“El capital humano”, entre el valor y el riesgo de la vida

El capital humano es una película sobre los subjetivo del valor de la vida

¿Cuánto vale una vida? ¿Qué variables componen la fórmula que permite monetizar la vida de un hombre? El capital humano, película del director Paolo Virzì, se construye sobre preguntas de este tipo. Su gran virtud, sin embargo, está en que su respuesta se da a través de una historia que se arma poco a poco a través de las distintas perspectivas de los protagonistas. El capital humano, en tanto que concepto económico, no puede limitarse a una valoración cuantitativa, sino que lo humano está precisamente en la inclusión de un componente cuantitativo, de cálido valor que es, precisamente, siempre algo que puede depender de la perspectiva del sujeto. Un acierto de este director que nos deja un muy buen material dentro del amplio repertorio del cine italiano.

La historia comienza con un accidente: un ciclista es golpeado por un vehículo que circulaba a exceso de velocidad y éste no se detiene para asistir al herido. Lo que sigue es ir atando cabos en la historia que involucra a una familia millonaria emparentada con una de clase media por el noviazgo del hijo de los primeros con la hija de los segundos. Pero hay un elemento en común que salta a la vista con el primer encuentro entre los padres de ambas familias: cada uno a su manera y en distintos niveles, pero ambos se ganan la vida con la especulación. Ambiciosos y con pocos escrúpulos, Dino y Giovanni encuentran en su naturaleza competitiva el pretexto para iniciar un negocio que busca sacar grandes beneficios económicos apostando a la ruina de un país. La especulación y el riesgo forman parte también del capital humano.

El capital humano y las vidas hipotecadas

La perspectiva de Dino nos introduce a los personajes y nos da el perfil de la situación. Conocemos gracias a él la perspectiva de la clase media que sueña con escalar un poco en su situación socioeconómica. Algo que más de una vez lleva a tomar decisiones arriesgadas, por no decir estúpidas. El desenlace de la ambición suele ser que se termina con la vida hipotecada. - tuitéalo     Estamos ante un agente inmobiliario de profesión, es decir, ante alguien que ya de entrada juega a la subida y bajada de precio de algo que constituye un derecho básico de lo humano: la vivienda. Con una actitud desenfadada, a veces cómica y otras no tanto, se acerca al padre del novio de su hija, Serena, para pedirle que le deja entrar a su fondo de inversión millonario. El precio es aportar una cantidad que va más allá de su mismo patrimonio… pero el riesgo tiene un aroma irresistible.

Hay más de una manera de hipotecar la vida. - tuitéalo    

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Giovanni, padre de Massimiliano que es el novio de Serena, es el prototipo completo del acaudalado inversionista que está dispuesto a pasar sobre cualquiera con tal de obtener beneficios. Los lujos le rodean, pero ya se intuye que sus relaciones personales no son precisamente lo más saludable. Demasiado duro con su hijo, indiferente a las inquietudes de su esposa y completamente dedicado a la tarea para la que está diseñado: generar dinero. Su especulación es a gran escala, por lo tanto también lo es su riesgo. Su vida, en cierto sentido, está también hipotecada. La ficción de los lujos que le rodean está siempre sostenida por un hilo muy delgado compuesto por los negocios de alto riesgo. El contraste entre estos dos personajes, que se acercan en valores y personalidad pero se alejan en recursos, desliza en el espectador una sutil pregunta: ¿vale la pena apostarlo todo por una vida como la de Giovanni?

El riesgo y el amor

Son Serena (Matilde Gioli) y Carla (Valeria Bruni Tedeschi) quienes nos dan una perspectiva diferente de la historia. En este sentido la película cae en un cierto estereotipo que pone del lado femenino lo más emocional mientras que en el masculino el negocio y el dinero son lo que impera. Serena se muestra como una chica segura y decidida. Su relación con Massimiliano no está en las mejores condiciones, pero muestra su lado humano acompañándolo en la transición. Pero, como suele suceder, lo inesperado irrumpe a través de un retrato que termina por sacudir su mundo y desencadenar la situación que da pie a toda la historia. Serena apuesta por una relación de alto riesgo y se aferra a ella hasta lo último.

El riesgo es parte de la vida y no una categoría exclusiva del mercado. - tuitéalo    

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Carla, esposa de Giovanni, es también el prototipo de mujer rodeada de lujos y que ha renunciado a sus sueños para ajustarse a la vida doméstica. El riesgo que corre es el de la ilusión, el de emprender un proyecto que le pone en contacto de nuevo con su gustos y aficiones. Muestra de gran manera la soledad que puede hacer que una persona sea poco más que un espectro. La adrenalina del riesgo es la que le devuelve un poco la vida, hasta que la especulación hace lo suyo demoliendo el sueño que asomaba tímidamente la cabeza. De cualquier manera, Serena y Carla dan la cara sentimental que muestra que el riesgo no es un elemento que le pertenezca de manera exclusiva a la economía. Encarnan el lado más vital de la historia, el elemento auténticamente humano que hace que lo cualitativo se vuelva incompatible con lo cuantitativo de las variables del capital humano.

La suma de los factores

El resultado de la suma de versiones nos hace dar con el responsable del accidente. El cálculo final pone el valor de una vida humana en números, pero también nos deja con el producto de los riesgos que se corren en la vida y las apuestas que tenemos que hacer día a día. El cierre de la película le da otra dimensión a toda la historia, es por eso que hay que llegar hasta el final. Es ahí donde nos vemos obligados a sacar la calculadora de emociones del cajón de nuestras propias experiencias para valorar las perspectivas. Es entonces cuando comenzamos a preguntarnos por el valor de cada uno de los personajes, por la justicia y el balance final de los riesgos que se corren. ¿Harías tú la misma apuesta? Al final no queda sino preguntamos por la manera en que valoramos nuestro propio capital humano y qué es lo que queremos dejar para el futuro.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Algún día nos daremos cuenta que las clases medias y la sociedad del bienestar son cosas del siglo pasado.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda cada día que pasa la clase media se convierte en la utopía cuando antes era el punto de partida para la ensoñación. De cualquier manera, no hay posibilidad de cambio sin un horizonte utópico, así que sigamos soñando para mover el mundo. ¡Abrazo roedor!

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