“El canto del cisne”, la mortal matemática del espacio

Una novela de ciencia ficción escrita por Miguel Ángel Velilla

La mitología griega vincula al cisne con Apolo, un dios representado con imágenes solares y a quien estaba dedicado el famoso oráculo de Delfos. Así, del canto del cisne podemos conectar con la idea de un mensaje cifrado venido de un ámbito extranjero, más allá de las fronteras de este mundo y, por lo tanto, extraterrestre. Claro que en este caso hablamos de un dios que se manifiesta de manera enigmática, pero en caso de recibir un mensaje de otro planeta o de seres del espacio exterior lo más lógico es que llegara cifrado, es decir, en un código que le convertiría precisamente en un enigma.

La misma imagen mitológica hacia pensar que el canto del cisne estaba vinculado con su muerte inminente. La despedida del mundo se ejecutaba de manera musical que es un ámbito que también corresponde a Apolo. Supongamos entonces que este dios, que es todo un sol, decide extinguirse generando una explosión cósmica. El cisne que le acompaña de cerca se vería vaporizado pero habría emitido su canto al percatarse de su muerte inminente. Esas notas llegan al sacerdote en turno y éste se ve en la necesidad de traducir el fatídico mensaje. ¿Qué dice el canto del cisne? Puede que responda al enigma de la muerte o que la lleve escondida, que la enmascare con su melodía.

La historia de El canto del cisne

Arthur D’Alembert, pseudónimo de Miguel Ángel Velilla, parece tener en cuenta estos elementos para construir una historia de ciencia ficción en la misma línea de la obra de Carl Sagan, Contacto. En El canto del cisne el registro de una supernova por parte de los satélites de la Tierra (los sacerdotes de turno) esconde una serie de números casi primos (es casi Sagan la historia) que una astrónoma descubre casi por error. Esto dará un giro a su vida, pues pronto se tendrá que dedicar por completo a intentar descifrar el origen y contenido del mensaje: ¡interpretar a los dioses! Claro que todo bajo el manto del gobierno de los Estados Unidos, es decir, sin poder decir una sola palabra a nadie hasta no tener datos claros. Aquí se aleja por completo de los planteamientos de Sagan. Digamos que parten de la misma idea, pero toman rutas muy diferentes: muestra de que se trata de un tema que estimula con éxito la imaginación.

La clave del mensaje en “El canto del cisne” está en la mente de un loco. #libros - tuitéalo    

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Pero los satélites americanos no eran los únicos que estaba atentos al evento astronómico, por lo que Japón también recibe la alerta y pone todas sus energías para ganar lo que de pronto se convierte en una carrera tecnológica. La humanidad enloquece ante la idea de que seres inteligentes nos contacten. Curiosamente, es un loco, un científico con serios problemas mentales, quien puede dar las primeras pistas con respecto al contenido del mensaje. ¿Un grito de auxilio? ¿Una trampa? El resultado es asombroso, pero esconde también un enorme peligro. La estela de muerte que dejó la supernova (a su vez posibilidad de generar de nuevo la vida, ya sabes, esas paradojas del Universo) impregnó también al mensaje de lo que parece ser una nave que por casualidad (o no) pasaba por ahí en el peor momento posible. ¿Quién logrará descifrar el enigma?

Las líneas del discurso en la novela

La novela resulta sumamente interesante. La formación científica del autor influye mucho en las minuciosas explicaciones de los modelos que sirven para ir dando forma a lo que no es sino un amasijo de ceros y unos. Aunque quizá a veces eso influye en la construcción de los personajes y eso arroja, por ejemplo, a un presidente que entiende demasiado de números o agentes secretos que parecen tener una sólida formación en física. Vamos que no parece haber un solo personaje que no sea una especie de promesa de las matemáticas. Las líneas de explicación donde se unen matemáticas, lingüística, semiótica y hasta la biología, arrojan un panorama asombroso basado en la simple idea de semilla. Ya lo decía el romántico Novalis: “Todo es semilla”. En una minúscula partícula se esconde el gran árbol de la vida, ¿cómo es posible que algo así suceda? Este es el misterio que se desarrolla en términos matemáticos y que tanto americanos como japoneses se esfuerzan en comprender.

“Todo es semilla” decía Novalis y “El canto del cisne” ilustra esta idea. #libros - tuitéalo    

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Ahora bien, las primeras líneas ofrecen una descripción casi poética del cataclismo que da inicio a todo. Ya al poner los pies sobre la Tierra los términos técnicos comienzan a aparecer, no sin el encomiable esfuerzo de hacerlos accesibles para el lector. Esto hace que en más de una ocasión se den conversaciones entre esas eminencias de las que hablábamos en términos sumamente sencillos. Se entiende que el autor intentaba dar rienda suelta a su imaginación matemática sin que un lector como yo, que poco entiendo de números, se sintiera completamente perdido. El resultado es satisfactorio, aunque insisto en que el precio que se paga es el de la falta de credibilidad en algunos personajes puntuales, pero todos ellos secundarios. También hay que decir que la historia está pensada en tres y estamos frente a la primera, por lo que quizá el centro de atención deba estar en un sitio distinto al de los sujetos que protagonizan este libro.

Sin duda una novela que resultará sumamente interesante para quien guste del género de ciencia ficción, pero también para aquellos cuya labor profesional sea afin a las áreas de la ciencia ya mencionadas. Vamos que si tienes una curiosidad científica y no te molesta especular un poco, seguramente te encontrarás muy bien entre las líneas de El canto del cisne. De hecho, el ritmo de la novela está muy bien conseguido logrando emocionarte justo en su parte central donde quieres saber ya el contenido del mensaje. El desenlace pierde un poco de fuerza, pero insisto, esto puede comprenderse si tomamos en cuenta que estamos ante la primera parte de la historia.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

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