La experiencia del silencio y la biografía de Pablo d’Ors

Partiendo de "Biografía del silencio" reflexionamos sobre la experiencia del silencio

Alguna vez he llegado a hablar del silencio como una dimensión poblada de voces. Aquí la paradoja es doble: para hablar del silencio es inevitable traicionarlo, romperlo, abandonarlo, y cuando se opta por la experiencia del silencio para intentar mostrar lo que es se descubre la polifonía que ahí habita. Por una vía u otra lo que termina escurriéndose es precisamente aquello de lo que queríamos hablar, eso mismo que buscábamos mostrar: el silencio. ¿Significa esto que éste es imposible? ¿El silencio está más allá de lo que puede en verdad conocerse o vivirse? La Biografía del silencio de Pablo d’Ors muestra precisamente la paradoja que le es inherente sin renunciar a su posibilidad.

Quizá sea que algo se nos ha escapado o, mejor, que algo se ha colado sin que nos percatáramos de ello. La paradoja genera perplejidad, obliga a detener la velocidad del pensamiento para mirar con más atención. En la experiencia del silencio nos encontramos con la polifonía que lo habita. Hablar del silencio es como querer nadar en la arena. Ambas ideas detienen la rueda del pensar porque algo nos parece peculiar, porque lo inefable, lo que no puede ser dicho, toca a la puerta y nosotros la abrimos casi sin querer. El silencio se hace presente ahí, en la pausa, en el sin-querer que acompaña a la puerta de la paradoja. Es efímero, pero es. El problema fundamental es que el reconocimiento de ese instante es incompatible con el discurso: el silencio es ahí donde no hay referencias ni posibilidad de distinción.  - tuitéalo    

La experiencia del silencio y la palabra

Si hacemos caso de lo que Julius Pokorny propone, la palabra silencio tendría en su origen un parentesco con el verbo latino sei, de raíz indoeuropea, que significa dejar caer o tirar. No interesa aquí validar la propuesta del filólogo, sino tomarla por su capacidad evocativa, por las imágenes que, en este caso, podemos pintar en forma de pregunta: ¿qué es lo que cae con el silencio? Primero tendríamos que distinguir entre la ausencia de sonido y la ausencia de palabra. Resulta evidente que una cosa implica la otra, ya que ante la completa ausencia de ondas sonoras se entiende también que nos hay palabra hablada. ¿Podríamos decir entonces que la palabra escrita es compatible con el silencio?

Si el silencio es un dejar caer o tiras, ¿qué es lo que cae con el silencio? - tuitéalo    

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Con esto nos enfocamos en la dimensión más material del asunto. La experiencia del silencio se da ante la ausencia de un estímulo sonoro que pertenece al campo de la física. Pero esto es imposible dado que para tener esa experiencia asumimos que hay un sujeto que, al menos, emite el sonido de un corazón palpitante y una respiración. El completo silencio se da ahí donde la experiencia es ya imposible.  - tuitéalo     Parece una cuestión completamente evidente e inútil, pero conviene tenerla en mente porque la idea de que quien busca el silencio busca la muerte mostraría que la consecuencia lógica de ver las cosas desde el mundo físico puede tener una conexión directa con una perspectiva más espiritual. Pero volvamos un poco sobre la palabra escrita.

El silencio sobre el papel

D’Ors pone sobre el papel su particular experiencia del silencio. Ejecuta, por lo tanto, un encuentro entre la vida y la expresión gráfica teniendo como marco el silencio y, en particular, aquel que se consigue a través de la meditación. Con esto bien podemos salvar el hecho de que para hablar del silencio hay que romperlo, pero no así la segunda de las paradojas: la polifonía que se descubre y que es precisamente de la que nos ocupamos en una experiencia de meditación. Hablamos, por tanto, de un poner en silencio la mente. Se trata de detener por completo la rueda del pensamiento, de dejar caer toda resistencia para que fluya todo lo que hay. El máximo acto de voluntad está en la voluntad que se niega a sí misma.

Sobre el papel la experiencia del silencio lleva a la plenitud del yo. - tuitéalo    

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Esto nos lleva de nuevo al sujeto, pues los pensamientos tienen una estructura de lenguaje, son discursivos. El silencio de la meditación es un silencio del sujeto que logra tirar y derrumbar las resistencias del discurso, de su discurso, para dar paso a la plenitud de la totalidad. Dicho de manera mucho más directa: la experiencia del silencio en la meditación implica ponerse cara a cara con el yo que se niega a soltar las riendas. Lo que se vive, nos cuenta el escritor, no es una reducción, sino un ensanchamiento del yo que de pronto adquiere conciencia de su conexión con la totalidad. La hermandad con la paradoja parece inevitable: el silencio deja caer al yo para que éste pueda ser más yo. Pero, ¿por qué escribir entonces un libro que se firma con nombre propio?

Paradojas y más paradojas

Para comprender mejor la meditación como esta voluntad que se anula a sí misma habría que evitar pensar en un esfuerzo. D’Ors, de la mano del pensamiento chino, lo plantea más como una entrega: “El esfuerzo pone en funcionamiento la voluntad y la razón; la entrega, en cambio, la libertad y la intuición.” Se trata del concepto de wu wei donde la inacción cobra un matiz peculiar: no hago nada para que la totalidad actúe por medio de mí. De nuevo se da la paradoja en la medida en que lo que el yo ve como una ausencia termina dando como resultado una plenitud. Cae el telón de la percepción y con él el engaño en el que vive constantemente el yo. - tuitéalo     Pero si quien “habla” o quien hace es una especie de voluntad universal, ¿por qué mantener esa insulsa huella del nombre propio?  El mismo autor lo reconoce a su manera:

Hablar o escribir sobre la meditación silenciosa es, en verdad, una contradicción, una paradoja. Por eso mismo, a nadie servirá de mucho nada de todo esto. Más aún: lo más aconsejable sería dejar ya de leer y ponerse a meditar.

Una posible respuesta está en la idea de que lo mejor que podemos hacer para ayudar a los demás, en la misma línea del wu wei, es no hacer nada por ellos y ocuparse de uno mismo. En este sentido, Biografía del silencio no es sino Pablo d’Ors ocupándose de su propio yo, poniéndose a la orden de la totalidad porque quizá a través de él ésta podrá deshacer unos cuantos diques más. Pero no deja de haber en esto un cierto aroma de trampa. Se mantiene la sospecha de que si los grandes y verdaderos maestros (Jesús y Buda, por ejemplo) renunciaron a la escritura es porque quizá en ella sigue habiendo demasiado ruido para quien busca de verdad el silencio. ¿Será que la fama del nombre puede perturbar hasta en la tumba a quien anhela la completa quietud? Mientras tanto la lectura se disfruta, cosa que siempre es de agradecer aunque sea desde el silencio de la escritura.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    El silencio es un invento humano. Nuestras neuronas no paran y además, tampoco les importa mucho lo que somos.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, quizá se podría replicar a esto con un poco de humor: ¿Crees en el silencio? -¡Ay no! Pero de que existe, existe. Los inventos pueden ser una ficción que supere por mucho a la realidad… aunque no estoy del todo seguro que éste sea el caso. ¡Abrazo roedor!

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