“El amor imperfecto”: silencio, que la partida ha comenzado

La escritora italiana que promete con su forma de narrar

La autora se encuentra en el vértice de la sala. Le rodea un grupo de mujeres que han leído su libro en el club de lectura que conforman y se preparan para escuchar a quien les ha dado de qué hablar en las últimas semanas. Sara mira desde su teléfono como queriendo sacar una foto del momento, pero es hora de comenzar y no sabe muy bien si reaccionar como una adolescente que ha sido pillada in fraganti o como la escritora que tiene derecho a tomarse un momento antes de comenzar. Ese gesto hace sonreír a este que ahora te cuenta la escena, el único hombre en el grupo que se dispone a hablar de un libro narrado por un hombre que ha sido infiel. La cosa no tiene buena pinta, ¿dónde me he metido?

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El título del libro, El amor imperfecto, es más que una traducción del original italiano: Non volare via. De haberlo sabido hubiera preguntado por las razones para el cambio que hace énfasis en cosas bastante distintas. Es verdad que el amor está en el centro: los amores pasados, los amores posibles, los imposibles, el amor a los hijos, el amor que se escapa, el que ya hizo la maleta. Cada tonalidad del sentimiento es diferente, nada más, ni mejor ni peor, perfecta en su propio marco de referencia e imperfecta si lo que se busca es otro tono, otro color para la vida. Mucho más justo el título original: no te vayas, no vueles lejos. Esto remarca el deseo de permanencia en conflicto con el impulso de levantar el vuelo, de perseguir los sueños, el amor que tira mientras el otro, el de la familia, nos pone los pies sobre la tierra. Dos fuerzas, ambas amorosas, tirando del sujeto que parece condenado al error. No puede ser de otra manera cuando se busca el punto medio en un juego que no admite medios tonos. Por eso, y sólo por eso, el amor es siempre imperfecto, porque el que es puro y prístino no es de este mundo que nos tira en todas direcciones. En este mundo nos queda siempre el no te vayas que sale de cada rincón en el que nos detenemos.

“El amor imperfecto”, una novela que te atrapa desde la primera página. - tuitéalo    

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No es una justificación, el error de Alberto, el narrador, no se borra ni agotando el agua de los mares. Pero es mejor guardar silencio porque soy el enemigo, la presa a la que ven con cierta indulgencia de cuando en cuando, justo en los momentos en los que los más ácidos comentarios sobre el género masculino se vierten. Mientras tanto estamos ahí, intentando entender a esta familia de tres que se pasea por la novela. Alberto, Sandra, Alice y Matteo están unidos por algo más que el vínculo sanguíneo. Se trata de un elemento silencioso pero potente, y es que las grandes cosas de la vida suelen suceder así: llegan en silencio y sin que nadie se percate hasta que son ya inminentes. La sordera del hijo menor sacude los fundamentos mostrando la fragilidad humana. El pasado y el futuro tienden a pintarse de los mejores colores, pero cuando el segundo adquiere un tono irremediablemente oscuro y pesado lo que está detrás comienza a destacar por su brillo. Es entonces cuando Camilla aparece y enciende una hoguera que puede ser todo menos inesperada. Ejercicio de honestidad: ¿cuántos se consideran capaces de decir que no ante una situación así? La pregunta queda en el aire porque los juicios no aparecen en el libro de Rattaro, aunque sí en la esquina de la librería donde es mejor jugar al mudo.

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Pero la fragilidad es humana, los deseos de correr y amar libremente no le pertenecen a ninguno de los géneros. De aquí que a cualquiera pueden temblarle las rodillas ante esa gran tentación que es la de lo posible. ¿Qué tal si…? La diferencia puede estar en el saber poner límites a la fantasía que se abre con esta pregunta. No es sencillo. Si lo fuera no estaríamos frente a una novela inspirada en vidas reales sino ante un relato de pura ficción. El género femenino posee una fina intuición para esta fronteras, sabe reconocer mejor los puntos sin retorno y por eso se detiene ante ellos. Razones culturales o biológicas, quizá un poco de las dos, da lo mismo. Conocer el terreno es una ventaja –que no una garantía– reconocida por todo aquel que tenga en la guerra su oficio. Así que el que reconoce primero los límites del territorio puede comenzar a trazar el mapa, determinar las mejores rutas y organizar el viaje con la mirada que todo lo abarca. Claro que eso nunca anula la posibilidad de que alguno de los viajeros vaya por una ruta espontánea, diferente a la planeada. El guía se desconcierta, se molesta, se siente desplazado. Pero el viajero no puede hacer más que seguir el ritmo de sus pies inquietos recordando que la libertad es también humana, demasiado humana. La sorpresa es todavía mayor y más difícil cuando ese viajero es aquel que creías que no podría estar jamás sin tu guía, el que pensabas era el desvalido y que, precisamente por eso, se convirtió en el motivo de tu fuerza. Pero, como dice Sara, “para ser extraordinarios no es necesario haber nacido perfectos”.

Para ser extraordinarios no es necesario haber nacido perfectos. @SaraRattaro - tuitéalo    

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Jaque Mate

Así pues, todo transcurre en silencio. Como si asistiera a un mundo novelado en el que puedo ver una conversación sin estar ahí. Los pequeños panecillos comienzan a rondar, qué importa interrumpir al que habla si se trata de convivir en torno a un tentempié. La familia que ha tenido a un niño sordo y sus dificultades para mantenerse unidos van quedando atrás. ¡Claro! No podemos irnos sin hablar de la familia. Esa es una idea que parece inquietarle a la autora. No hay familia perfecta, pero sí una idea de familia que parece servir de pegamento en los momentos de crisis. A ella nos remitimos cuando el argumento se extingue, cuando el sentimiento se nos atora en la garganta y busca salir en forma de lágrimas. El libro que aquí te recomiendo tiene eso entre sus líneas: un ideal que no atina a encarnarse, que se complica, se acerca y se aleja a medida que se avanza en las páginas. Una escritura muy cercana, muy fluida y sin meterse en complicaciones. Un poco como una de las lecciones que ha tenido que aprender Alberto y que uso como cierre para que te acerques a leer a una autora de la que seguramente se seguirá hablando y cada vez más fuerte:

De lo único de lo que estoy seguro es que he necesitado casi cincuenta años para descubrir que los héroes son las personas que hacen las cosas cuando deben ser hechas, sin preocuparse de las consecuencias.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

4 comentarios

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  2. Pingback: "Alguien como tú", la nueva novela de Sara Rattaro

  3. Bolboreta Papallona   •  

    Querido Carlos, una de las cosas que más me me llamaron la atención del libro, además de la manera de escribir de la autora, es eso: “que los juicios no aparecen en el libro de Rattaro”
    Gracias por este amable rincón.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querida mariposa,
      Sin duda es algo complicado eso de mantenerse al margen de los juicios. Mira que en la presentación en la que estuve, rodeado de bellas damas, las piedras no dejaban de caer. Pero Sara se supo mantener siempre como narradora que, a pesar de que tiene su propia opinión, tiene antes el compromiso de dar cuenta de la historia para que cada quien se haga la suya. ¡Abrazo lepidóptero!

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