Sobre escritura y realidad: entre Trías y el psicoanálisis

Una reflexión sobre la relación entre lo real y lo escrito

Nestor Braunstein, psicoanalista y pensador, nos habla del parlêtre (hablente) lacaniano que nombra al ser humano como un ser sujeto por y del lenguaje. Esta categoría permite un acercamiento a la peculiaridad del desliz que ocurre en el quehacer filosófico en cuanto que “cada hablente expresa en su decir ese plus de sentido que lo habita y que se llama inconsciente”. (Nestor Braunstein, “Linguistería”, en Nestor Braunstein (coord.), El lenguaje y el inconsciente Freudiano, México, Siglo XXI, 1982, p. 177) Lo que hay en el inconsciente, siguiendo la postura freudiana, es indeterminable de manera general, por lo que hay que ir caso por caso.

Pero, ¿qué es el inconsciente? “El inconsciente es lo real que se abre paso en el lenguaje”.(Ibíd., p. 182) Literato y filósofo enfrentan una realidad en común, acceden a sus pliegues y pretenden, unos más otros menos, el des-pliegue de la misma. La realidad, escurridiza y dinámica, se niega a tal operación y se abre paso en los decires que de ella se elaboran. Por ello hay algo creativo en los discursos, algo poiético que se produce en los “silencios” de la conciencia. El filósofo dice mal, pues no puede decirlo todo.

La realidad, en sus infinitos pliegues, busca desplegarse en la escritura. - tuitéalo    

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Ahora, debemos considerar que la condición antes enunciada es común a todo sujeto del y al lenguaje, por lo que considerando ahora sólo las figuras del poeta y del filósofo, hay que decir que “todo buen poeta es maldito, no tanto porque se lo maldiga, cosa que no deja de suceder, sino que se lo mal dice debido a que es mal decidor, saboteador de los modos estructurados del decir, evocador de un goce maldecido siempre en entre dicho”. (Ibíd., p. 184) Resuena aquí la condena platónica a la poesía. El poeta es creador de ficciones y la filosofía tiene un compromiso con la verdad. La poesía representa un riesgo para la polis en tanto que seductora y amante de las apariencias. La filosofía se encuentra en el corazón de la polis y es la voz de la misma.

La filosofía tiene la exigencia de ser apofántica y de hacer una mostración clara por medio de un método que pueda ser seguido por otro. En este sentido, el punto de llegada de la filosofía es el concepto: éste debe ser el punto culminante del camino pensante del filósofo. Es por medio del concepto que “el filósofo se alza del despliegue narrativo de la trama argumental de episodios o secuencias, que intervienen en la épica o en la novela a modo de ‘compases’ de la pieza, así como del ‘repliegue’ del sujeto a su mundo ‘emocional’, a una forma nueva y diferente del uso argumentativo. Se trata de construir los conceptos ajustados a esa forma de movimiento y de tiempo, conceptos relativos al pasado que se recuerda (memoria histórica), al presente que acucia y reta al pensamiento y al futuro que se puede adivinar o pronosticar”. (Eugenio Trías, Lógica del límite, Barcelona, Destino, 1991, p. 214)

El concepto es la herramienta propia de la filosofía, el martillo con el que irrumpe en lo real. - tuitéalo    

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Tanto poetas como literatos y filósofos enfrentan la dimensión simbólica, lo místico, lo sagrado o el cerco hermético –como lo llama Trías–, pero el filósofo, a diferencia del resto, asume la tarea de clarificar esa dimensión siendo consciente del plus que quedará indeterminado. El concepto propuesto por la filosofía deberá dar cuenta de sus propios límites, es decir, reconocer lo paradójico del mismo en tanto que muestra ocultando. El filósofo “debe situarse en el límite y desprender de él un símbolo que, sin embargo, se quiere clarificar, siempre de modo relativo, ya que el límite que trata de pensar, ese ser que le atañe y que le reta, es, en relación con el pensar-decir, una asíntota conceptual que deja siempre ‘detrás’ lo inconcebible, lo que no puede ser ‘pensado’. En esa asíntota se halla, pues, el gozne que une-y-separa el uso artístico del logos (literario) y el uso filosófico”. (Ibíd., p. 215) Hay un núcleo simbólico tanto en el despliegue literario-poético como en el filosófico que les emparienta, sin embargo, mientras éste representa para el primero un soporte que carga de sentido al desarrollo narrativo, para el segundo se le presenta como algo a ser clarificado en la medida de lo posible.

Del núcleo simbólico “procede todo decir, todo producir, tanto el filosófico como el poético y artístico, que se expande de modo dialéctico-dialógico según el módulo del ‘principio de variación’”.(Ibíd., p. 223) De esta manera, tras un esfuerzo de des-pliegue de la realidad con la mirada y los oídos puestos en el núcleo simbólico adviene un repliegue que toma un cause específico en la filosofía.

