“El alma apalabrada”, relatos de la intimidad

El alma apalabrada es el primer libro de Patricia López

Ciertos momentos de la vida encuentran su concreción en el lugar privilegiado de la palabra. La experiencia de Patricia López, autora de El alma apalabrada, nos da una muestra clara de esta idea. La única manera de hablar con aquellos que se han ido, de desdoblarse uno mismo en un diálogo para vernos cara a cara, es en el ejercicio de la palabra. Empeñamos el alma en nuestros textos. Dar la palabra es como dar el alma: sellar con un frágil aliento un acuerdo que entonces se vuelve inquebrantable. Una promesa, un relato, unas notas y poco más. Lo humano se concreta en algo tan efímero como esta alma apalabrada.

Lo obvio tiene la virtud de volverse invisible. - tuitéalo     Si quieres esconder algo, dicen los que saben, tienes que ponerlo a la vista de todos. Precisamente por eso nunca me dejará de sorprender la poca atención que ponemos a lo más evidente de un libro: su título. Cada autor tendrá su forma de llegar a él, pero es indudable que el título contiene esa visión de totalidad de la obra. En él se configura un cerrojo que el creador guarda para sí, su último gran secreto que lanza al ámbito público. Así, casi de inmediato, lo más obvio se vuelve invisible. El alma apalabrada pasa a ser un conjunto de historias con una niña pelirroja y la música que le acompaña. ¿Qué promesa se cumple o se hace con este acto? ¿Será que entonces el alma se vuelve palabra?

El alma apalabrada y la intimidad

Lo primero que debo recomendar para el lector que se acerque a este libro es que pase directamente a los relatos. Con prólogos e introducciones habrá ya tiempo para discutir, así que es mejor llegar de manera directa a lo que la autora nos propone como ejercicio creativo. Hay que arrancar con “El primer día de mi Vida”, no se puede hacer de otra manera. Es así como podemos saborear y olfatear ese jardín donde los diálogos con los dioses y los sueños se van concretando. Es esta la peculiar manera de retratar la intimidad por parte de Patri, como me permito llamar aquí a la autora. La elección del camino es ya lo suficientemente elocuente. El primer día es un despertar diferente y un despertar que entre sus curiosidades descubre la idea de destino.

Las historias pueden parecerse, pero no se repiten. - tuitéalo    

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¿Qué es la intimidad frente a la idea de destino? Hay un hilo que les une de manera irremediable: la narración que nace de la madeja del tiempo. La vida se extiende, se alarga contando una historia. Desde el interior de nuestro ser se proyecta la película de nuestro destino. - tuitéalo     Los fotogramas corren presurosos por más que cerremos los brazos queriendo apresar en la intimidad esas imágenes. Las notas de un vals hacen de banda sonora mientras la mirada se pierde en una rosa, en un espejo, en unas lágrimas de eso que fuimos y que vamos siendo una y otra vez. El destino es inevitable e irremediablemente íntimo. Las historias se parecen, pero no se repiten. En el texto de Patri la mayor decisión existencial que se puede leer es la de abrir los brazos para compartir estos fragmentos de destino.

La trampa de las referencias

Los epígrafes pueden convertirse en verdaderas trampas. Siempre los he visto como migas dejadas ahí para hacer suponer que hay un camino marcado. El problema es que ese camino es tan íntimo que nadie puede recorrerlo sin perderse. Desde Nietzsche hasta Krishnamurti, los referentes de El alma apalabrada son hitos para la autora, parte del viaje que nos comparte. Pero no hay que caer en la tentación de pensar en que se trata de algún mapa del tesoro. Son autores que le han hablado a ella, mientras nosotros como lectores estamos llamados a atender a esa voz que se está formando delante de nosotros. Patricia López está dando sus primeros pasos y para ello se toma de la mano de los mayores sabiendo que delante no hay sino un camino que tiene que recorrer ella misma.

Las referencias son apoyos y no máscaras que eclipsan el propio rostro. - tuitéalo    

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El ejercicio (re)creativo de la literatura es así. El escritor se compromete en el relato buscando dar lugar a esa voz que le habla desde lo más íntimo. Habla de sí y busca modelos para dar la mejor forma a esa historia tan propia hasta llegar a decir: “Así que soy, también, palabra”. Pero, de nuevo, no hay que caer en la tentación de confundir el apoyo con una acción mimética. No por que acontezca una metamorfosis estamos ante una kafkiana empedernida. Los relatos tienen referencias indudables y hasta confesadas, pero lo que vale de verdad es disfrutar de cómo un amante de las palabras entra en íntima relación con ellas para descubrirse en ellas y regalarnos unas cuantas notas completamente propias.

Altos y bajos de una promesa

Es justamente en los momentos en los que Patri suelta las riendas de esos apoyos de su formación donde la palabra cobra alma dando la vuelta a su propio título. No hay alma apalabrada sin una palabra previamente animada. Recrear la relación de la conciencia sobre la imagen del espejo, despedirse a través de un relato mítico o, finalmente, apropiarse de una historia ya clásica para darle sus propios ojos, son elementos de gran valor en el libro que nos pone entre manos. Hay ahí un campo fértil para desarrollar esa preciada voz que todo autor busca tener.

“Necesito este lugar en el que el tiempo no corre, en el que la vida no es más que un concepto aprendido”. Patricia López

El único paso en falso que se da está en una suerte de discurso social que se da en relato de “El último Hombre”. Desnudarse no es solamente compartir la historia, hablar con franqueza y gritar nuestras ideas. Actuar de esta manera es un impulso propio de un espíritu juvenil, pero que cae con mucha facilidad en lugares comunes donde la originalidad tiende a marchitarse. Este es un terreno pantanoso donde se debe andar con cuidado. Las afirmaciones que condenan al sistema caen en el error de debatir con fantasmas mientras seres de carne y hueso se reparten el pastel. El camino de la intimidad, la variación que hace de la literatura un campo de pruebas de las posibilidades de la existencia, pueden ser en sí mismas poderosas herramientas para generar un cambio. No por nada se teme más a la pluma que a la espada.

Una historia por contarse

Don Quijote habla del autor que le da vida y Augusto Pérez visita al propio Unamuno para debatir sobre su destino. En El alma apalabrada no hay este tipo de relación tan clara y directa, aunque por momentos la distancia entre una voz que habita el presente del relato y otra que parece hablar desde el futuro dan la impresión de querer establecer un diálogo de este tipo. Intuyo que en esa conversación no se ha dicho la última palabra y escucho ya voces de algunos personajes dispuestos a presentarse a las audiciones. Patri tiene un gran futuro por delante, de eso estoy seguro. Es un enorme gusto poder leer a valientes que se animan a dar este paso de la publicación de un libro. Por eso, de todo corazón, le deseo lo mejor y le dejo el siguiente gran consejo que encontré en un libro de Emmanuel Carrére: “Prométame, mi querida niña, no pensar nunca nada porque otros lo han pensado antes”.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    La palabra es el absurdo del ser humano. El alma, también.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, habría que precisar qué es lo que se quiere decir con absurdo. Se daría la paradoja de que el absurdo se come a sí mismo, es decir, que no hay manera de llamarle y conocerle sino a través de sí mismo porque, al final de cuentas, el absurdo es también una palabra. ¡Abrazo roedor!

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