘zona de caos’.

    En la ‘zona de confort’ se suele dar la ‘lectura matemática’; mientras que en la ‘zona de caos’ no puedes tener más que la ‘lectura pasional’ si quieres sobrevivir…

    • Carlos Girón   •  

      ¡Qué linda manera de enfocarlo! Sería perfecto para transmitirlo en una clase. Me apunto la idea para darle una vuelta de tuerca al asunto. Gracias como siempre querido ratón. ¡Abrazo roedor!

  2. Bolboreta Papallona   •  

    Y no solo la lectura, sino la vida misma… agradezco infinitamente las palabras de hoy, Carlos Girón. Cuando era oruguita, pensaba que la luna me acompañaba (¡qué pretenciosa!). Ahora, como mariposa, siento que escribes para mi, pero esto es una lectura pasional, claro.

    • Carlos Girón   •  

      Por ahí un gato, que tiene buena relación con la Luna, me dice que sí que recuerda a una oruguita de la que hablaba la cara pálida con sonrisa de conejo. ¡Ah! Se me olvidaba que hay latitudes donde la historia del conejo de la Luna no se conoce. Ya la contaremos. ¡Abrazo lepidóptero!

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