Eugenio Trías pensaba la filosofía como literatura de conocimiento. - tuitéalo    

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Tras esta disertación con respecto a la peculiaridad de la filosofía queda considerar que ella tiene como modo privilegiado de expresión la escritura. Con ella se abre el orden temporal de la memoria como esa instancia que da continuidad al discurrir temporal hacia la muerte. La escritura permite un reconocimiento de lo pasado y ajeno como presente y propio en virtud de un acto de amor; acto que consiste en el reconocimiento de una distancia insalvable entre texto e intérprete y al mismo tiempo se propone una superación que termina por dejar libre al otro en tanto que otro. En la escritura se da vida a lo que aparentemente no existe o ha dejado de hacerlo. Así, ésta se presenta como una forma de temporalidad que consiste en “la fijación material de unos signos articulados que son ‘arrojados’ al devenir histórico, abiertos a su reactualización, a su recreación”.(Ibíd., p. 233) Es la escritura la que permite a la humanidad el reconocerse en un proceso de estar constantemente haciéndose, un constante esfuerzo por llegar a ser.

El texto es en este sentido la huella de una falta, es producto de un deseo de saber y constituye un decir del futuro que dice lo que falta –se abre aquí una dimensión trágica. Es por esto que el libro filosófico es pensado por Trías como una aventura, como un camino o ensayo que pretende acercarse a conocer, es una experiencia y por ello está abierto al decir futuro, a lo que falta o ha quedado en sombra: a lo otro. El texto se presenta como erótico en tanto que es sobreabundante y en falta, es sobreabundante porque está en falta. El amor nos requiere una reescritura para hacer decir al texto todo lo que puede como una tarea cultural e histórica que consiste en “liberar lo humano (la humanidad de lo humano) y hacerlo devenir mundo”(Ibíd., p. 235); además de llegar a través de la reescritura a ser el que se es de acuerdo a la máxima pindárica. Por esto, si la filosofía es gramatopraxis y la escritura implica este acto erotico-poiético que se dona a la polis, la filosofía es para Trías un constante leer y escribir: una filosofía del futuro, que piensa y se preocupa por el futuro.

El texto es siempre erótico en la medida en que es sobreabundante y en falta. - tuitéalo    

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La filosofía, en suma, se enfrenta con un núcleo simbólico a una realidad problemática que se presta a ser desplegada. En dicho despliegue, que se lleva a cabo en la escritura como ejercicio ero-poiético, se hace patente el compromiso del filósofo con la cultura. El filósofo tiene destellos eléctricos, argumenta, ensaya y trata. Con ello busca ser el que es y de inmediato dona su búsqueda a la polis. De esta manera, en su actividad desplegante busca restaurar la falta, pero no sólo la propia, sino la de la colectividad: la escisión de aquella síntesis fundamental entre eros y póiesis. El plus generado por la filosofía es generación de mundo, es lo real entrando en el mundo del sentido: latido de cultura. La filosofía, como hemos dicho antes, se instaura en el corazón de la polis de manera poiética, y de su impulso erótico brotan flechas de papel que buscan tatuar la comunidad, la cultura en los lectores. Así, se da nacimiento al mundo y a ese espacio de ciudad en el que es posible ser y ser humano.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

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  2. Jacinto Martin-Prat Valls   •  

    Difícil reseñarle un “pero” aunque,voy a equivocarme:Apostilla.No lo he leído a fondo,Si no por encima.Dicho esto,dudo que algo tan inconmensurable e inasible como la Realidad,pueda desplegarse en la escritura.Pienso que eso es el gran obstáculo de la filosofía.La filosofía no deja de ser un intento imperfecto,gesto,que creé representar la Realidad,cuando esta,como bien saben budistas,taoístas e hindúes – por decir algunos – para alcanzarla,hacen falta técnicas mas cercanas al mundo místico – desde el yoga a la danza girovaga – para desprender la mente de las imágenes del Mundo y así,poder rozar lo absoluto.

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jacinto! Estoy de acuerdo contigo. De hecho esa idea es la que está de fondo en el texto: la realidad es inabarcable y escurridiza. Así, en la medida en que los discursos se dirigen a ella, tienen en común la necesidad de ser creativos para intentar acercarse, aunque lo hacen con herramientas bien distintas. En el caso de la filosofía se trata de un armazón conceptual el que busca dar cuenta de ella de la mejor manera posible. Aunque esa “mejor manera” es siempre limitada y, de acuerdo a Trías, es este límite precisamente el que refleja su poder y alcance.

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