“El ladrón de céntimos”, el robo del siglo se construye poco a poco

Una novela que muestra que un gran robo puede hacerse poco a poco

Hablamos ya de cambio y la importancia del aporte individual para lograrlo, me ha recordado la historia de este libro que ahora te cuento. Las novelas policiacas o detectivescas no son realmente mis favoritas. Pero un título como El ladrón de céntimos tiene algo que llama la atención: por sí mismo resulta ya intrigante. Cuando pensamos en un gran robo solemos imaginar toda una compleja trama de intrigas y trampas que llevan a la súbita adquisición de un bien sumamente valioso o de una suma importante de dinero. Pero, ¿quién sospecharía de alguien que obtiene el mismo resultado robando céntimos? No, no es que quiera dar ideas a la clase política. Pero admitamos que el planteamiento es bastante original.

Todo empieza con una travesura, una ocurrencia de esas en las que varias historias terminan entrelazándose. El gesto del autor, Christophe Paul, está bastante bien logrado. Desde un inicio nada es lo que parece y todo se desencadena mientras una serie de desconocidos se deja deslumbrar por el resplandor de la cúpula dorada de Les Invalides. Acontecida la prematura fatalidad y ya inmersos en las desventura que une a los desconocidos se comienza a delinear la historia: Henri Pichon, Marcel Lambert, Etienne y Valérie deberán pasar un tiempo en el hospital esperando a que el primero despierte de un desafortunado letargo. Lo curioso es que Pichon ha tenido que dormir para que su vida cobrara un nuevo sentido. ¡Vaya mundo! Pero el autor sabe lo que hace:

Ciertos acontecimientos permiten ver con más claridad y objetividad algunas cosas a las que estamos acostumbrados por la rutina. - tuitéalo    

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Por otro lado tenemos al director de un importante banco francés, Jean-Philippe Maillard, que tendrá que confiar en su yerno, Pierre-Gabriel de La Valette, para sacar adelante el trabajo que Henri no podrá hacer de momento. Es así como la noticia llega hasta la hija de Mailard, Tash o Natasha, que de pronto ve el pasado recobrando su vieja flama y acude presurosa a ver a aquel con quien todo pudo ser. Diecisiete años pasaron desde el encuentro que marcaría sus vidas, aunque, como suele suceder, los protagonistas no lo sabían en ese momento. La rutina debe romperse para comenzar a ver las piezas que resultan realmente importantes. El coma de Pichon es, por tanto, lo que despierta a todos los personajes. Otra de las paradojas que pueden encontrarse en la historia.

Poco a poco vamos descubriendo un lenguaje cifrado en rutinas que fueron el único discurso posible durante la separación de Tash y Henri. Pero el amor está acompañado con un perfume peligroso: el del dinero. Pichon ha logrado hacerse de una cantidad indeterminada (pero alta, claro está) de dinero a base de desvíos de céntimos en la operaciones del banco. Un golpe informático ejecutado con la precisión del bisturí. Dinero, mucho dinero y un mapa del tesoro en estado de coma. Quien le encuentre puede disponer de él, pues el diseño del robo es poco menos que perfecto. Nadie va a enterarse. Una tentación semejante es el motor emotivo para la peripecia que anima el libro y a más de alguno con un cargo importante en este mundo.

El coma de Pichon despierta a todos los personajes. Una paradoja de “El ladrón de céntimos”. - tuitéalo    

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La búsqueda comienza a hacerse cada vez más compleja. Morgane Duchène, amante de Maillard, el detective Hebert Lenoir y algún otro desafortunado, se darán a la tarea de desmarañar la madeja algorítmica de Pichon. Un joven informático que tiene como pequeña gran arma la avaricia de la humanidad para mantenerse con vida y hacer su propia búsqueda: recuperar el tiempo perdido con Tash. Dinero y amor, la mezcla infalible para la audiencia está presente en El ladrón de céntimos. El final y los detalles los dejo para que los descubras si te animas a acercarte al libro. Tengo que decirte que tiene un inicio un poco lento, aunque la pluma educada del autor logra mantenerte. Conforme la sangre aparece y el desenlace comienza a vislumbrarse viene ese ataque en el que uno no puede parar de leer. Aunque, también te aviso, el final pueda resultar un poco por debajo de la expectativa generada. Ya me contarás tu experiencia.

Se echa de menos alguna despedida más consistente de los personajes que abren la historia. Parece que se les abandona con suma facilidad y han sido ellos los que desencadenan todo. El lenguaje es bastante accesible, mientras que el ritmo, como ya decía, va de lento a vertiginoso con un final abrupto y quizá bastante predecible. Durante la lectura esperaba constantemente algún giro que me dejara con la boca abierta. El corazón late fuerte, eso sí, la emoción está muy bien lograda. Aunque, insisto, parece que hace falta la estocada final, esa que hace que el público se ponga de pie. Prometedor trabajo de Christophe Paul a quien habrá que seguir un poco más de cerca. Suspenso y una historia de amo, ¿qué dices? Al final, el libro es accesible en su versión electrónica por algo más que unos cuantos céntimos.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Parece que cuando alguien deja de hacer, otros adquieren la conciencia de lo que hacía… No sé si esto tiene mucho que ver con la historia que nos presentas, pero ha aparecido en mi espiritrompa.
    Gracias, Carlos

    • Carlos Girón   •  

      Es así mi estimada mariposa. En este libro, además, hay unos cuantos millones de euros involucrados que brillan sólo cuando su guardián “deja de hacer”. Ya sabes que, de manera más o menos lamentable, este es un aroma que resulta irresistible para los miembros de esta imperfecta comunidad humana. Por eso necesitamos lindas mariposas como esas a las que canta Silvio Rodríguez: “Qué maneras más curiosas de recordad tiene uno. Yo recuerdo mariposas que ayer fueron humo. Mariposas, mariposas, que emergieron de lo oscuro. Bailarinas silenciosas…” ¡Un saludo y gracias por bailar por este rincón!

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