“El francotirador”, entre el heroísmo y la locura

"El francotirador", la historia de un soldado de leyenda

La nueva película de Clint Eastwood, El francotirador, nos cuenta la historia de Chris Kyle, un soldado americano que participó en la invasión de Irak en el 2003. Certero como pocos, Kyle se convirtió en una auténtica leyenda siendo el francotirador más letal de la historia militar de los Estados Unidos. Algo que no es poca cosa considerando el gusto de los americanos por las operaciones militares. Pero no diré más detalles del personaje para no arruinarle la película a quien no está familiarizado con la historia. Lo que sí adelanto es que estamos ante un film en el que el heroísmo tiene un papel protagónico generando una inevitable incomodidad para el espectador que no es un patriota declarado.

El trabajo en la dirección no tiene mayor problema. Eastwood es un viejo lobo de mar que sabe entregar una buena película bélica. El personaje de Kyle, encarnado y bien interpretado por Bradley Cooper, se desarrolla de buena manera. Hay una armonía, un ritmo adecuado y la interpretación se mantiene siempre al nivel de lo que la historia demanda. Cooper es solvente incluso ante la desafortunada escena donde debe tomar a un bebé que salta a la vista por ser claramente falso. Un momento que muestra muy bien su capacidad de dar verosimilitud a las duras circunstancias a las que se enfrenta el personaje.

El francotirador y las cosas pequeñas

El problema de El francotirador está en su marcada perspectiva ideológica. - tuitéalo     No se revela ningún secreto si se dice que Kyle debe decidir constantemente entre disparar o no a civiles de todas las edades. Niños, mujeres, hombres, en una tierra que se defiende con uñas y dientes de la invasión americana cualquiera puede ser el enemigo mortal. El problema es la conclusión a la que llega el personaje principal: son unos salvajes. Claro que no es nada sorpresivo viniendo del prototipo de un tejano educado en el más recalcitrante de los patriotismos, pero la cámara tiene la posibilidad de mostrarnos algo más y a veces parece que decide omitirlo deliberadamente.

El francotirador hace peculiares ecuaciones con la muerte. El problema siempre es el criterio. - tuitéalo    

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El pequeño detalle maquillado por el protagonismo que se otorga al heroísmo es el siguiente: ¿qué diferencia hay entre quien se lanza a un convoy con una granada en las manos y quien dispara desde la distancia para salvar a sus compañeros de tropa? Kyle no tiene problemas para distinguir. Una muerte del enemigo es igual a salvar la vida de muchos solados. Algunos de ellos se lo reconocen, le agradecen y contribuyen a alimentar el mote de “La leyenda”. Estamos muy lejos de intentar comprender las diferencias culturales y el violento choque de una invasión sin sentido. Los contrarios tenían otro nombre para él: “El demonio de Ramadi”, pero esto parece ser irrelevante para la película. De nuevo, muy lejos de tocar el problema de la tolerancia y la diversidad cultural.

Aferrarse a la patria para no perder la cabeza

Sabemos que la guerra tiene efectos desastrosos para quienes participan en ella. Quien tiene la fortuna de volver sin mayores heridas en el cuerpo no escapa a las marcas psíquicas de lo bélico. Tomar la vida de otros, dar muerte, es algo que no se digiere de forma sencilla. Resulta inevitable realizar aquí una comparación con dos extraordinarias películas que tienen en esto su punto fuerte: En el valle de Elah y el gran trabajo de Kathryn Bigelow en En tierra hostilLos costes de la guerra se siguen pagando en vidas humanas incluso después del alto al fuego. - tuitéalo     No sólo están las vidas que se apagan, sino también las que se pierden en el delirio de la sangre y el horror.

El horror de la guerra se maquilla con el ideal del servicio a la patria. - tuitéalo    

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La guerra es una droga muy potente. La adrenalina, el temor a perder la vida, el deseo de regresar a reencontrarse con lo seres queridos, todo suma a la alta tensión con la que se vive. La vuelta a la normalidad es imposible. La calma se vuelve un silencio lleno de voces, de gritos, de amenazas que no son sino fantasmas de una mente perturbada. Por eso el soldado se aferra al ideal. Intenta por todos los medios dar sentido a la crudeza de su experiencia, a los rostros ensangrentados, al llanto de la gente que ha visto cómo les arrebatan todo lo que tienen. Kyle quiere servir a su patria, quiere salvar soldados y mantener a los terroristas lejos de su país. Estos son los ideales que se remarcan una y otra vez. Pero, de nuevo, ¿qué diferencia hay con los ideales del enemigo?

Retratos dispares de un conflicto

La contraparte tiene también a su francotirador. Un medallista olímpico que se obsesiona con matar a Kyle convirtiendo el asunto en un campo de juego donde el vencedor conserva la vida. Uno es un héroe, el otro un asesino. Uno merece morir enterrado por la arena, mientras que el otro recibe una medalla y todos los honores. Uno defiende a un carnicero desalmado que castiga con severidad a quien habla con el enemigo, el otro defiende vidas inocentes y una patria lejana que vio caer uno de los símbolos de su poder. La balanza se carga demasiado hacia uno de los lados.

La dicotomía entre ángeles y demonios marca la historia de El francotirador. - tuitéalo    

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Hay demasiada tibieza en los cuestionamientos. Los soldados que expresan dudas son rápidamente despachados como débiles, gente que tira la toalla antes de tiempo. No es sino hasta que la muerte alcanza a su propio grupo que las convicciones de Kyle se tambalean. Pero siempre conservando la ambigüedad, siempre con silencios que parecen dejar para otro momento la valoración. Al final las banderas americanas ondean. La libertad sigue teniendo patriotas que dan la vida por ella. La película culmina como un buen trabajo de la dirección y el protagonista, pero dejando serias dudas con respecto a si hemos visto un buen retrato del conflicto interno y externo. Por eso el silencio de los créditos finales resulta perturbador: ¿apertura a la interpretación u homenaje a los héroes caídos para seguir alimentando la leyenda?

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    La vida es una ecuación de la muerte: Nadie salimos vivos de ella.

    • Carlos Girón   •  

      La muerte es la constante de esa ecuación. De acuerdo contigo mi querido ratón. Lo fuerte es tener en tus manos la posibilidad de despejar la incógnita en la vida de otro, la de tomar la variable del tiempo y desaparecerla. Esas operaciones son de una dimensión tremenda. ¡Un abrazo roedor!

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