Escucha y extravío: un ensayo de respuesta

La escucha del propio cuerpo es algo fundamental

Estas son de esas líneas que se disfrutan de manera particular. Son un ejercicio de escucha que busca dar cuenta de sí mismo, es decir, escuchar para hablar de la escucha. Bueno, no nos enredemos tan pronto en estos juegos de palabras. Una atenta lectora que se topó con el comentario que hice de la película Her y ha tenido la amabilidad de plantearme una pregunta, así que aquí me propongo ensayar una respuesta. Beatriz Navarrete me dice: “¿Crees que existen Her de carne y hueso? Neuronas que se preocupan por otras neuronas sin necesidad de usar bytes”. Haré un esfuerzo por no perderme entre las tantas referencias que se me ocurren para atender a tan linda pregunta. Así que vamos allá con mucho cariño Beatriz.

Lo primero sería parafrasear a un cómico mexicano, Roberto Gómez Bolaños, que solía usar esta simpática expresión en sus programas: “Oye, ¿tú crees en el amor? ¡Ay no! Pero de que existe, existe”. Me parece que aquí encontramos una buena manera de ilustrar lo que sucede hoy cuando se habla de amor: declararse abiertamente creyente es tanto como exponerse a ser visto como alguien que conserva la inocencia del niño, como ingenuo al que le hace falta seguir subiendo en los escalones de la vida. Aunque en la mayoría de los casos tenemos que mordernos la lengua para rematar con ese “pero de que existe, existe”. La ilusión se sostiene aunque no siempre estemos dispuestos a defenderla públicamente.

Escucha endocrina y neuronal

Una de esas ideas que vale la pena revisar una y otra vez para evitar malos entendidos es la que hace de la experiencia, es decir, del conocimiento, un enemigo mortal de las ilusiones. Las verdades positivas, lo que conocemos siguiendo un método susceptible de repetición por cualquier otro sujeto que siga sus pasos, son aparentemente un auténtico veneno para la tierra donde germinan los sueños y las ilusiones. La ciencia, sin embargo, está llena de investigaciones sobre la química y la biología del amor - tuitéalo     Si las feromonas condicionan nuestras reacciones, por ejemplo, tendría mucho sentido decir que nos enamoramos de la esencia de alguien.

Para que exista vida se precisa organización y, para que exista organización, es necesaria la comunicación, es decir, intercambios de información entre las células y, en el seno de una misma célula, entre los elementos que la componen. Jean-Didier Vincent

El libro de Jean-Didier Vincent, Biología de las pasiones, es una muy buena muestra del necesario diálogo entre ciencia y filosofía. El “yo-neuronal”, el que identificamos con la razón alejada de ensoñaciones, se complementa con lo que los antiguos pensaban como un “yo-humoral” y que hoy el conocimiento con respecto a las acciones y efectos de las hormonas nos permite entender de una manera más completa. En ambos casos la comunicación (el intercambio de información) es fundamental: la nerviosa que es local, inmediata y discreta y la hormonal que implica alejamiento, difusión y duración. La vida misma es un código que crece variándose en un constante diálogo. - tuitéalo     Por eso no hay que olvidar que la biología es también ese acercamiento al decir (logos) de la vida (bios).

Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón. Marguerite Yourcenar - tuitéalo    

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Estas pinceladas de un tema tan rico y complejo podrían dar un atisbo de respuesta: entre neuronas y hormonas hay siempre un ciclo de comunicación que es el sustento mismo de la vida. En este diálogo hay que considerar desde lo que los elementos de una célula se dicen entre sí hasta lo que nuestro aroma le dice a nuestro entorno y, por supuesto, lo que éste nos dice a nosotros. Ocuparnos y preocuparnos por el otro es algo que inicia antes incluso de que las neuronas comiencen con su espectáculo de fuegos artificiales. Y eso que escriben entre chispazos es también una respuesta a las señales de humo de las neuronas del otro. Desde el espasmo de la sonrisa hasta la concepción de un poema pasan por una escucha endocrina y neuronal del otro.

Escucha simbólica y desilusión

¿Todo se reduce a este tipo de comunicación? Pregunta peligrosa. El mismo Vincent dice lo siguiente: “La ausencia de materialidad jamás ha menoscabado en nada el poder explicativo y operativo de una palabra“. El poder de lo simbólico es algo que el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, conocía muy bien. Aunque, como buen médico, se esforzaba por mantener al margen discursos que bien podían derivarse de sus teorías pero que tuvieron que encontrar su propio camino en las manos de personajes como Jung. ¿Puede algo tan etéreo como una palabra generar un estado físico? ¿Hay símbolos que gozan de un carácter general o colectivo con influencia en los cuerpos particulares?

Convertir un cuerpo humano en una máquina, aunque se trata de una máquina creadora de símbolos como los conjuntos electrónicos, es peor que una degradación. El erotismo vive en las fronteras de lo sagrado y de lo maldito. El cuerpo es erótico pero también sagrado. Las dos categorías son inseparables: si el cuerpo sólo es sexo e impulso animal, el erotismo se convierte en monótona función de reproducción. Octavio Paz

En Her el sistema operativo, la voz que hace de protagonista, quiere saber lo que es tener un cuerpo. Siendo una especie de “yo-neuronal” puro carece de un conocimiento humoral, es decir, no sabe nada de lo que implican los ajustes y desajustes propios de una corporalidad que convive con un entorno. Tiene en su base de datos la historia de la humanidad entera, pero carece de la base necesaria para dar un contenido espiritual a ese conjunto de símbolos. La palabra es un soplo divino, recitar un poema es insuflar en el cuerpo el erotismo. - tuitéalo     Ocuparse del otro es intentar describir lo que el cuerpo siente como cariño, amor o atracción. Al hacerlo, además, alimentamos y estimulamos el proceso de comunicación que va de lo simbólico a lo corpóreo o, mejor, que es desde siempre corporal-simbólico.

La tendencia humana de interesarse en minucias ha conducido a grandes cosas. Lichtenberg - tuitéalo    

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Una ilusión es un engaño, por lo que la desilusión implica el descubrimiento de esa mentira. Tener todos los datos, esto es, todas las armas necesarias para desmontar engaños, nos lleva a una verdad muy humana: la creencia en las ilusiones nos es indispensable. El amor es una ilusión que encuentra un eco en la química del cuerpo. - tuitéalo     Su historia se escribe por igual en los libros y en las pieles, con palabras y con aromas, en las páginas y en las células. De lo que habría que desilusionarse es de la soledad porque, desde que somos cuerpo, nos ocupamos constantemente del entorno. Por eso, para evitar el extravío, habría que aprender a escuchar más esas emociones nuestras que comunican siempre con los otros. ¿Existen Her de carne y hueso? No las hay de otro tipo querida Beatriz. El cuerpo lo sabe, aunque a veces le neguemos la escucha.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

3 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Aparte de la interesante relación entre neuronas y hormonas, dejo para la imaginación esta frase de Punset:

    ‘Ninguna de tus neuronas sabe quién eres… ni le importa’

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón. Punset tiene toda la razón y habría que decir que a las hormonas tampoco. No obstante, lo que neuronas y hormonas hacen termina marcando “eso que somos”. Pensar ese paso de lo general a lo particular es la auténtica aventura de la existencia. ¡Abrazo roedor!

  2. Pingback: Neuronas y hormonas | #Nysmo

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